Aunque el Día del libro pueda parecer una celebración contemporánea, surge de la convergencia de varias fechas emblemáticas. Su historia se remonta al año 303, atraviesa los siglos XV y XVII, pasa por el siglo XX y llega hasta hoy, cuando se manifiesta en múltiples formas de celebración.
Una herencia que se traduce en donaciones de libros, lecturas o representaciones en vivo de obras importantes para cada país, ferias y firmas de ejemplares, actividades en escuelas y colegios, encuentros con autores y propuestas digitales en el ciberespacio. A ello se suma un símbolo que perdura: la rosa.
La elección del 23 de abril como Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor fue oficializada por la UNESCO en 1995. La fecha conmemora la muerte, en ese mismo día de 1616, de tres autores universales: Miguel de Cervantes Saavedra (aunque falleció el día 22, fue inscrito el 23), William Shakespeare (según el calendario juliano vigente en la Inglaterra de la época, equivalente al 3 de mayo en el calendario gregoriano actual) y el Inca Garcilaso de la Vega.
Esta fiesta fue propuesta por la Unión Internacional de Editores para incentivar la industria editorial, promover la lectura y proteger la propiedad intelectual y los derechos de autor.
Cartel del oulet de libros EdiSur, de Santiago de Chile, sobre el Día del Libro.
Desde 2001 se elige una ciudad como Capital Mundial del Libro, para dar mayor proyección a esta celebración y facilitar el acceso al libro de los menos favorecidos y de los inmigrantes. Esta ciudad es designada por la UNESCO, junto con tres organizaciones globales que son pilares del libro: la Unión Internacional de Editores, la Federación Internacional de Libreros y la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias.
La primera Capital Mundial del Libro, cuyo mandato empieza cada 23 de abril, fue Madrid y, después, Alejandría. Este año la ciudad es Rabat (Marruecos). También han sido capitales del libro Bogotá (2007), Buenos Aires (2011), Guadalajara, México (2022) y Medellín, Colombia, lo será en 2027.
Origen de una fiesta
Ilustración de la UNESCO sobre el Día del Libro.
Aunque esta jornada se ha extendido por muchos países y cada conmemoración es diferente, lo cierto es que antes de 1995, cuando la UNESCO declaró el Día del Libro, la gente ya lo celebraba a su manera. Todo empieza con la invención de la imprenta de Gutenberg, entre 1440 y 1450, en Maguncia (Alemania), un hito que expandió la lectura, el conocimiento y el ocio.
Los puestos o mercadillos de libros en fechas concretas constituyen la semilla de esta tradición. Algunos de los primeros de los que se tiene noticia surgieron en poblados cercanos a Maguncia, sobre todo en Frankfurt, hacia 1462. Estos espacios nacieron para comercializar el invento de Gutenberg y, con el tiempo, evolucionaron hasta convertirse en encuentros de intercambio de libros locales, regionales, nacionales o internacionales.
España
Una de las celebraciones españolas más conocidas es la de Sant Jordi, que funde realidad, leyenda, simbología, literatura y ciudadanía. El origen se remonta al año 303, cuando los romanos decapitaron a un soldado llamado Jorge, Jordi en catalán. Este suceso pasó a ser una leyenda en Cataluña que relata como Sant Jordi, al salvar a una princesa, mata a un dragón de cuya sangre, al caer sobre la tierra, nace un rosal, y el santo le regala una rosa a la princesa. En 1456, Sant Jordi fue nombrado patrono de Cataluña.
La primera propuesta para celebrar el Día del Libro en Cataluña la hizo, en 1923, Vicente Clavel, escritor valenciano, editor y director de la editorial Cervantes de Barcelona. En 1926 se eligió la fecha del 7 de octubre, día en que se creía que había nacido Cervantes. Ese mismo año, el rey Alfonso XIII firmó un decreto que designaba esa misma fecha como Día del Libro en España. Pero en 1930 esa jornada se trasladó al 23 de abril.
Desde entonces, las calles del centro de Barcelona se llenan de puestos y casetas de libros y de vendedores de rosas. Las personas compran un libro y una rosa y los obsequian a familiares, amigos o compañeros de trabajo. Con el tiempo, los escritores han acudido cada vez más a esas casetas a firmar ejemplares de sus obras.
Es la fiesta del libro más popular, vistosa y alegre de España. Y, también, la de mayor recaudación: en 2025 vendió más de dos millones de ejemplares, con una facturación superior a los 26 millones de euros en un solo día, según la Cámara del Libro de Cataluña.
Otra ciudad española con una programación especial el 23 de abril es Madrid. Organiza La Noche de los Libros con actividades en librerías y edificios emblemáticos: mesas redondas con autores, conferencias y firmas.
Ese mismo día, en la Universidad de Alcalá de Henares, se celebra la ceremonia de entrega del Premio Miguel de Cervantes, que se concede desde 1976. Este año, el autor distinguido es el mexicano Gonzalo Celorio.
América Latina
Latinoamérica conmemora esta fecha desde el siglo XX, pero con otros nombres como Día del Idioma, en países como Colombia, por ejemplo. Lo hace con actividades en escuelas, colegios o bibliotecas que incluyen desde donaciones de libros y representaciones de obras, hasta la lectura de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, de Cervantes, o de libros importantes para cada país.
Buenos Aires y Bogotá crearon sus ferias internacionales del libro haciéndolas coincidir con el 23 de abril. La capital argentina desde 1975 y la colombiana desde 1988. Estos eventos se han convertido en grandes fiestas culturales, donde la celebración se extiende a librerías y bibliotecas con múltiples actividades.
En México, por ejemplo, se incluyen donaciones de libros a bibliotecas públicas, la Fiesta del Libro y la Rosa en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o maratones de lecturas públicas de obras de autores del país o que conmemoren alguna efeméride importante.
Resto del mundo
En Irlanda e Inglaterra, donde nació Shakespeare, realizan, desde 2011, el World Book Night (Noche mundial del libro), una iniciativa en la que los adultos regalan libros en espacios públicos.
En Estados Unidos, algunas ciudades desarrollan actividades callejeras alrededor del libro, sobre todo en fechas cercanas al 23 de abril.
En Suecia, esta celebración se conoce como Världsbokdagen.
Así, este jueves 23 de abril de 2026, en escuelas, colegios, calles, librerías, bibliotecas de medio mundo y el ciberespacio, el libro y la lectura vivirán una nueva fiesta: una celebración que recuerda una forma de arte que cultiva el conocimiento, estimula la imaginación y mantiene viva la memoria de grandes escritores.