Cuando la mar encontró a la tierra

Cuando la mar encontró a la tierra

El encuentro entre la patata y la sal. Océano y montaña. Esto es lo que proponen las Patatas Chips Sal de Ibiza. Un aperitivo perfecto, suavemente dorado con aceite de girasol.

La sal en Ibiza es tan consustancial a su identidad como el agua o el sol. Por eso quizá no sea casualidad que su existencia esté íntimamente ligada a esos dos elementos. Algo que se sabe desde hace más de 2.700 años. Los primeros en aprenderlo fueron los cartagineses, pueblo viajero y comerciante. Ese fue el comienzo, tras la Reconquista, en 1235, las salinas ibicencas crecieron en calidad y en volumen de sal extraída. De hecho, en aquellos tiempos, se vendían unas 25.000 toneladas de la Sal de Ibiza cuya función de conservar la carne era fundamental para infinidad de pueblos marineros. La sal se había convertido en el gran plácet a la hora de construir relaciones con potencias medievales como Venecia, Florencia o Génova. Después de la guerra de sucesión española, en 1715, las salinas quedan en manos de la Corona. La extracción no se detiene. Sigue en marcha hasta finales del siglo XIX, pero para entonces la producción cae hasta las 7.000 toneladas al año.

ESPACIO PROTEGIDO
La historia, claro, tampoco se para. Sigue descontando páginas. En 1871 las salinas se vendieron por un millón de pesetas (nueve millones de euros de nuestros días) a dos empresarios mallorquines. Siete años después, estos emprendedores fundaron la Fábrica de la Sal de Ibiza. Es tiempo de crecimiento. Se ponen en marcha mil nuevos puestos de trabajo y la producción avanza a las 32.000 toneladas. En 1888 ya serían 50.000.

Hasta aquí, el pasado. El presente nos habla de la naturaleza y de su “fabricación”. Esta sal marina se extrae del espacio protegido Parc Natural de ses Salines d’Eivissa con métodos muy parecidos a los que utilizaban los cartagineses y los romanos. Es una sal marina totalmente natural, que es el resultado de la unión entre sabiduría ancestral, sol, mar y un viento suave, ligero, que se encarga de crear una sal exquisita en cuyo interior se alberga el origen del océano.

De esa poética forma se puede describir,por ejemplo, a la Flor de Sal. La formulación más clásica de esta sal ibicenca. Y a esas palabras se podrían añadir otras, que hablan de colores, aromas y sabores. Blanca, pero con trazas rosadas —y con un sabor sutil y aromático—, contiene más de 80 minerales y elementos esenciales, como magnesio, iodo, selenio y flúor. Cristales que en la boca se deshacen. Y justo, en ese momento, es cuando revelan todo su sabor.

Pues bien, cuando esta sal se une a la patata crea un producto único: las chips a la Flor de Sal de Ibiza. Los ingredientes son sencillos. Unas patatas de primera calidad doradas con aceite de girasol a las que se les añaden un toque de Flor de Sal de Ibiza. Un aperitivo perfecto en el cual halla su punto de encuentro la tierra (patata) y el mar (sal). Una combinación perfecta.

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