Con el paso del tiempo, estos gatos comunes británicos fueron seleccionándose por su cuerpo robusto, su cabeza redonda y su pelaje denso. En el siglo XIX, cuando comenzaron las primeras exposiciones felinas en Inglaterra, el British Shorthair empezó a consolidarse como raza reconocida y apreciada.
Tras las guerras mundiales, la raza atravesó momentos difíciles y necesitó programas de recuperación para preservar sus características. Hoy es uno de los gatos más populares del mundo y un auténtico símbolo de elegancia tranquila: un felino clásico, sólido y profundamente doméstico.
