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Entrevista a Ezequiel Szafir

15/10/2014 Por: Diego Moldes

Paris 2041 es el título de la última novela del escritor argentino. Ambientada en una Europa convulsa y en tiempos de cambio.

Side Entrevista

Lo que nos propone Ezequiel Szafir Holcman (Buenos Aires, 1971) con su segunda novela, París 2041, es una inspirada distopía que toma elementos ya conocidos del subgénero e incorpora otros nuevos de su propia cosecha, a medio camino entre la ficción futurista antiutópica y la fábula política y social, con tintes de ensayo. Los acontecimientos geopolíticos mundiales, desde 2001 hasta 2015, hacen que su libro –que bien podría dar lugar a una película apasionante– pueda ser leído de dos formas: como una pura ficción novelesca o como un ensayo político que reflexiona sobre nuestro futuro y el de nuestros hijos, en una Europa convulsa y en tiempos de cambio. 

Side Entrevista

1. ¿Por qué te decidiste a escribir una novela como París 2041? ¿Cuáles fueron tus motivaciones o inquietudes?

Creo que Europa tiene, con la inmigración y el radicalismo islámico, una cuenta pendiente de índole social que no ha sabido abordar en el pasado, y que ahora se niega a debatir. Más peligroso aun: la clase política ha decidido ignorar el tema por miedo a ser tildada de “racista”, dejando un debate muy necesario casi exclusivamente en manos de la ultra derecha. En Francia solo el partido de Marine Le Pen habla de un asunto tan crucial como el de los inmigrantes. Y eso es peligroso e irresponsable. Me pareció necesario que la sociedad europea madure y afronte este debate, y no hay mejor manera de plantearlo y moverlo que a través de la literatura. París 2041 es, a fin de cuentas, un llamamiento al despertar de Europa.

2. ¿Cómo fue todo el proceso de escritura, reescritura, correcciones?

El proceso de escritura fue complejo porque no quería que París 2041 fuera una historia que tomara partido o propusiera una solución, sino más bien que mostrara un futuro que nos puede suceder y planteara el debate. La idea era ser lo más objetivo posible, que el libro fuera una distopía donde la historia y la ficción convivieran en cada página. Tampoco quería estigmatizar a la comunidad musulmana, porque Europa tiene que solucionar sus problemas económicos, políticos y sociales sin necesidad de chivos expiatorios.

En el proceso de reescritura conté con una serie de amigos que han actuado como “lectores” y “correctores” que, por sus perfiles, han aportado mucho. Sobre todo dos lectores oriundos de Oriente Medio: mi amigo Nader, que es palestino, y Fares, que es del Líbano, y dos que son de París: Marie Pierre y Gabriela. Luego he contado con una editora de lujo, que es Marta Rossich de Ediciones B.

Debo mucho a Orwell, no porque la historia de París 2041 tenga algo en común con 1984, sino porque me ha enseñado a pensar en el futuro.

3. ¿Reconoces algunas de las influencias distópicas citadas anteriormente o alguna otra que quieras comentar a tus lectores?

Debo mucho a Orwell, no porque la historia de París 2041 tenga algo en común con 1984, sino porque me ha enseñado a pensar en el futuro.  He querido rendirle homenaje con el título. Él escribió 1984 en el año 1948, y por eso elegí el año 2041 para una novela escrita en el 2014. Además, 2041 es un año ideal porque es lo suficientemente lejano como para poder plantear cambios importantes en la realidad política y social de Europa, pero lo suficientemente cercano para que la coyuntura actual tenga un impacto claro en el futuro imaginado. 

4. Me he fijado que, además, hay una voluntad humanística, culta, pues citas al poeta Heine en varias ocasiones, al Quijote o el Tractatus de Spinoza, entre otros.

