El arte que va más allá de la belleza de la naturaleza y aboga por la armonía con el planeta
Cantos de aves, rumores de oleajes, crujir de hojas, sonidos galácticos y murmullos de personas y cánticos de rituales acompañan pinturas, esculturas, dibujos, video instalaciones, documentales, cerámicas y fotografías de la naturaleza y de su relación con el ser humano. Porque “la Tierra no nos pertenece, pero conserva nuestras vidas. Las cicatrices infligidas por el colonialismo, el extractivismo, la crisis climática”, recuerda Daniela Zyman, comisaria de la exposición Terrafilia. Más allá de lo humano en las colecciones Thyssen-Bornemisza, de Madrid.
Esta propuesta de amor a la tierra pide cambiar la mirada antropocéntrica. Es un viaje a la relación histórica del ser humano con el planeta, una invitación a la armonía con la naturaleza y la convivencia con las demás criaturas y un recordatorio de que somos huéspedes de un organismo vivo superior a nosotros donde hemos sido los últimos en llegar. Una Tierra que alberga entre 1.5 y 2 millones de especies de animales catalogadas, pero cuya cifra superaría los ocho millones, muchas de ellas todavía sin descubrir. El reino vegetal lo conforman entre 300.000 y 400.000 especies de plantas y cada año se descubren unas dos mil especies.
Esta es la ventana que abre Terrafilia con cerca de cien obras de arte de los últimos cinco siglos. Piezas que escenifican nuestro lugar en el mundo y van más allá de la belleza y lo figurativo, porque retratan el tiempo en que fueron concebidas. Aquí están y dialogan con el pasado y el presente artistas como Brueghel el Viejo, Wassily Kandisnky, Joachim Patinir, Ayrson Heraclito, Natalia Goncharova, Dr. Lakra, Janaina TschäpeInês Zenha, Salvador Dalí, Willem Janz Blaeau, Gustave Moreau, Hervé Yamguen, Dineo Seshee Bopape y Daniel Steegmann.
Terrafilia se convierte así en una gran instalación con siete ámbitos interconectados como las especies del propio planeta. Y esto incluye desde la realidad de los hechos fácticos hasta la mitología, los espacios oníricos o las denuncias. Estos son los siete escenarios de Terrafilia:
Preludio: Cosmogramas
Terrafilia. Más allá de lo humano en las colecciones Thyssen-Bornemisza,
Lo real y lo mágico, lo instintivo-emocional y lo racional, lo científico y lo imaginado y lo figurativo y lo simbólico de la naturaleza y el ser humano y viceversa conviven en este espacio. Se revela en obras de artistas como Dr. Lakra con Sin título conformado por batallón de figuritas escultóricas que remiten a diversas culturas (2017).
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Un planeta animado
“¿Y si el planeta Tierra no fuera solo un lugar donde vivir, sino un organismo vivo y autorregulado con el que convivir?”. Es la pregunta que vertebra Terrafilia y que invita a replantear la relación de los humanos con las otras especies. Compresión, evolución, descubrimiento o cooperación son conceptos presentes en esta sala con artistas como Martin Johnson Heade con Orquídea y colibrí cerca de una cascada (1902), Max Ernst y su Árbol solitario y árboles conyugales (1940) y Regina de Miguel con Proliferación quimérica (2024).
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El arte de los sueños
Representa el lugar sin límites al que todos tenemos acceso y donde la naturaleza juega a nuestro favor. “Los sueños son vehículos de conocimiento. En ellos se rompen las fronteras, vemos mundos más libres. Por eso lo onírico ha sido uno de los lugares predilectos por los artistas”, según la comisaria. Ahí están obras como las de Dalí con Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar (1944) o el vídeo de Elyla con Torita – encuetada (2023).
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El mundo objetivado
“¿Qué ocurre cuándo tratamos a la naturaleza como un conjunto de objetos sin alma, sin historia, sin voz?”. Este escenario replantea la mirada contemporánea sobre el planeta y su modo utilitarista y extractivo. Un ejemplo claro es el rincón donde está Globo terráqueo, de Willen Hanz Blaeau (hacia 1571-1638).
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Terra infirma
El planeta es vulnerable, frágil y tiene memoria. “Por eso se deben incorporar otras cosmovisiones. No solo es necesario, es urgente”, reclama Daniela Zyman. Hablan de todo ello obras como Bruegel el Viejo con Cristo en la tempestad (1596), Historias de cabezas 3, de Hervé Yanguen (2016) o Abrazos III, de Daniel Otero (2022)
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El retorno del tiempo de los mitos
“Los mitos son más que relatos románticos. Son herramientas para atravesar tiempos de crisis, de pensar el presente y construir posibles futuros”. Se aprecia en Expulsión. Luna y luz de fuego, de Thomas Cole (hacia 1828) o Sacudimientos, vídeo de Ayrson Heraclito (2015).
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Cosmogonías oceánicas
Venimos del agua. Somos agua. Las dos terceras partes del cuerpo humano son agua, la misma proporción del planeta. Sobre todo de agua salada, con un 97.5% y solo un 2.5% de agua dulce. Gran parte del futuro de la Tierra está allí en los océanos, porque genera y purifica el aire que respiramos y suministrará gran parte de los alimentos. Pero la amenaza sobre los océanos la escenifican artistas como Susanne M. Winterling con Sensor planetario: navegaciones bajo la superficie (2018) o Carsten Höller con Morsa roja (2011).
Con este centenar de obras de arte, Terrafilia, propone desaprender y aprender, dialogar y reconocer que nos somos los dueños de la Tierra.