Desde que Dom Perignon descubriera su utilidad para cerrar botellas hace ya varios siglos, el corcho ha sido el material más utilizado para finalizar el proceso de embotellamiento del vino. La razón principal de su uso generalizado es su capacidad para mantener al oxígeno alejado del vino preservándolo de la oxidación.
El corcho tiene una vida útil de unos veinte años, durante los cuales mantendrá al vino que protege en óptimas condiciones. Para ello, necesita humedad constante, sólo así mantendrá el vino aislado del oxígeno exterior, esa es la razón de que se recomiende guardar tumbadas las botellas; para que el contacto constante con el líquido, le confiriera al corcho esa humedad que tanto necesita.
Al descorchar una botella, este largo e íntimo contacto entre vino y corcho será el que nos permita, por medio del olfato, tener  una primera información sobre el vino que vamos a degustar.

 

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