Las citas me gustan como forma de conversar con los lectores “desde fuera” de la historia que están leyendo. Con las citas compartes con ellos ideas y pensamientos que te han impactado, y que tienen que ver con la historia. La cita de Spinoza la subrayé en un libro de mi madre cuando tenía quince años. Señala la hipocresía de los creyentes que no practican lo que predican, y defiende a aquellos que practican sin ser necesariamente creyentes. Además, Spinoza es el producto de un proceso racista europeo similar al que sucede en París 2041. Heine me gusta por muchas razones, entre ellas porque fue un poeta que asumió su responsabilidad social y política, y escribió sin tapujos ni miedos. El Quijote, porque es un libro sabio y muy nuestro.

5. Me ha sorprendido la presencia continua de drones con cámaras de vigilancia estatal del Partido Único, que sobrevuelan París para controlar a los guetos y sus habitantes. Es una idea novedosa y poderosa, muy visual, que sustituye el de las cámara del Big Brother orwelliano. ¿Cuál crees que debe ser el uso de los drones en el futuro cercano, civil, público o privado, empresarial y/o militar?

Es cierto que los drones son el toque más orwelliano de mi novela, quizá junto con el Comandante de la Francia Libre, adicto a los largos discursos personalistas. Los drones son, en mi libro, un proxy para todo aquello que es tecnología. Con ellos quise simbolizar la tecnología en general, y escenificar el riesgo que ello conlleva cuando es usada por un estado policíaco. No hay nada malo en la tecnología, sino en las personas que la utilizan.

6. Citas a Beethoven, Ravel y al pianista Paul Wittgenstein, que perdió un brazo en la Primera Guerra Mundial. ¿Tiene la música, y en especial la música clásica, influencia en tu vida y en tu escritura? ¿Escribes con música de fondo para inspirarte?

Con Beethoven hay una anécdota impactante que me pareció muy cercana al tema de mi novela. Napoleón fue el líder de las tropas francesas que exportaron los ideales de la Revolución, pero también uno de los tantos jefes de estado europeos que cedieron a la tentación de convertirse en dictadores. En su caso, se auto proclamó emperador, y fue tal la rabia que eso generó en Beethoven, que éste decidió tachar la dedicatoria de su sinfonía Heroica. La partitura original con la dedicatoria tachada ha sobrevivido hasta nuestros días.

Más allá de eso, la música ocupa un lugar importante en mi vida, hasta el punto de escribir con música barroca, sobre todo de compositores como Telemann, Bach, Vivaldi, Cimarosa y Sammartini, entre otros.

7. Año 2041. Quedan 25 años para llegar a esa fecha, es decir, toda una generación. ¿Crees que tu novela, como hipotética anticipación de ficción, puede alertar a los niños de hoy, futuros ciudadanos y dirigentes de la Europa del mañana?

Creo profundamente en el valor del periodismo y la literatura como formas de promoción del diálogo y del debate social. La literatura ha ocupado ese lugar durante más de mil años, de ahí que la quema y prohibición de libros sea casi tan antigua como la historia social misma. Evidentemente, no creo que mi novela por sí sola logre semejantes objetivos, pero sí que, junto con otros periodistas y escritores, agregue un grano de arena en la dirección correcta. El hecho de haber ideado y escrito París 2041 casi en simultáneo con Sumisión, de Houellebecq, y el que ambas novelas afronten el mismo tema pero desde ángulos muy diferentes, es una indicación de que el debate es necesario e importante.

 

8. ¿Crees que la realidad que describes en la novela, totalitaria, xenófoba y racista, puede llegar a ser posible en la Francia de 2041?

Efectivamente. La tradición democrática en Europa es más un accidente en la historia reciente que una tradición centenaria, y lo mismo sucede con la paz y las alianzas entre potencias. Europa ha demostrado poder pasar de la paz a la guerra total en pocos años, y en la historia moderna y reciente. Quien dude de ello debería leer los diarios escritos por ciudadanos comunes en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, o a la Guerra Civil Española. Gente muy bien formada e informada se mantuvo incrédula hasta muy poco antes de iniciarse la confrontación. En septiembre de 1938, Chamberlain regresó de una reunión con Hitler y dijo: “Habrá paz en nuestro tiempo”.

