Introducción
Se han escrito muchos libros sobre la División Azul, pero en cambio poca gente conoce que hubo una unidad en el Ejército del Aire que también combatió bajo los cielos de Rusia: la llamada Escuadrilla Azul. Desde joven sentí interés por la aviación alemana y me preguntaba por qué nadie había escrito sobre los españoles que lucharon en una unidad de élite de la Luftwaffe durante casi tres años. Únicamente el general de división Jesús Salas Larrazábal, historiador incansable, había escrito algún pequeño artículo sobre el tema. En 1985 encontré mi oportunidad. Siendo miembro del Instituto de Historia y Cultura del Ejército del Aire, llegó la noticia de que alguien había rescatado unos papeles viejos que iban a ser destruidos en el Estado Mayor. Cuál fue mi sorpresa al ver que estos eran los diarios de operaciones de las escuadrillas expedicionarias. Los analicé en profundidad y me dispuse a darles vida en un libro. La labor no era fácil, y la prueba es que tardé más de diez años. El diario de operaciones de la Primera Escuadrilla había prácticamente desaparecido; el de la Segunda Escuadrilla se encontraba completo y con gran detalle; el de la Tercera Escuadrilla estaba igualmente completo, pero sin tanta documentación como el anterior; justamente de la Cuarta Escuadrilla expedicionaria, la que más actividad tuvo, era de la que menos información se disponía. Había que darle forma y la única manera era entrevistando a los supervivientes, viudas y familiares. A lo largo de estos años realicé más de treinta entrevistas, muchas de ellas vitales para la elaboración de este trabajo. Pero permítame el lector que haga un breve resumen de lo que se va a encontrar en este libro. Cinco fueron las escuadrillas que acudieron a Rusia: La Primera Escuadrilla, mandada por el comandante Salas, fue sin duda una de las que más sufrió, tanto por las inclemencias del temible invierno ruso como por la presión ejercida por las tropas enemigas. A punto estuvieron todos sus miembros de caer prisioneros de los soviéticos. Tuvo el honor de ser la que más cerca estuvo de Moscú, concretamente a 75 km. A la Segunda Escuadrilla, con el comandante Salvador al frente, le tocó vivir un período de inactividad, debido al descanso por las grandes operaciones del invierno anterior y al desplazamiento del frente hacia Stalingrado. La Tercera Escuadrilla, mandada por el comandante Ferrándiz, fue partícipe de ambas situaciones: inactividad y grandes combates. En ella se encuadraba el futuro de todos los pilotos españoles que intervinieron, el capitán Hevia. En cuanto a la Cuarta Escuadrilla, fue sin duda la que mayor actividad soportó, consiguiendo un número elevado de victorias pero también pagando un alto precio por ellas (perdió prácticamente el 50 por ciento de sus efectivos). La Quinta Escuadrilla apenas pudo intervenir, pues fue dada la orden de retirada y ni siquiera la totalidad de sus componentes llegó a incorporarse. Mucha gente se pregunta por qué la escuadrilla no actuó junto a sus compañeros de la División de Infantería. Únicamente pude encontrar un documento referente a este tema. Una carta del comandante Julio Salvador al entonces jefe del Estado Mayor del Aire, Eduardo González Gallarza: Referente a este asunto de nuestra zona de operaciones, quisiera contarle algo relacionado con el general Muñoz Grandes. Me enseñó el teniente coronel Pazó una carta del general en la que decía que le agradaría tener relaciones conmigo, que le escribiese y que no estuviese tan apartado como estuvo el comandante Salas. Sin indicarlo, venía a decir que hiciéramos todo lo posible con la idea de ir con ellos. A varios jefes de la División también les he oído manifestarse en este sentido, pues dicen que los fríen los aparatos rusos. Escribí una carta diciendo que, sin saber el cometido de la División en la próxima ofensiva y sin saber el frente asignado, era aventurado el hacer cualquier gestión. Nos gustaría mucho ir con la División, pero he considerado que, por el concepto que puedan formarse de nosotros, por lo que indudablemente hemos de aprender y ver, y pensando también en nuestro doble objetivo de combatir e imponernos en una guerra aérea moderna, debemos procurar ir a un frente activo donde tengamos trabajo abundante y si, dentro de esto, es posible ir al lado de la División, encantados entonces. Ésta es la única razón por la que no acudió la escuadrilla junto a la División de Infantería. Al finalizar la guerra, estos hombres fueron escogidos para alcanzar los más altos puestos en la vida militar y civil. De los ochenta y nueve pilotos que acudieron al frente, diecinueve morirían en combate o por accidente. De los setenta restantes, diez murieron en accidente de aviación, veintiséis alcanzaron el generalato, uno se convertiría en el único oficial en la historia del Ejército del Aire con la graduación de capitán general, dos de ellos fueron ministros del Aire y otros muchos alcanzaron los más altos puestos en la compañía Iberia. A todos ellos, y especialmente a los que murieron en plena juventud, dedico este libro.
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