Alana S. Portero y Édouard Louis: la literatura como refugio, denuncia y forma de resistencia
La lectura fue un refugio en sus vidas llenas de dolor y la escritura literaria, la salvación frente a la persecución por no encajar en la norma sexual y de género. Y lo hicieron en primera persona, con debuts literarios convertidos en éxitos en sus países y traducidos a una veintena de idiomas.
Es el mundo que comparten la española Alana S. Portero y el francés Édouard Louis. Vienen de infancias en la periferia obrera y ahora están en el centro del ecosistema del libro por sus novelas autobiográficas: Portero con La mala costumbre y Louis con la trilogía Para acabar con Eddy Bellegueule, Historia de la violencia y Quién mato a mi padre.
Los dos dialogarán en el III Festival de las Ideas de Madrid en la sesión Cuerpos en los márgenes, el sábado 19 de septiembre, a las 20 horas, en la sala de Ámbito Cultural de la sala de Callao de El Corte Inglés. El encuentro será moderado por Eva Cruz García, periodista, escritora y traductora.
Durante una hora conversarán sobre la disidencia frente a la norma y cómo la desigualdad y el dolor social se inscriben físicamente en la biografía de la gente de diversas maneras.
Son dos personas de generaciones distintas, pero con trayectorias parecidas, que conciben la literatura como espacio de transformación, supervivencia y reivindicación de aquello que la sociedad intenta llevar a los márgenes.
Alana S. Portero (Madrid, 1978) es licenciada en Historia, con especialización en Historia Medieval, por la Universidad Autónoma de Madrid. Entró en el mundo literario en 2008 con la obra de teatro Música silenciosa, además de ser cofundadora de la compañía STRIGA, que dirigía y en la que actuaba. En 2010 publicó el poemario Fantasmas, al que han seguido otros. En 2023 debutó en la novela con La mala costumbre, un relato inspirado en su vida como joven trans en un barrio de Madrid. En octubre publicará la novela Cosamala (Seix Barral).
Édouard Louis (Hallencourt, 1992) estudió Sociología en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París y ejerce la docencia en La Manufacture-Haute École des Arts de la Scène en Lausana. Con 22 años, en 2014, lanzó su ópera prima, Para acabar con Eddy Bellegueule, y después completó una trilogía de novelas en las que narra el acoso que vivió en su casa, en la escuela y en la calle por ser homosexual, y la violación de la que fue víctima. El teatro también forma parte de la vida de Louis, colabora en diversos proyectos con Thomas Ostermeier, Ivo van Hove y Milo Rau, además de haber actuado en la adaptación de su novela Quién mató a mi padre. Tras inspirarse en su progenitor hizo lo mismo con su madre y publicó Monique se evade (Salamandra).
Ambos autores no solo han contado sus experiencias y denunciado el maltrato de la sociedad que intenta mantener a unas personas en la periferia, sino que sus libros hacen el movimiento contrario: llevan al centro esos cuerpos, esas vidas, esos dolores, esos sentimientos y esas voces. Sus reflexiones, expresadas en distintas ocasiones, permiten trazar un retrato de lo que son y de cómo conciben la vida y la literatura:
Identidad
Portero: “Estoy en paz y empiezo a dejar de sufrir por ello. Antes me ponía triste, ahora me da un poco igual porque en realidad esas personas no tienen el poder para decidir quién soy yo. (…) Esa comparación entre disforia e histeria me parece muy acertada, lo que es la medicalización y el señalamiento de la mujer que ha perdido o ha sido torturada por lo que tiene alrededor, mujeres a las que el mundo ha empujado a sufrir sin motivo, por una cuestión social y política”. (La Vanguardia)
Louis: “Para mí ‘la autenticidad’ es lo que queremos ser, nuestra invención, y no lo que el mundo ha escogido en nuestro lugar para nosotros. Lo extraño es que la gente pretende hacernos creer que lo que es auténtico es justamente lo que no hemos escogido. Estamos rodeados de ficciones y mentiras sobre la realidad de la vida. Por eso pienso que la literatura debe servir de contraespacio. El lugar donde encontrar la verdad. ¿Quién dice que el inventarnos debe ser inauténtico?”. (El Cultural)
Dolor y violencia
Portero: “La relación que yo tengo con el trauma, con el dolor y con la violencia, como la he conocido de forma directa, creo que sé contarla desde un modo real, que he experimentado. Eso te cura contra las tentaciones hiperdramáticas o contra frivolizar esas situaciones”. (Agencia EFE)
Louis: “Nuestro mundo está estructurado a partir de relaciones violentas. Al haber nacido pobre y gay, sentí muy pronto que la violencia era, para muchos individuos, como un acta de nacimiento. Nuestro día a día es fruto de la violencia, aunque esta esté poco representada en la literatura”. (El País)
Literatura
Portero: “No creo que la literatura nos haga mejores personas, pero sí nos da herramientas para desenvolvernos mejor por el mundo. Eso es irrefutable. Y nos da referentes, personajes con los que nos identificamos, que nos proporcionan un lema al que agarrarnos durante un tiempo de nuestra vida”. (El País)
Louis: “No me gusta la literatura que es un mero ejercicio de estilo. Tenía razones políticas para escribir mi libro. El mundo de mi infancia estaba ausente de la literatura. Intenté incluir en la literatura lo que la literatura excluye”. (El País)
Vida y política
Portero: “El caos encierra un montón de poesía. Yo creo que la vida es maravillosa y merece la pena vivirla con todo, con tus equivocaciones, con tus crueldades y con tus momentos absurdos, que creo que es lo que más hay”. (El Periódico de Cataluña)
Louis: “Quizás no podamos detener a los fascistas, al menos no ahora. (…) Pero la vieja política se ha ido y no volverá. Ahora hay nuevas formas de pensar. Tenemos que analizar cómo la sociedad aleja a las personas de los centros de poder como individuos, personas de color, personas con diferentes orientaciones sexuales, y que estas, también, son categorías de relaciones de clase, no solo clase trabajadora y clase media. Todos los desempoderados tienen algo en común: el comienzo de la resistencia”. (The Guardian)
Alana S. Portero y Édouard Louis representan una parte de la vida que intenta ser llevada a la periferia pero con su literatura imaginan otra forma de estar en el mundo.