De todas maneras, no creo que el futuro de mi novela sea el más probable ni mucho menos. Es tan solo un futuro posible, el que resulta de la extrapolación casi lineal de la situación actual, que lo hace mucho más terrible. 

 

9. Cito un párrafo esclarecedor: “[…] ellos hacían el saludo nazi en las calles de París. Pero a nadie le había molestado, ni avergonzado, pues pensaron que tan solo se trataba del tradicional antisemitismo europeo. No se dieron cuenta de que, en realidad, era un síntoma, el humo de un fuego silencioso de odio y racismo que se estaba incubando en el seno de su propio pueblo. La validación del antisemitismo social como paso previo al antisemitismo de estado. Los musulmanes empujaban el antisemitismo sin saber que ellos serían los próximos, mientras que los franceses dejaban que los musulmanes decapitasen a judíos sin intuir que ellos irían detrás.” (Pág. 83) Parafraseando a Ingmar Bergman, ¿crees que el antisemitismo es el huevo de la serpiente que esconde toda forma de discriminación humana, desde la xenofobia y la islamofobia al puro racismo fascista o neonazi?

Absolutamente. El antisemitismo en Europa ocupa un lugar en el inconsciente colectivo de los pueblos, y es el lugar del chivo expiatorio, de la culpa puesta en el tercero, como forma de limpiar nuestros pecados y cargarlos sobre los otros. Claro que, como todo arquetipo, muta a través de las generaciones y se adapta. Hoy el antisemitismo tiene forma de anti-sionismo, de islamofobia y de xenofobia.

 

10. Hace un siglo, el historiador ruso Simón Dubnow (1860-1941) acuñó el concepto de «Extraterritorial», referido a la Historia y la Sociología, término que en 1969 el lingüista británico George Steiner (París, 1929), aplicó, durante su estancia docente en Yale (EEUU), a la Lingüística y la Literatura y que publicó en 1971. Steiner puso de ejemplo a “escritores extraterritoriales” como Samuel Beckett, Borges, Kafka o Nabokov, creadores de literatura europea y occidental, y deudores de la llamada revolución lingüística, pues no estaban sujetos a una lengua vernácula y por tanto nacional, autores políglotas influidos por lenguas y culturas diversas, que no necesariamente escribieron en su lengua materna (o en la de lectura frecuente durante su infancia y juventud). Tú escribes en castellano y has vivido en Buenos Aires, Barcelona, Boston, Holanda, Madrid, Luxemburgo… ¿te consideras un escritor extraterritorial o te identificas con este concepto?

No había pensado en el concepto de “extraterritorialidad”. Me parece interesante y adecuado. Creo que soy el fruto de un proceso similar al de otros autores que escriben desde un “yo” que hereda un pasado de desarraigo y emigración forzada, con un presente que trasciende fronteras, y un hilo conductor de índole humanista. Los que nombras son todos, junto con Kundera, escritores que admiro y me han influenciado.  Es quizás esa “extraterritorialidad” la que me permite ver a Europa “desde fuera”, estando dentro desde hace ya casi veinte años.

 

11. En tu novela narras acontecimientos negativos de tipo neonazi, obviamente, pero también otros positivos, esperanzadores. Señalaré dos. En 2031 se firma la Paz entre Israel y Palestina, dando lugar a la creación del Estado Palestino. En 2041 España no tiene como Jefe de Estado un Rey, sino que tiene una Reina (se supone que Leonor de Borbón, lo que implica que se derogaría el Art. 57.1 de la Constitución española sobre la sucesión al trono, en el que el descendiente varón prevalece sobre la mujer). ¿Quizá el último resto machista que se eliminaría de nuestra legislación?

Con una reina en la España de 2041, quise hacer uso de la contradicción como forma de narrativa, que me parece un recurso útil, y que además me divierte mucho. En la España de 2041, mi novela plantea una reina que da un discurso de corte republicano y propone la anulación de la monarquía. Pero es, a la vez, una reina que cumple la función que los monárquicos exigen de la corona, que es la unificación y pacificación en tiempos de crisis y guerras civiles. Y por último, cuando cambié de rey a reina (surgió del debate con mi editora sobre la edad que tendría Felipe en 2041), a ambos nos pareció interesante el cambio histórico que ello significa. Finalmente, me pareció acorde a la novela que en España se plantee el tema del modelo de nación que se quiere ser. Un debate que también está dejado de lado, y por ello se delega, se cede, a los partidos de extrema derecha.

