Viñas de leyenda

Viñas de leyenda

Es el vino español más prestigioso, a la altura de los mejores del mundo. Fundadas en 1864, las bodegas Vega Sicilia explican gran parte de la historia de las cepas de España. Y desde 1982, con la familia Álvarez al frente, su reputación no cesa de crecer.

 

Vega Sicilia. Dos palabras y un mundo entero. El de la excelencia en el vino. Casi ninguna empresa española ha trascendido tanto. Imposible no conocerla o saber de ella. En España y fuera. Sus viñas y viñedos son leyenda. Pero todo, también las leyendas, tienen un comienzo.


Ese principio posee fecha y lugar, y también nombres. El inicio de Vega Sicilia hay que buscarlo en 1864. Eloy Lecanda hereda de su padre, Toribio, una finca de 985 hectáreas situada en la margen izquierda del Duero, a 15 kilómetros de Peñafi el y a 41 de Valladolid. Toribio la había adquirido unos años antes, en 1848, y En esas tierras y pagos comenzó a elaborar vinos, brandis y ratafías. Sin embargo, su forma de trabajar la viña no era muy avanzada, y será su hijo Eloy el verdadero visionario que fundará las bodegas Vega Sicilia en 1864. Por si tienen curiosidad, el nombre es una versión sincopada y popular del Coto de Santa Cecilia, que era como antes se conocía a la finca.

Pero volvamos al artífice. La revolución enológica de Lecanda consiste —dentro de un mundo poco evolucionado como era el de los vinos en aquellos años— en plantar nuevos tipos de viñas con poco arraigo por esa zona: pinot noir, malbec y cabernet sauvignon.

Pasan los días y el almanaque prosigue su marcha. En 1905 llega a la bodega otro gran cambio: el enólogo Txomin Garramiola. Nacido en 1878 en Markina (Vizcaya) transforma la manera de elaborar los vinos. Opta por una crianza que no baja de los siete años. Este envejecimiento largo en madera de roble es una de las señas de identidad que ha mantenido Vega Sicilia en los últimos cien años. Con él también llegan algunos de los primeros galardones para la bodega, como el concedido en 1929 durante la Exposición Universal de Barcelona. Los vinos, la empresa y el proyecto toman cuerpo. Junto a este innovador de la enología surge otro nombre que marca ese tránsito hacia la modernidad: Jesús Anadón.Era 1952. En aquel momento Vega Sicilia pertenece a la empresa de semillas Prodes.

Desvinculado ya de la firma agrícola, Anadón estará durante casi 40 años al frente de los vinos de la bodega. Mira a su alrededor y apuesta por el terruño, por la riqueza natural de la fi nca y por la elaboración de vinos únicos. “El bueno de Jesús Anadón solía decir que no sabía en qué consistía, pero que algo pasaba aquí: el clima, el suelo, la cepa..., algo había que hacía distintos a los vinos”, recuerda Pablo Álvarez, actual consejero delegado de la bodega Aun así, en 1966 Vega Sicilia se vuelve a vender. Ahora la adquiere la familia checa emigrada a Venezuela Neumann Svaton. Suya es la gestión de las viñas hasta que en 1982, por un golpe de azar, aparecen los Álvarez. En principio iban a ser los mediadores entre los empresarios venezolanos y un grupo de inversores suizos e ingleses interesados en las viñas.
 

No fue así. Se quedaron con ellas. Con la fi nca bajo su propiedad, la familia Álvarez —a través de su grupo de empresas Eulen— decidió que Vega Sicilia abandonara otras explotaciones agrarias y se dedicara solo a la elaboración de grandes vinos. Así, con el tiempo, se han ido incorporando las bodegas Alion (Ribera), Oremus (Hungría), Pintia (Toro) y Benjamin de Rothschild- Vega Sicilia (Rioja). También ha habido cambios en la identidad corporativa. Se ha creado Tempos Vega Sicilia, que identifi ca a todos los vinos de la empresa. Unos caldos que salen al mercado con cifras concretas. Nunca más de 330.000 botellas de las que solo 130.000 corresponden al Único, verdadero baluarte de la marca, aunque estos números varían en función de las cosechas. Lo que no cambia son los afortunados (como los compradores del Club del Gourmet en El Corte Inglés) que pueden acceder a la compra directa por un sistema de cupos. Unos 4.500 clientes repartidos en 110 países de todo el mundo. Eso sí, muchas veces la demanda multiplica diez veces la oferta. El peaje de la leyenda.

 

LA REVOLUCIÓN ENOLÓGICA DE LECANDA, FUNDADOR DE LA BODEGA EN 1864, CONSISTE EN PLANTAR TIPOS DE VIÑA CON POCO ARRAIGO EN ESA ZONA

 

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