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José Coronado: “No tengo interés en pasar a la historia como un gran actor, tengo interés en que me quiera la gente que yo quiero”

LUIS MANRIQUE RIVAS
Ciclo Mi vida en películas,, de Ámbito Cultural de El Corte Inglés.
El actor español José Coronado, en el ciclo Mi vida en películas de Ámbito Cultual, de junio de 2026. / Fotografía de David Navarro - Ámbito Culturral
CICLO MI VIDA EN PELÍCULAS El actor español presenta sus proyectos Los creyentes y El problema final. En su encuenntro con el público recordó cómo el azar lo llevó a la actuación y da claves de sus interpretaciones
2026-06-30 00:00:00

Los primeros papeles reales que la vida le ofreció a José Coronado (Madrid, 1957) fueron los de médico y abogado. Pero prefirió probar muchos otros oficios, de modelo a hostelero, hasta que la actuación lo encontró. Se dio a conocer en 1987 y, casi cuarenta años después, sigue siendo uno de los actores más reconocibles del cine y la televisión españoles.

A sus dos premios Goya (Mejor Actor Protagonista por No habrá paz para los malvados y Mejor Actor de Reparto por Cerrar los ojos) se suma una carrera que incluso le ha dado popularidad en lugares tan inesperados como Nigeria, donde la serie Entrevías se convirtió en un fenómeno. Este verano volverá a las portadas con dos estrenos en Netflix: la película Los creyentes (24 de julio) y la miniserie El problema final (9 de septiembre).

En el primer título interpreta a un guardia civil jubilado que se ha dejado arrastrar por las teorías de la conspiración que circulan por internet y en el segundo, basado en la novela de Arturo Pérez-Reverte, acaba investigando un crimen como en las historias de Agatha Christie.

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A lo largo de una carrera que lo ha llevado a interpretar personajes de todo tipo, del héroe al villano, en teatro, televisión y cine, el actor español habló en el ciclo y pódcast Mi vida en películas, organizado por Ámbito Cultural de El Corte Inglés, junto con la revista Cinemanía y AISGE. De su conversación con Andrea Gutiérrez Bermejo, redactora jefa de Cinemanía y colaboradora de Historia de nuestro cine (RTVE), surge este Diccionario José Coronado (puedes ver el vídeo completo AQUÍ):

 

De la mano del azar

Llegué a esta profesión por azar. No tenía ninguna vocación. Había sido hasta entonces el clásico espectador maravilloso que es muy naif, que se creía todas las películas. No tengo familia de actores ni actrices. Lo que sí tuve fue una vida muy intensa desde los 17 años, cuando me fui a mi casa, hasta los 30, que surgió esta posibilidad. Tuve muchas y diferentes ocupaciones. La última fue en la hostelería, que es muy esclava, y necesitaba algo que me hiciese olvidarla.

Una amiga actriz, Maru Valdivielso, estaba en la Escuela de Cristina Rota y me dijo: “¿Por qué no te metes en esto? A los pocos días de estar ahí vi que lo que hacían era jugar, jugar con mucha seriedad, pero jugar. Y yo digo: “¿Pero bueno, y por esto te pagan? ¡Pues os vais a enterar!, porque yo he sido un jugón desde niño”.

Cómo estudié cine

Llegué al cine a los treinta habiendo visto películas de aventuras y muy poco cine serio, por llamarlo de alguna forma. Tampoco había tenido mucho tiempo de ir al cine, porque estaba con millones de cosas. En los ochenta me estuve preparando y sacándome el carnet de actor. Tardé diez o doce años en auto otorgármelo. Me vi todo lo que no había visto, el cine maravilloso de los años cincuenta, el cine español con Berlanga, con Buñuel, con gente que alucinaba. Al mismo tiempo, veía todas las películas de esa época, las de los ochenta y noventa, que para mí ha sido la mejor del cine en la que salían todos los Scorsese, los Coppola, los Robert De Niro, todos… ¡Me apasionaba! Así aprendí y entendí la profesión y crecí en el teatro.

