Música contemporánea

Amancio Prada: “Cantas por acompañarte, por ir habitando ese tiempo”

WINSTON MANRRIQUE SABOGAL
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Amancio Prada durante su encuentro ocn el público en el ciclo LdeLírica, de Ámbito Cultural, el 21 de marzo de 2026, Día Mundial de la Poesia. /Foto de David Navarro
LDEDÍRICA El cantautor español celebró el Día Mundial de la Poesía 2026 en Ámbito Cultural, de El Corte Inglés. Compartió con el público sus inicios en la míusica y cómo convirtió la lírica peninsular en su gran tema
2026-03-31 00:00:00

La lírica peninsular española, desde sus orígenes, adquirió con Amancio Prada una dimensión íntima y colectiva en la que la palabra se hace música y la música, memoria compartida. Su voz y su guitarra han trazado un itinerario que enlaza tradición y sensibilidad contemporánea, desde las cantigas de los trovadores galaicoportugueses, hasta las letras de San Juan de la Cruz, Gustavo Adolfo Bécquer, Rosalía de Castro, Federico García Lorca, Chicho Sánchez Ferlosio o Juan Carlos Mestre.

Una cartografía lírico-musical que compartió junto a Gonzalo Escarpa con motivo del Día Mundial de la Poesía 2026, el 21 de marzo, en el ciclo #LdeLírica, de Ámbito Cultural, de El Corte Inglés, en la sala Callao de Madrid. (Puedes ver el vídeo completo AQUÍ).

Del arado al canto

Amancio Prada nació el 3 de febrero de 1949 en Dehesas, a siete kilómetros de Ponferrada, en León, en la frontera con Galicia. Sus padres, Nicolás y Teresa, eran labradores:

“Como lo fueron mis abuelos y, creo, que todos mis antepasados. Era un mundo rural que se parece poco al de ahora. Todos teníamos algo que hacer y bajo el mismo techo convivían las generaciones: los abuelos, los padres y los niños.

Recuerdo ir delante de las vacas cuando mi padre araba con un palo, como si fueras tú quien diseñaba el surco que luego tu padre iba marcando con aquel arado romano. Él siempre canturreaba. Cantas por acompañarte, por ir habitando ese tiempo. Mi madre también cantaba muy bien. Casi que se murió cantando”.

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Amancio Prada durante el ciclo LdeLírica de Ámbito Cultural, el 21 de marzo de 2026, Día Mundial de la Poesía. / Foto de David Navarro - Ámbito Cultural

Del canto al estudio

Cuando era niño, en las fiestas del pueblo le decían que cantaba bien y lo animaban a hacerlo. Y, aunque era tímido, le podían más las ganas de cantar.  A los diez años estaba con los frailes que le dijeron a su padre que lo mandara a estudiar:

“Y mi padre, que soñaba con que yo tuviera un futuro mejor, me animó a estudiar. Como decía Rosalía de Castro: ‘Quiero me ir y quiero me ir. ¿Para dónde? No lo sé. Camino, camino blanco. No sé para dónde vas, mas, cada vez que te veo, quérote botar a andar’. En Ponferrada mi padre me subió a un tren. Hicimos transbordo en la Redondela. Cogimos otro hasta Bilbao. Cuando se fue el tren vimos el mar.

En el colegio salesiano me preguntaron si me gustaba cantar. Dije que sí, y me hicieron pruebas: primero, triple; al final, solista. Hicimos zarzuelas como El rey que rabió o El barberillo de Lavapiés. Además de cantar canciones profanas. Siempre que tenía que cantar, me encantaba”.

