Cine/TV

Fernando Trueba: “La bondad es el único valor superior por encima de la inteligencia y el sentido del humor”

LUIS MANRIQUE RIVAS
Ciclo Mi vida en películas,, de Ámbito Cultual de El Corte Inglés.
Fernando trueba, director de cine, guionista y productor español, en el ciclo Mi vida en películas de septiembre de 2026. /Foto David Navarro-Ámbito Cultural
MI VIDA EN PELÍCULAS El director de cine, guionista y productor español, ganador de un Oscar y dos Goyas, estrena en el Festival de San Sebastián Bajañí, documental sobre Niño Josele, y reestrena restaurada Chicho o mientras el cuerpo aguantE
2026-09-22 00:00:00

Uno de los recuerdos más entrañables que guarda Fernando Trueba es cuando lloró con su madre en casa viendo una película en televisión. Entonces la cinefilia ya la tenía dentro. Esa pasión y la que siente por la música vuelven, este otoño, a ser relevantes con el estreno en el Festival de San Sebastián del documental Bajañí, sobre Niño Josele, y la restauración de su segunda película: Chicho o mientras el cuerpo aguante.

Cuarenta y seis años lleva Fernando Trueba (Madrid, 1955) haciendo cine: dieciséis películas y cinco documentales. Una filmografía que le ha valido un Premio Oscar a la Mejor película de habla no inglesa por Belle Époque (1992) más una nominación al Oscar a la mejor película de animación por Chico y Rita (2012). En cuanto a los Goya, sus títulos han obtenido diez estatuillas: dos como director (El sueño del mono loco y Belle Époque), seis por mejor película y dos por Guion adaptado y original. En San Sebastián ganó en 2012 la Concha de Plata al mejor director por El artista y la modelo.

Ese amor por el cine y la música lo compartió con anécdotas y humor en el ciclo y pódcast Mi vida en películas, organizado por Ámbito Cultural de El Corte Inglés, junto con la revista Cinemanía y AISGE. De su conversación con Andrea Gutiérrez Bermejo, redactora jefa de Cinemanía y colaboradora de Historia de nuestro cine (RTVE), surge este Diccionario Fernando Trueba (Puedes ver el vídeo completo AQUÍ):

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Andrea G. Bermejo y Fernnando Trrueba en el ciclo Mi vida en películas. /Foto David Navarro-Ámbito Cultural

La música

Para mí la música no tiene fronteras. O, mejor dicho, tiene fronteras que uno se inventa. Porque un músico escucha a otro músico y no necesita que le expliquen de dónde viene. Y la música ha sido una forma de educación para mí.

 

Lo que me marcó

A mí lo que me marcó fue el Festival de Woodstock. Yo reconozco que, para mí, es como el gran momento de la historia de la humanidad, cuando era joven y se había juntado uno de los Byrds, David Crosby, con uno de los Buffalo Springfield, Stephen Stills, con uno de los Hollies, que era Graham Nash. Ya había hecho un grupo que se llamaba Crosby, Stills & Nash. Fue el primer disco LP que me compré en mi vida.

 

Calle 54 (2000)

El cine está hecho de música, de pintura, de fotografía, de literatura, de arquitectura… Está todo mezclado. Yo hice Calle 54 porque necesitaba hacer una película de música. No porque quisiera hacer “una película musical”, sino porque quería filmar a esos músicos tocando.

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Chicho o mientras el cuerpo aguante (Una comedia didáctica) (1982)

Es una película centrada en un personaje: Chicho Sánchez Ferlosio. En aquel entonces, él vivía de cantar en la calle las canciones que componía, de eso vivía. Pero no tenía nunca una actuación ni estaba interesado en el dinero. Vivía en Sóller, en Mallorca, cogía el trenecito de madera que va de Sóller a Palma. Llegaban a una plaza, cantaban dos canciones y con lo que le daban por esas dos canciones iban a la compra. Entonces, cuando tenía hambre, volvían y cantaban una canción, otras dos y tal. Me parecía que era a lo más que podía aspirar el ser humano en la vida. Estábamos en el final de la era de Franco, o sea, principio de la Transición.

 

La película sobre Niño Josele (2026)

Bajañí es un documental musical sobre Niño Josele. Lo conocí hace muchos años. Y fue una de esas personas que aparecen en tu vida y que te cambian la forma de ver las cosas. Él es músico, pero también es una persona con una curiosidad enorme. No es una película sobre el flamenco en el sentido académico. Es una película sobre la música y sobre el encuentro entre músicas. Aparece Caetano Veloso, Ron Carter, Rubén Blades, Kenny Barron, Marisa Monte… Y aparece también toda esa gente que Niño Josele ha ido encontrando por el camino.

Niño Josele es una persona que tiene una capacidad extraordinaria para escuchar. Y eso es algo que tienen los grandes músicos.

