Ponemos a remojo las judías adzuki la noche anterior. Al día siguiente las cocemos en una olla exprés durante 30 minutos. En un vaso de batidora ponemos las judías escurridas junto con las ciruelas pasas y añadimos un poco de agua, trituramos con la batidora hasta conseguir una crema untuosa y fluida.
En un bol añadimos el té matcha según indique el envase tamizado con un colador, echamos agua caliente y lo batimos bien con el chasen de bambú. En una jarra ponemos la leche de coco y sacamos espuma con un batidor eléctrico.
En un vaso ponemos una base de 1/3 de la crema dulce de adzuki, añadimos hielo frappé hasta el borde, echamos leche de coco 1/3 más y completamos con el té matcha hasta arriba.
El matcha es una variedad de té verde en polvo que comenzó a elaborarse en China hace unos mil años y que se introdujo en Japón a finales del siglo XII, donde se integró a la perfección en la cultura local, convirtiéndose en todo un arte tradicional desarrollado con el paso de los siglos. Por su parte, las judías adzuki son unas pequeñas legumbres asiáticas de color rojo de unos 5 mm, con las que se elabora una pasta dulce muy típica en la cocina japonesa, que se utiliza en dulces como los mochis o los dorayakis.
En esta receta la tradición y la tecnología se dan la mano. Así, utilizaremos desde un batidor eléctrico para generar espuma en la leche, hasta un chasen, un batidor artesanal japonés hecho de una sola pieza de varillas flexibles de bambú, que se emplea para disolver el té matcha en polvo y poder crear una espuma fina, suave y homogénea.
Para probarlo, lo mezclamos bien con una cuchara y listo. Recuerda que las proporciones las puedes variar a tu gusto.
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