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Comunidad Valenciana, referencia mediterránea

Conocida por sus maravillosas playas y aguas cristalinas, la Comunidad valenciana también esconde muchos atractivos: pueblos con un encanto e historia excepcionales, parajes naturales idílicos y una gastronomía que despierta los sentidos. Nombrar la Comunidad Valenciana y...
Comunidad Valenciana, referencia mediterránea

Conocida por sus maravillosas playas y aguas cristalinas, la Comunidad valenciana también esconde muchos atractivos: pueblos con un encanto e historia excepcionales, parajes naturales idílicos y una gastronomía que despierta los sentidos.

Nombrar la Comunidad Valenciana y tener infi nidad de recuerdos resulta sencillo. Muchos de ellos están asociados a experiencias propias, otros se han visto en la televisión y la mayoría han surgido en conversaciones con amigos y familiares. Valencia siempre ha sido una región con una importancia capital en nuestro país, tanto económica como turísticamente: ya sea por las espectaculares playas, por las suculentas paellas o por las fiestas patronales. Nada aquí deja indiferente. Desde su capital hasta el más recóndito de sus pueblos tienen un encanto especial: historia, gastronomía, ocio... Sustantivos que representan una de las zonas más atractivas y visitadas de España.

Su capital, Valencia, así lo demuestra. Desde hace años se ha convertido en el referente del Mediterráneo, conviviendo tradición y modernidad en cada rincón. Una ciudad que mira constantemente al mar, pero dando la mano siempre a lo urbano y cosmopolita. Marzo es el mes preferido por los valencianos: la pólvora y las enormes esculturas de poliestireno en las que han estado trabajando durante todo el año cobran protagonismo. Las Fallas de Valencia son unas fiestas mundialmente reconocidas y el 19 de marzo, su día grande. Ruido ensordecedor y espectáculo callejero. Una celebración a la que hay que ir, por lo menos, una vez en la vida. Y, por supuesto, hablar de esta ciudad es nombrar alguno de sus símbolos más recientes: la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el Museo Príncipe Felipe y el Bioparc, un parque zoológico con una cuidada recreación de hábitats naturales. Cultura y naturaleza, siempre presentes en la vida de los valencianos. Si se visita esta tierra por primera vez, nadie debe perderse los emblemas de la ciudad: la Plaza del Mercado, con la Lonja y el Mercado Central; la Catedral y la Plaza de la Virgen; las Torres de Serranos, consideradas las puertas góticas más grandes de Europa; la Iglesia de San Juan del Hospital, una de las más antiguas de Valencia; el Museo de Bellas Artes San Pío V, con cuadros de El Greco, Velázquez, Murillo y Goya; el Museo Nacional de Cerámica González Martí, y el Monasterio de San Miguel de los Reyes. Para no aburrirse ni un segundo. El arroz ocupa el primer puesto en la cocina valenciana, pero su calidad gastronómica basada en la perfecta fusión de los productos de la huerta y del mar se aprecia en numerosos restaurantes, como Ricard Camarena, Riff , La Sucursal y Vertical, los cuatro con estrella Michelin. Las tradicionales tapas de sepia, clochinas, tellinas o boquerones, guisos de marisco y pescado, como el all i pebre o el suquet de peix, y dulces como los rosetones, el arrop i tallaetes o el arnadí, completan una oferta culinaria con auténtico sabor Mediterráneo. En Valencia también se elaboran excelentes vinos con Denominación de Origen propia como los blancos del Alto Turia y la Serranía, o los tintos de Utiel, Requena y Campo de Liria. Tampoco olvide el típico Agua de Valencia (cóctel a base de zumo de naranja natural y cava) o la horchata, bebida típica del verano, que se toma acompañada de fartons (bizcochos alargados).

LOS ATRACTIVOS DE LA COSTA BLANCA

Las otras dos ciudades capitales de provincia de la comunidad Valenciana también ofrecen numerosos atractivos. Alicante, núcleo principal de la Costa Blanca, es sinónimo de playas y calas de ensueño. Una ciudad con numerosos destinos costeros a su alrededor, pero con un clima y una luz que la enriquecen constantemente. Además, cuenta con el singular Paseo de la Explanada, uno de los lugares más curiosos por su embaldosado en forma de mosaico ondulado de colores rojo, azul y blanco, y que se extiende desde la Puerta del Mar hasta el Parque de Canalejas.

Además, entre sus calles también se disfruta de monumentos como la Iglesia de Santa María, el Museo de la Asegurada o la Concatedral de San Nicolás o las vistas desde el castillo de Santa Bárbara. Los atractivos alicantinos no sólo están en la ciudad. Es COMUNIDAD VALENCIANA una de las provincias que cuenta con más localidades de gran interés: Elche, Torrevieja, Alcoy, Elda, Orihuela, Villena, Petrer y Santa Pola, entre otros, constituyen una riqueza inagotable de sol, playa, cultura y gastronomía. De hecho, sus mejores restaurantes se extienden por toda la provincia: Monastrell (Alicante), L’Escaleta (Cocentaina), Casa Alfonso (Dehesa de Campoamor), La Finca (Elche), Casa Pepa (Ondara) y BonAmb (Jávea), entre otros. Una de estas maravillosas localidades es Elche, ya que forma parte el privilegiado grupo de ciudades Patrimonio de la Humanidad. El Palmeral, de cinco kilómetros y más de 200.000 ejemplares; el Parque Arqueológico de La Alcudia, en el que se encontró la famosa Dama de Elche, y el Misterio d’Elx, una representación sacrolírica de origen medieval y única en el mundo, son algunos de los numerosos enclaves por los que perderse. Otro de los municipios con personalidad propia y que no goza de playas de ensueño es Alcoy, rodeada de los Parques Naturales de la Sierra de Mariola, el Carrascar de la Font Roja, els Plans y la Serreta.