Radar. Entrevistas Libros. Ezequiel Szafir. Paris 2041

12. La descripción del dictador francés, llamado escuetamente el Comandante (acaso para no identificarlo con un nombre concreto, sino como un arquetipo de nuestro inconsciente colectivo), me parece brillante, por precisa, y elocuente, por sus discursos. ¿Cómo se te ocurrió y cuál fue tu modo de desarrollar a este siniestro personaje?

Siempre me llamó mucho la atención la exageración y desparpajo con el que los dictadores se copian unos a otros, cómo se producen y cómo se amoldan hasta un extremo insoportable a ese arquetipo del que hablas. Me viene a la memoria las fotos del general Videla, del general Pinochet y del general Gadafi. Todos con sus gorras, sus bigotes negros, gafas de sol oscuras, y pechos cubiertos de falsas medallas y condecoraciones. Personajes de película, exagerados, y todos siguiendo un mismo molde. También las fotos que han sobrevivido de los ensayos teatrales de Hitler, cuando frente a las cámaras practicaba los gestos que utilizaría en sus discursos, como hace un actor. Nuestro Comandante elige un estereotipo más moderno, de aspecto mundano, pero no puede evitar caer en la tentación de los discursos interminables de Stalin, de Castro, y de tantos otros que les han imitado.

El contenido de los discursos requirió una investigación exhaustiva. En algunos recurro, nuevamente, a la contradicción, hablando de la paz cuando lo que se busca es la justificación de la guerra, hablando de la libertad de prensa, cuando lo que se hace es establecer una censura absoluta. Busco que, en algún momento, el lector se confunda y de pronto se encuentre a sí mismo coincidiendo con el Comandante. Y que los discursos incomoden al lector. Cuando se habla de la violencia de los pueblos, lo que el Comandante hace en realidad es contarnos el contenido de un intercambio epistolar que se dio entre Freud y Einstein poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Me pareció acorde que nuestro Comandante leyera a Einstein y a Freud. El despotismo muchas veces es ilustrado.

 

13. En medio de esa lucha del protagonista miembro de la, sufre una toma de conciencia, lo que le obliga a luchar por los ideales colectivos en perjuicio de su posición social y su interés personal. ¿Crees que los ciudadanos y, en concreto los periodistas (Nicholas, el amigo de Antoine, lo es), tendrán que tomar partido por el Poder o por el Pueblo en ese hipotético futuro totalitario?

El periodismo ocupa un lugar especial en nuestra sociedad. Es tan simple como decir que sin un periodismo libre no hay posibilidad para un futuro próspero y en paz. El periodismo libre es un componente indispensable e irremplazable. Es el mecanismo de control y ajuste más eficiente, real y honesto que tienen nuestras sociedades. Desde siempre y para siempre.

 

14. Otro de los temas que exploras en tu narración es el concepto de identidad, en una Europa en donde cristianos, musulmanes, judíos y ateos deben convivir en paz y prosperidad. La trágica Historia del siglo XX demuestra cómo el Poder utiliza la identidad –religiosa, étnica o de cualquier tipo– como un elemento de control de las masas, como dejó escrito el Nobel Elias Canetti en su monumental ensayo Masa y poder (1938-1960) y que ya está presente en las tribus  más ancestrales desde, por lo menos, el Neolítico. En París 2041 podemos leer: “El Partido y la Revolución le habían dado la oportunidad. Se había colgado la  doble hacha y la esvástica como hubiera hecho con la hoz y el martillo. La pertenencia y la identidad eran lo que importaba, y no qué identidad o qué movimiento.” (Pág. 211) ¿Algo que añadir a este pensamiento?