Del estudio a los premios

Amancio Prada estudió Dirección de Empresas Agrarias en Valladolid. En el fondo, lo que quería era ser cantante, y ya hacía algunas canciones. A finales de agosto de 1968 llegó a París para conocer los escenarios de Mayo del 68 y comprendió que debía volver. Se matriculó en La Sorbona para estudiar Sociología. Regresó a Ponferrada por un certificado para matricularse y se enteró de que había un festival de la juventud en Alar del Rey, al que decidió acudir:

“No tenía guitarra. Me habían dejado una y con esa había hecho algunas canciones, ya de Rosalía de Castro, de Bécquer…. Alguien de los que iba a cantar me dejó su guitarra. Canté la canción más antifestival que te puedes imaginar. Para empezar en gallego: Las viudas de vivos y viudas de muertos, de Rosalía. Un poema en tres partes, una canción que dura ocho minutos. Me dieron el primer premio, no me lo creía. Consistía en una galleta de oro, preciosa. Y me dieron un sobre. En un momento dado abrí el sobre y tenía diez mil pesetas. Aquella guitarra me abrió las puertas del primer otoño en París”.

Cuando hizo la tesis sobre la agricultura a tiempo parcial en el Bierzo, su región en León, viajó a Ponferrada a investigar. Le dijeron que hablara con el cura Pepe Álvarez de Paz que tenía estadísticas:

“Fui a ver a don Pepe. Puso a mi disposición todo su trabajo. Detrás de él había una guitarra. Le pregunté si tocaba, y contestó: ‘Yo hago canción protesta’. Le conté que yo también tocaba. Me pasó la guitarra y me dijo: ‘Toma. Demuestra. Cántame algo’. No sé qué le canté y, cuando terminé, me dijo: ‘Pero qué haces tú estudiando sociología, dedícate a cantar’. De esos casos me pasaron varios. Yo tampoco tenía mucha confianza en mí mismo, por mucho que me gustara cantar. Quería ser como mi padre, en primer lugar. Pero luego ya cultivé mis propios sueños”.

 

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Chicho Sánchez Ferlosio, en la pantalla, durante la chara de Amancio Prada (derecha) con Gonzalo Escarpa en el ciclo LdeLírica, de Ámbito Cultural. /Foto de David Navarro - Ámbito Cultural

De los premios a los grandes cantantes

En París cantó con Georges Brassens en 1972. Se asoció con Eduardo Gattinoni como compañero de escena, era un chelista argentino. En Francia editó su primer disco, Vida e norte, en 1974. Pero reconoce que Paco Ibáñez ha sido su maestro en todo:

“En aquella época cantaba acompañándose de su guitarra muy bien y de un contrabajista que se llamaba François Rabat, mientras que yo, al menos, con violonchelo. Gattinoni fue un gran compañero de escena y de arreglos a la hora de hacer las canciones. Grabamos el primer disco, el segundo y el tercero con Gattinoni. Luego se fue a Argentina”.

A Chicho Sánchez Ferlosio lo conoció dos o tres años después, ya de vuelta a España, en casa de Carmen Martín Gaite, era hermano de su marido. Hicieron una gran amistad y conectaron musicalmente:

“Tenía una sonrisa franca y espontánea. Muy pocos años después, estábamos en el Teatro Español acompañando como monaguillos a Agustín García Calvo”.

De los grandes cantantes a los poetas míticos

El Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, su interpretación más elogiada, la empezó a hacer cuando tenía 20 años, en 1969, recién llegado a París:

“Y estuve cinco años dándole vueltas. Hasta que lo terminé en Segovia. El Cántico es la llama, la fuente y la noche. La llama de amor viva, la fuente que emana y corre ya en una noche oscura”.

María Zambrano definió el Canto como una unión perfecta de “música y voz” no añadidas, sino extraídas del poema mismo.

Los Sonetos del amor oscuro de Federico García Lorca los descubrió en el suplemento literario del ABC:

“Caí en la tentación de ponerle música a los sonetos, eran once. Había hecho alguna canción de Lorca”.

Aunque Amancio Prada es muy conocido por musicalizar y cantar poemas de grandes autores, también tiene composiciones propias, como Emboscados. Pero siente debilidad por las ajenas:

“He encontrado que lo dicho por otros está tan bien expresado como si yo lo sintiera. De hecho, yo empecé a hacer canciones porque leía a Rosalía cuando estaba estudiando Dirección de Empresas Agrarias en Valladolid. Sentía que era como leer mi alma. Ella estaba diciendo lo que yo sentía”.

Es Amancio Prada dedicado a la transmisión cultural: un diálogo constante entre poesía, música y memoria.

 

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