Hotel Florida

Hotel Florida 2026: Cómo gestionar el dolor en los conflictos armados y la importancia de las mujeres en la Guerra civil española

WINSTON MANRIQUE SABOGAL
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Detalle de la ilustración del cartel de laa jornada Periodismo y literatura de HOtel Florida 2026. /Ámbito Cultural
Catalina Gómez, Margaryta Yakovenko, Nacho Carretero, Celia Fernández Prieto y Edurne Portela participaron en las sesiones anuales de estas jornadas organizadas por Ámbito Cultural de El Corte Inglés
2026-01-31 00:00:00

Para la gente que padece la guerra y vive en el infierno propiciado o alentado por otros “la vida es mucho más compleja que ese blanco y negro que, desde la comodidad, tendemos a ver desde nuestros países. La gente que vive esa realidad diaria tiene que tomar decisiones difíciles y que, muchas veces, nosotros, desde aquí, no entendemos”. Esta afirmación de Catalina Gómez, periodista colombiana que cubre la guerra de Ucrania y el conflicto de Irán, como corresponsal en Oriente Próximo, desde hace más de dos décadas, revela la complejidad de los enfrentamientos y las revoluciones que viven los pueblos y el modo, a veces, injusto con que la comunidad internacional los juzga.

Catalina Gómez participó junto a las periodistas Margaryta Yakovenko, escritora ucraniana nacionalizada española, y Nacho Carretero, en la sesión Periodismo y literatura de la VIII edición de Hotel Florida, organizada por Ámbito Cultural de El Corte Inglés, en la sala Callao, de Madrid, del 26 al 31 de enero de 2026. La conversación fue moderada por Alfonso Armada, uno de los organizadores de las jornadas y cofundador de la revista Fronterad.

Los vasos comunicantes entre periodismo y literatura, la función del periodista ante la emboscada de la posverdad, o la manera como los periodistas se protegen ante el dolor que ven fueron algunos de los temas abordados.

 

Periodismo y literatura

 

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De izquierda a derecha: Nacho Carretero, Catalina Gómez, Margaryta Yakovenko y Alfonso Armada, en la sesión de Hotel Florida 2026, de Ámbito Cultural. /Foto Celia Bsoul - Ámbito Cultural

 

¿Es mejor contar la guerra desde el periodismo o la literatura? Los tres periodistas coinciden en que no son incompatibles y se complementa. Margaryta Yakovenko considera que “el periodismo está para hoy, la novela está para mañana”. Y es en ese mañana, agrega, cuando la gente accederá a todos esos testimonios y observaciones de quienes estuvieron en las guerras o vieron morir a compañeros. La literatura, dice, “aporta más a la historia y le da más esa vertiente humana a la que el periodismo, a veces, por las limitaciones que tiene, por el espacio o por el tiempo, no puede llegar”

En ese trabajo periodístico diario es cuando, asegura Catalina Gómez, “se acumula material para poder contar luego algo más grande. Siempre es interesante volver a la ficción para poder entender, te da mucha libertad y capacidad para entender las complejidades”.

Nacho Carretero tiene claro que “la ficción es ficción. La ficción no puede responder por los códigos periodísticos, ni tú le puedes exigir lo que le podrías exigir a una crónica periodística. Es absurdo negar la conexión, que es muy positiva, porque la ficción suma, es un amplificador”.

 

Periodismo y activismo

 

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Catalina Gómez, periodista colombiana y corresponsal en Ucrania y Oriente Próximo.

 

Ante la tendencia de la información mezclada con la opinión, Catalina Gómez no duda en afirmar que “el activismo es incompatible con el periodismo. Todos tenemos posiciones, pero otra cosa es hacer activismo con nuestras posiciones”. Explica que la realidad es la que es y “hay realidades de realidades”. Cita, entonces, dos ejemplos: “Ucrania fue invadida. Nuestro trabajo es ir y contar lo que sucede con esa invasión a gran escala. En Irán hay una realidad, independientemente de si está Estados Unidos está detrás, hay una realidad clarísima y es que los iraníes salieron a la calle en masa a protestar por un sistema político que no va a más para la mayoría de ellos y que murieron muchos en este proceso. Otra cosa es que se hagan análisis, o que se justifique, o no se quiera dar visibilidad. Vaya, pregúnteles a los venezolanos que estaban metidos en el infierno qué prefieren, o a los iraníes en este momento. La vida es mucho más compleja que ese blanco y negro que desde la comodidad tendemos a ver desde nuestros países”.