Solamente que en Europa se confunde identidad con nacionalidad. La identidad es la comunión de ideales y principios. Una identidad así definida permite la asimilación sin necesidad de dejar de ser lo que se quiera ser: judío, cristiano, musulmán o ateo. La identidad definida como nacionalidad requiere un color de piel, un apellido, y un lugar de nacimiento y origen étnico determinado. Es un sistema cerrado. Y por definición, los sistemas cerrados mueren.

 

15. Un modo eficaz de explorar la psicología del protagonista, Antoine, es mostrando la relación con su madre, por medio de una carta en la que vehicula sus pensamientos más íntimos, aquellos que no siempre nos atrevemos a decir en público: “Porque Europa  es así, como un péndulo que va del iluminismo al oscurantismo con el mismo ímpetu, con la misma ceguera, con la misma intensidad. […] Porque Europa es eso, la cuna de todo, de lo bueno y de lo malo. Porque es la cuna de la civilización que nos  toca vivir, y la civilización incluye a la barbarie. Porque no hay civilización sin barbarie, como no hay luz sin oscuridad. Es una la que define a la otra. Es la oscuridad la falta temporal de luz, igual que la barbarie es la falta temporal de civilización.” (Pág. 281) Puede parecer una pregunta tópica, pero… ¿te identificas con lo que piensa tu personaje?

Es una pregunta recurrente: ¿hasta dónde nos identificamos los autores con lo que dicen nuestros protagonistas? La respuesta es que solo a veces. En este caso, me identifico totalmente con el protagonista, y hago mías sus palabras. Y digo “mías”, y no “suyas”, porque su discurso sale de sus circunstancias y su reflexión, y mi rol se limita a entenderle y escribirlas.

 

16. Lo que más me ha sorprendido de tu novela es que por encima de todo, en esencia, es una bella historia de amor. Un amor romántico muy particular, pues el protagonista Antoine se enamora inicialmente de Farida sin ver ni su cuerpo ni su rostro (cubiertos por un burka), únicamente ve sus ojos y escucha su dulce voz. Al enamorarse de su mirada, su alma, y de su voz, en cierta forma, Antoine se enamora de un ideal femenino, corporeizado en Farida. ¿Estás de acuerdo con esta interpretación?

Sí, y me alegra saber que lo has notado. Hay un amor definido por la sociedad moderna, de consumo y devolución instantánea. El amor que necesita una serie de accesorios para suceder, desde lugares, espacios y símbolos. En París 2041 la historia de amor es un regreso a lo básico: amar es cuidar al otro, y dejarse cuidar.

 

17. Sorprende que en tu novela, para escapar del control gubernamental, los personajes de la disidencia renuncien a móviles, tabletas y dispositivos de lectura y escritura y recurran al cuaderno de papel y al lápiz de toda la vida, ¡en 2041! Se crea una especie de corriente alternativa y subterránea. Saliéndonos algo de tu novela, pero continuando con un ámbito que conoces muy bien y sobre el que reflexionas indirectamente como narrador, ¿cuál crees que es el futuro del libro en papel  y, en concreto el de la novela, dentro del sector de las llamadas industrias culturales? ¿Cambiará el ebook nuestra recepción lectora o, incluso, nuestra forma de lectura?

En absoluto. La capacidad de entretener, emocionar y educar contando historias es un arte que nació con el ser humano. Pensamos, recordamos, sentimos y amamos en forma de historias. Algunas nos las contaron nuestros padres con la luz apagada, otras las leímos en un libro, las vimos en el cine, las soñamos o tan solo las imaginamos. Las historias viajan durante siglos en nuestro inconsciente colectivo en forma de arquetipos, y en nuestro día a día en forma de conversaciones, de programas de televisión, películas, artículos de diarios y revistas, posts en blogs, libros de papel y electrónicos. La discusión del tipo de soporte es totalmente circunstancial y temporaria. El libro es tan antiguo como la civilización, y mientras ésta dure, habrá libros, en el formato que sea.

 

Muchas gracias por tu atención y mucha suerte con la novela.

¡Muchas gracias a ti, Diego!