Una ciudad conocida por sus numerosos puentes y su fiesta de Moros y Cristianos, declarada de interés internacional. Y si se busca un lugar con encanto en la provincia y que deje huella en la memoria, El Castell de Guadalest: situado en una pequeña montaña de 595 metros, sus casas encajadas en la roca dominan un valle delimitado por las sierras de Xortà y Serrella, al norte, y la sierra de Aitana, al sur. Gastronomicamente hablando la gamba Roja de Dénia se lleva la palma. Una explosión de sabor marino, que puede difrutar en el restaurante de Quique Dacosta (3 estrellas Michelin) ubicado en esta localidad y que ha llevado a este fruto del mar a adquirir una fama internacional.


Mención aparte merece Benidorm, el rincón alicantino fundamental para entender el turismo de sol y playa de nuestro país, con una gran oferta hotelera, gastronómica y de ocio. La ciudad abre los 365 días al año, 24 horas al día; una localidad con numerosas sorpresas y que se vive lenta o frenéticamente, como se quiera. Si se prefi ere esta opción, los parques temáticos que están junto a la localidad, Terra Mítica, Terra Natura, Mundomar y Aqualandia, son una excelente opción. La diversión está asegurada. En el norte de la Comunidad Autónoma se sitúa Castellón, una provincia con más de 120 kilómetros de playas y aguas cristalinas. Pero sus encantos van más allá de los arenales. Cerca de la capital se localizan tres bellos parajes naturales: el Desierto de las Palmas, ideal para practicar senderismo; las Islas Columbretes, considerado uno de los ecosistemas mejor conservados del Mediterráneo y paraíso del  buceo, y el Parque Natural Ermitorio de la Magdalena, con numerosos valores paisajísticos y culturales, como el Ermitorio o los yacimientos arqueológicos. De vuelta al centro de Castellón de la Plana, nada mejor que pasear entre sus calles, sus históricas plazas (Mayor, Pescadería y Santa Clara) y admirar edificios de todas las épocas y estilos: desde los restos del antiguo Castillo o los vestigios de la torre dels Alçaments, del siglo XVI, hasta las modernas instalaciones que ocupan los edifi cios del IMPIVA, representantes de la arquitectura de vanguardia.

Para imbuirse de las virtudes del mar, nada mejor que el barrio marítimo de El Grao, que alberga el Real Club Náutico, las dársenas de los puertos pesquero y comercial, así como numerosos restaurantes, tiendas, cines y hoteles. Desde aquí parten las mejores excursiones por el Mediterráneo y se puede saborear la auténtica cocina castellonense, con sus chipirones, mejillones, almejas, boquerones y, por supuesto, su gran variedad de arroces (paella, a banda, caldoso...) y su fideuà, realizada con fideo seco.

DIFERENTES PAISAJES

La variedad de paisajes es la nota predominante en la provincia, pero en el mapa los turistas clavan sus miradas en Benicàssim, Oropesa del Mar o Peñíscola, núcleos vacacionales indispensables. Como alternativa a la arena, en estos tres pueblos se halla la Vía Verde Benicàssim-Oropesa, de tan solo cinco kilómetros, que bordea la orilla del mar y que transcurre en el antiguo trazado del ferrocarril entre Valencia y Barcelona. Túneles, torres y trincheras se cruzan en este sorprendente camino.

Cualquier pequeño pueblo es capaz de albergar una magnífica playa, unos excelentes servicios y una riqueza cultural muy destacable. Tierra adentro, destacan enclaves con una historia fascinante, como Morella, con numerosos restos de los iberos, celtas, griegos o romanos; Segorbe, con su castillo y murallas medievales, y Vilafamés, en lo alto de un cerro, con un casco antiguo en el que llama la atención su Roca Grossa, una mole de piedra que se erige a medida que se sube la calle principal. 

NATURALEZA PROTEGIDA

Más allá de la imagen de sobreexplotación urbanística de alguna localización costera, existe en la Comunidad Valenciana un paisaje idílico, en el que los diferentes ecosistemas conviven a lo largo y ancho de su geografía. Aquí, la fauna y la flora mediterráneas son las protagonistas. Serranías, bosques, islas y humedales describen contrastes increíbles. Entre la riqueza de parques naturales, la Albufera de Valencia es uno de los espacios más conocidos y valiosos. A pocos kilómetros de la capital, sus 21.000 hectáreas la convierten en el mayor lago de España, en el que barrancos, acequias y ullals nutren de agua dulce este increíble espacio plagado de arrozales. Además, es un importante lugar de nidificación e invernación de aves migratorias.

También cabe nombrar la Tinença de Benifassà, un parque natural en las antiguas posesiones del monasterio de Benifassà, con espesos bosques de pino negro; las Hoces del Cabriel, en donde el río Cabriel discurre por un área poco transformada y excepcionalmente conservada; el Pou Clar, en Ontinyent, un paraje fl uvial en el que nace el río Clariano; la Sierra de Mariola, con el pico Montcabrer y la microreserva de la Teixera d’Agres, uno de los bosques de tejos más importantes de Europa; la Sierra Calderona, que separa las cuencas de los ríos Palancia y Turia, y en la que se erigen el mirador del Garbí y el pico Montemayor, y el Cim del Penyagolosa, un núcleo montañoso con el Gegant de Pedra y el Cerro Calderón. Innumerables muestras de una insultante belleza natural que recorre de norte a sur la Comunidad Autónoma.



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