‘Riberas’ de nuevo cuño

‘Riberas’ de nuevo cuño

Tras años de búsqueda, Bodegas Dominio de Cair se ha asentado en las mejores viñas de Ribera del Duero, alrededor de La Aguilera (Burgos). Con ellas da cuerpo a vinos que tienen motivos para convertirse en grandes clásicos.

 

Las viñas arraigan con tiempo. A las Bodegas Dominio de Cair les llevó el suyo. Nada de prisas ni de miradas apresuradas al reloj. Había que buscar las mejores viñas de la Ribera de Duero, porque era necesario elaborar el mejor producto posible. Juan Luis Cañas lo tenía claro. Es un hombre del vino y conoce el terruño. Venía de dedicar, como dice él, “una vida entera” a otra bodega de prestigio: Luis Cañas, el proyecto familiar en la Rioja Alavesa. Antes había creado, como un homenaje a su madre, Bodegas Amaren.


Esta pequeña introducción de historia y tiempo sirve para situar a un hombre que vive por y para la viña. Por eso, cuando puso en marcha Dominio de Cair junto con su gran amigo Juan José Iribecampos, sabía que tendría éxito. Conocía muy bien el ofi cio. No era un recién llegado. Y, claro, acertó. Sabía, eso sí, que harían falta algunos ingredientes. Primero, tiempo. “Una bodega de prestigio no se crea en dos días, por el hecho de tener dinero y construir un edifi cio fantástico para el vino”, relata Juan Luis Cañas. “Juan y yo sabemos que si todo va bien quizás nuestros hijos o nietos puedan repartir benefi cios, pero nosotros no”. Y junto al tiempo era necesaria la tierra. Encontrarla llevó varios años. Al fi nal la hallaron en Burgos repartida entre varios términos municipales: La Aguilera, Quintana del Pidio, Gumiel del Mercado y Moradillo de Roa. Situadas entre 800 y 900 metros por encima del nivel del mar, las cepas deben aguantar condiciones extremas. Pocas lluvias, veranos secos y muy calurosos e inviernos largos. Allí el termómetro, insolente, oscila con brusquedad entre el día y la noche. Entre las distintas estaciones.

Esta cartografía del clima y de la tierra da un viñedo muy viejo, de baja producción y situado en laderas. Son fincas (por esa dispersión entre municipios) pequeñas y de terreno pobre. A la vez se han recuperado propuestas antiguas. Nada de utilizar el riego por goteo y cosechar con máquina. Dominio de Cair anda por otros predios.

 

De momento tienen plantadas 70 hectáreas de viñedo, y se elabora cada año lo que permite la viña. Ni más ni menos. En la cosecha de 2008, la primera de la bodega, entraron 105.000 kilos de uva y solo se elaboraron 43.000 botellas de Cair y unas 18 barricas (4.050 litros), que se destinaron a otro caldo de la casa. Es decir, existen límites. Y en Cair están trazados desde el principio. “La bodega no crecerá más”, sentencia Cañas. Pero esto es casi como contar la historia por el fi nal, caminemos de vuelta a las viñas. Este rastro lleva a una viticultura que, necesariamente, tiene que ser respetuosa con el medio para reducir al máximo los residuos y aportar a la planta un sistema defensivo que le ayude a enfrentar por sí misma las plagas naturales: está prohibida la utilización de herbicidas y abonos sintéticos.


En los tiempos de la vendimia, al proceder la uva de varias parcelas pequeñas y diferentes es fundamental una clasificación precisa del fruto y también el conocimiento de que cada terruño acumula cualidades propias. Así que cuando llegan los tiempos de recoger el fruto, la filosofía resuena clara en Bodegas Dominio de Cair. Escuchemos.


Las uvas se vendimian en pequeñas cajas de plástico. De esta forma se evita que se puedan romper. El cuidado es máximo. Después pasan a una doble mesa de selección. En la primera un equipo experto de personas selecciona los racimos a mano. Más tarde, en la segunda, se escogen los granos de uva. Con esta forma de tamizar la calidad se logra que solo los granos perfectos lleguen a los depósitos de elaboración. A partir de ese momento, la madera reclama su protagonismo. Las barricas en las que fermenta y se cría el vino son siempre nuevas. Esto vale también para la fermentación maloláctica (ayuda a rebajar la acidez del vino). En la práctica, la bodega cuenta con 850 barricas, la gran mayoría son de roble americano. Por cierto, pensando en redondear el proyecto se ha edifi cado una bodega de nueva construcción en La Aguilera (Burgos). En ella “se ha priorizado la operatividad y el empleo de los sistemas más modernos de elaboración”, observa Cañas. “De hecho, la zona de recepción, selección y crianza son fantásticas, pero lo que de verdad marca la diferencia es el viñedo” y, también, habría que añadir, el resultado de esas cepas y viñas.

 

“LAS INSTALACIONES DE LA BODEGA SON FANTÁSTICAS, PERO LO QUE MARCA LA DIFERENCIA ES EL VIÑEDO”, CUENTA JUAN LUIS CAÑAS.

 

Pues bien, ese fruto inicial lleva el nombre de Cair. Y ya pueden disfrutar de su añada de 2008 en El Club del Gourmet en El Corte Inglés. Es un magnífi co vino que está elaborado en su totalidad con la variedad tempranillo (tinta del país). Además el calendario juega a su favor. Trabaja con cepas viejas (42 años). Hablamos de una producción pequeña (42.000 botellas) y un tiempo (12 meses) preciso en barrica, por cierto, casi siempre de roble francés. De hecho, con solo un año de vida, ya ha firmado algunos galardones, como el premio Envero 2011 al Mejor Vino de Alta Expresión. El jurado apreció y valoró ese color rojo picota. Y también la contundencia de la nariz. Ahí es intenso. Por eso, la madera y la fruta bailan un perfecto equilibrio dejando en su movimiento notas de cuero, chocolate negro y lácteo. Mientras, en la boca, donde un vino se juega buena parte de su suerte, es amplio, contundente y equilibrado. El tanino, dulce. Y el fi nal largo y persistente.


A su lado, también en El Club del Gourmet en El Corte Inglés, la joya de la corona: Tierras de Cair. Es el vino más alto de la gama de la bodega. Un reserva de 2008 elaborado con uvas tempranillas provenientes de tierras que sufren. Esas que dan muy poca producción y que están plantadas con viñas de más de 60 años. Un caldo envejecido durante 24 meses en barricas nuevas de roble francés y que la botella ha albergado, por lo menos, durante otros 18 meses. Mantiene aromas potentes a frutas, fi nos tostados (chocolate), vainilla, regaliz, yogur, flores silvestres, toques minerales y monte bajo. Máxima elegancia. ¿El final? En la boca resulta fresco y frutal con un paso equilibrado y redondo mientras que los taninos son vivos y nobles. Una joya embotellada a la que la guarda mejorará aún más.

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