Un verano de arte con Rafael Argullol y las pinturas rupestres de la cueva de Altamira
Con cinco o seis años, Rafael Argullol (Barcelona, 1949) tuvo su primer deslumbramiento ante una obra de arte: las pinturas rupestres de la cueva de Altamira, en Santillana del Mar. Viajaba con sus padres por el norte de España cuando descubrió los bisontes, ciervos y manos pintados en un periodo entre 36.000 y 13.000 años, en lo que se conoce como la “Capilla Sixtina del arte paleolítico”.
Aquel recuerdo nunca lo abandonó y le despertó una sensibilidad hacia la creación y la belleza que ha acompañado toda su trayectoria. Catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Pompeu Fabra, Argullol ha publicado una treintena de poemarios, ensayos y novelas en los que la pintura y la reflexión estética ocupan un lugar central. En septiembre de 2026 aparecerá Pinacoteca soñada (Acantilado), un atlas visual de Occidente.
Pregunta. ¿Cuál fue el primer acercamiento o admiración por un cuadro, una escultura o una fotografía?
Rafael Argullol. Fue en un viaje de primavera que hice con mis padres por la cornisa norte de España, hasta llegar a Cantabria, a las cuevas de Altamira. Debía tener cinco o seis años. Recuerdo perfectamente el impacto que me causaron los bisontes, los ciervos y también las manos que están en las paredes. El lugar en sí mismo también me impactó. Lo recuerdo como si fuera hoy. De adulto he vuelto un par de veces.
Recuerdo que pregunté a mis padres por los bisontes, que había visto en el cine, pero me dijeron que en España ya no existían. Me llamó la atención la cornamenta muy grande de los ciervos. Las manos me parecieron misteriosas.
Te diré que de allá saqué una lección, y es que la tendencia al arte figurativo y al abstracto son contemporáneas. Es decir, que ambos forman parte del alma humana. No es que uno esté mejor que el otro o sea una evolución respecto del otro, sino que son dos formas de mirar que se han ido entrelazando.
El viejo guitarrista ciego, de Pablo Picasso.
Pregunta. ¿Cómo lo han acompañado las artes plásticas en su vida personal y literaria? En su caso ha escrito sobre ellas.
Rafael Argullol. Las artes han estado conmigo continuamente. Tengo una cierta sensación de que los distintos lenguajes artísticos se tienen celos o envidia unos a otros, la pintura, la música, la arquitectura, la poesía, la literatura. Lo mío, que siempre ha sido la escritura literaria, ha buscado siempre los otros referentes y, de una manera muy especial, en mi caso, la pintura.
El libro que publicaré en otoño es un poco una muestra de eso. Es el sueño de una colección de pintura que yo he ido construyendo a lo largo de los años. Son pinturas que el lector encontrará, a veces, muy directas, y otras muy indirectas y casi azarosas.
Por ejemplo, en un momento determinado, aparece una pintura del periodo Azul de Picasso que está ahora en Chicago: El viejo guitarrista ciego. La primera vez que vi ese cuadro yo también era casi un niño, y fue en uno de los libros espléndidos que un tío me regalaba, de la colección de pintura de la editorial Noguer. No es un Picasso típico.
Marguerite au chat noir (1910), de Henri Matisse, en la exposición Chez Matisse. El legado de una nueva pintura, en CaixaForum de Barcelona en 2026.
Pregunta ¿Hay alguna exposición reciente que le haya gustado e invite a verla este verano?
Rafael Argullol. Una exposición pequeña, pero muy exquisita, de Matisse en CaixaForum de Barcelona. Me ha reafirmado la idea de que Matisse es uno de los cuatro o cinco grandes pintores del siglo XX. Era un pintor extraordinario. Esta exposición es una auténtica joya que tiene alguna pintura que conocía, pero bastantes que no conocía.