 

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Desobediencia y placer

Lo que, desde el principio, me pareció maravilloso es la desobediencia. ¿Sabes cómo debería ser un país donde todo el mundo diera órdenes? Daba órdenes la familia, los profesores, el señor del bar. Me di cuenta de que había dos cosas con las que he construido mi vida: las desobediencias y el placer.

 

Llorar con el cine

En mi casa no había un sofá, solo sillas. Mi padre decía: “Eso es para vagos”. Al final, ya de tanto insistir mi madre, un día hubo sofá en casa. El mejor recuerdo tengo de ese sofá es el de un domingo por la noche cuando todos se habían acostado. En época de Franco había un programa cojonudo en La 2, Cine Club. Echaban ciclos de Mizoguchi, de Renoir, de muchos, con subtítulos.

Y esa noche echaron Carta de una desconocida, de Max Ophüls, y nos quedamos mi madre y yo a verla. Y siempre me acordaré de que estábamos los dos llorando como magdalenas viendo esta película tan maravillosa. Es un recuerdo muy bonito: ver con tu madre, llorando, una película.

 

Mi descubrimiento del cine

Yo descubrí el cine en la tele. Muchas cosas de las que más me gustan las descubrí en aquella televisión de esa época. Hay películas que me marcaron y siempre decía: “A ver si algún día la puedo ver en el cine”. Por ejemplo, Casablanca, probablemente, la primera vez o las dos o tres primeras veces que la vi sería en la tele. Cuando la vi en el cine me pareció el colmo de la maravilla del siglo. Pensé que no había nada mejor.

 

 

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Ópera prima (1980)

Es una película que hice con muy poco dinero. Y con una inconsciencia absoluta. La película empezó a funcionar. Fue una cosa absolutamente inesperada. No sabía que iba a funcionar. Si hubiera sabido algo, probablemente no la habría hecho. Yo era muy joven. Y tenía una cosa que luego se pierde, que es la inconsciencia.

 

El arte de la comedia

A mí me gustaban mucho las comedias americanas. Y había visto a Billy Wilder, a Lubitsch, a todos esos. Veía las películas una y otra vez. Incluso algunas las grababa en casete cuando las ponían en televisión.

Aprendí que la comedia está construida hasta el último detalle. Y que el ritmo no es solamente que la gente hable rápido. El ritmo es cuándo entra alguien, cuándo sale, cuándo callas, cuándo miras… Eso lo aprendí viendo películas.

 

Rafael Azcona

Para mí Azcona fue fundamental. Yo le había propuesto una película y me había dicho que no. Y después, hablando con él, me dijo una cosa que se me quedó grabada. Me decía: “Yo solo conozco la realidad. Y tú vives en este mundo de fantasía de las comedias americanas de los años treinta”. Y entonces me dijo: “¿Quieres hacer una comedia de Cary Grant?”. Le dije que sí. Pero él miraba a la gente que pasaba por la calle y me decía: “Mira. Esa es la realidad”. Y yo miraba y veía gente que no se parecía precisamente a Cary Grant. Se parecía más a López Vázquez. De ahí salió El año de las luces (1986). Fue la primera película que hicimos juntos.

 

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Belle Époque (1991)

El guion de Belle Époque lo escribí con Azcona y José Luis García Sánchez. Lo escribimos durante un año y medio, más o menos. Nos reuníamos a comer una vez por semana en un restaurante cerca del aeropuerto. Cuando nos dieron el Goya a la mejor película, yo llevé el Goya al restaurante. Y le dije al dueño: “Esto lo tenéis que tener vosotros, porque sois responsables de la calidad del guion”. Cuando Azcona murió lo recuperamos para dárselo a su mujer.

 

Por qué Billy Wilder es Dios

Llegamos a Los Ángeles unos días antes del premio. A mi mujer siempre le cuento lo que he soñado, y una de esas mañanas abrí los ojos y le dije: “Soy gilipollas. He soñado que ganaba el Oscar, yo que iba por ahí diciendo que no importaba, como filósofo estoico”. Y ella me preguntó qué decía en el discurso, y se lo conté: “Me gustaría creer en Dios, pero creo en Billy Wilder”. Entonces me contestó: “Pues si te lo dan es lo que tienes que decir”. Y fue lo que dije.

 

Películas para amar

Yo necesito querer a los personajes. Yo no puedo hacer una película sobre Pinochet. Necesito encontrar a alguien dentro de esa película al que pueda querer. Si no, no me interesa. Hago películas de gente a la que solo pueda amar.

 

La bondad es lo primero

Hay un momento muy malo que fue cuando se empezó a hablar de buenismo como algo despreciativo, de que lo que mola es ser malo. Tenemos que cerrarle la puerta en las narices al prestigio de la maldad. La bondad es el único valor superior por encima de la inteligencia y el sentido del humor, que sería el segundo y el tercero, no sé en qué orden. Pero la bondad es el número uno.

 

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