El papel del periodismo, ahonda Margaryta Yakovenko “es quitar el reduccionismo al que tienden los políticos, a mostrar todo en blanco y negro, a la infantilización de la audiencia. Nuestro papel es mostrar toda la baraja para que eso no suceda y la gente se pueda hacer su propia opinión”.

 

¿Cómo gestionar el dolor ajeno y no anestesiarse?

 

 

 

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Portadas de libros de Nacho Carretero y Margaryta Yakovenko.

La convivencia de los periodistas con el horror y contarlo es algo sobre lo cual deben aprender a protegerse y a la vez no cosificar ni a las personas ni a los hechos. Cuando Nacho Carretero va a un sitio entra en una especie de trance o concentración para conseguir sus objetivos de un buen reportaje. Reconoce que ha pensado que, a veces, es un poco frío y piensa: “Que buen testimonio. Pero a la vuelta es cuando salen los demonios, los fantasmas, porque el modo bloqueo desaparece y pagas el peaje. En mi caso con un bajón anímico, tristeza o ensimismamiento o con sentimiento de culpa”.

Es una sensación generalizada, porque cuando el periodista de guerra o conflictos está en acción aflora el instinto de supervivencia, reconoce Catalina Gómez: “Todos tenemos que buscar mecanismos para sobrevivir y poder levantarnos al otro día. Pero ese dolor se va acumulando”.

Margaryta Yakovenko tampoco se ha librado del sentimiento de culpa: “A veces, he sentido que estoy aprovechándome de esa historia. Y no es así, pero piensas: ‘esa persona me está contando lo peor que le ha pasado en su vida y yo tomando notas y preguntando más’. Luego llegas a casa y te sientes como una mierda. Pero estás en modo supervivencia para tratar que eso no te permee, que no te llegue hondo, que no te afecte. Y te llegas a cuestionar todo, incluso si tu trabajo tiene sentido”.

 

Mujeres y Guerra civil española

 

 

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De izquierda a derecha: Edurne Portela, Paloma Torres y Celia Fernández Prieto durante la sesión Mujeres y Guerra civil española, en las jornadas de Hotel Florida 2026. /Foto Celia Bsoul - Ámbito Cultural

 

La tercera sesión de Hotel Florida relacionada con conflictos armados fue la titulada Escritoras y guerra (civil). Otras miradas. En ella, Celia Fernández Prieto y Edurne Portela, moderadas por Paloma Torres, hablaron sobre el papel crucial que tuvieron las mujeres desde la retaguardia, y el silencio que ha caído sobre ellas y sus aportaciones, que fueron clave para que los hombres, y algunas mujeres, en el frente, pudieran cumplir su misión.

Celia Fernánndez Prieto, profesora de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Córdoba e investigadora sobre la novela histórica y los vínculos entre historia, realidad y ficción, recuerda que “las mujeres tuvieron una presencia y unas funciones como nunca antes. Y se debió a tres razones:  Movió, de manera excepcional, recursos materiales y recursos humanos. Fueron guerras que se sustentaron política e ideológicamente en la demonización del contrario, en la deshumanización del otro. Y porque casi borraron los límites entre los combatientes y los civiles, entre el frente y la retaguardia”.

Es ahí donde Celia Fernández Prieto reivindica la función relevante de las mujeres, ya que la mayoría que quedaron en la retaguardia: “Y ahí el catálogo de funciones que realizan es enorme, desde hacerse cargo del trabajo de los hombres, asistir a las colas del hambre, atender a los enfermos en los hospitales y organizar orfanatos hasta campañas educativas”.

Aparte de esa función de apoyo clave, Edurne Portela, ensayista y narradora, amplía la mirada a otras guerras donde la mujer sufre de manera directa los embates del conflicto. Se refiere, por ejemplo, al silencio entorno a la violencia sexual o sexualizada contra las mujeres: “Lo de sexual y sexualizada tiene que ver con un concepto de Rita Segato, la antropóloga, que dice que la violencia sexual contra la mujer en contextos de guerra, sobre todo, no pertenece al orden de lo sexual, no tiene que ver con la lascivia o el deseo de posesión, sino con el orden del poder, del control absoluto del enemigo a través del cuerpo de la mujer. La humillación y la escenificación de la derrota absoluta a través del cuerpo de las mujeres y su violación. Esto pasó, también, en la Guerra civil española y pasa en todas las guerras de ocupación”.

 

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