 

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Mi debut teatral

Lo primero que hice fue con Lluís Pascual la obra de García Lorca El público. Yo llevaba muy poquito estudiando y eso me permitió ver a Lluis Pascual dirigir durante cuarenta días a los grandes. Me di cuenta de la capacidad que tenemos para poder contar historias y emocionar a la gente, hacerla reír, hacerla llorar.

 

El día que saqué mi carnet de actor

El día que me otorgué el carnet de actor fue con una obra de Paco Pino, Algo en común, de Harvey Fierstein. Es la historia de un homosexual que perdía a su pareja a causa del sida en los ochenta. Me di cuenta de que había llegado a ser actor porque venía mucha gente al camerino con lágrimas, con gratitud, con verdad. Y pensé: “¡Coño!, esto es gracias a mí”. Me empecé a dar cuenta de cómo los actores podemos influir en el resto de la ciudadanía, emocionándola, haciéndola reflexionar y provocando tantas cosas.

 

La suerte y otros aliados

Esta es una de las profesiones en las que más incide la suerte, por estar en el momento preciso. Igual ocurre con los premios. También influye, por lo menos en mi caso, que no soy un animal cinematográfico, como Marlon Brando o Javier Bardem, sino un obrero de mi oficio, de mi construcción, del día a día con el equipo. Hay que dejar profesionalidad, hay que dejar educación y hay que dejar un buen sabor de boca. Ayudar al equipo, sobre todo a los actores, porque, al final, si quieres contar una verdad no puedes ir por libre, tienes que estar enganchado a los ojos de quien tienes enfrente, esa es tu salvación.

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Ciclo Mi vida en películas

El actor español José Coronado durante el encuentro con el público en el ciclo Mi vida en películas, de Ámbito Cultural de El Corte Inglés, en junio de 2026 /Fotografía de David Navarro - Ámbito Cultural

La clave: contención

Una de las mayores virtudes que debe tener un actor, yo lo aprendí gracias a Enrique Urbizu, es la contención a la hora de construir tus personajes. En confiar en la historia y en que el espectador lo reciba, no querer subrayarlo o explicarlo.

 

Cómo hacer creíble al malo

A tu personaje tienes que hacerle coherente y creíble y tú creerlo y enamorarte de él, aunque sea un hijo de puta. Eso me ha ayudado no ya a catalogarlo, sino a no prejuzgar.

 

Enrique Urbizu

Me dio el paso al lado de los personajes más oscuros. Yo venía de Periodistas y de otros personajes más blancos. Y Enrique, que es el maestro del thriller español, me dio el personaje del killer en La caja 507. Me abrió todo un campo y un registro nuevo en el que me he ido encontrando muy a gusto.

 

Mis mejores compañeros

Trabajar con Javi Cámara es una delicia. Con Amparo Larrañaga en teatro me lo he pasado muy bien. Disfruté mucho con Irene Escolar haciendo Oleanna. Álex Angulo era la generosidad en persona. Luis Zahera es maravilloso, es otro de esos animales cinematográficos.

 

 

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Prefiero la atención del público a los aplausos

El teatro te permite vivir en toda su proyección el personaje y disfrutar de la atención del público más que de los aplausos. Los aplausos siempre me han dejado más indiferente, pero la atención, el silencio del público que está esperando a ver qué es lo que dices, es un juego maravilloso.

 

Mi experiencia con Hollywood

Hice una peli, La desaparición de García Lorca (1997), que era un absurdo porque Andy García, un cubano, interpretaba a Federico García Lorca, algo un poco metido con calzador.

Volví a repetir con Andy García y con Sharon Stone en What About Love, que no se ha estrenado, de productores ucranianos. Sharon Stone es la madre de la novia de mi hijo (Miguel Ángel Muñoz), que tiene un accidente. En un momento dramático en el que Sharon y yo nos encontrábamos, ella le sugirió al director que nuestros personajes se besaran. Él dijo que no. Y yo añadí: “¡¿Cómo se van a besar?!”. Nunca me lo perdonaré.

 

¿Pasar a la historia?

Me han ofrecido escribir libros y contar mi vida, pero yo tengo una vida como la de todo el mundo. Que hablen mis personajes, que es lo que tiene que llegar a la gente. No tengo ningún interés en pasar a la historia como un gran actor ni nada, tengo interés en que me quiera la gente que yo quiero.

 

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