México. Ruta colorista con todo el sabor

México. Ruta colorista con todo el sabor

Pocos puntos del planeta permanecen en la memoria como México. Una tierra que abre los brazos a los visitantes y derrocha amabilidad en cada rincón. La puerta que separa las tradiciones anglosajona y latina se abre al mundo con esa exquisita combinación de vestigios culturales y naturales.


Resulta tan difícil describir su naturaleza como recorrer toda su riqueza cultural en un mes. México, que ronda los 120 millones de personas (undécimo más poblado del mundo), goza de una heterogeneidad única y un pasado enorme y singular. No es de extrañar que sea el mayor destino turístico de América Latina porque su legado es innumerable: cuenta con más de 11.000 kilómetros de costa, 32 lugares considerados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, 200.000 especies animales diferentes, más de 170.000 kilómetros cuadrados de Áreas Naturales Protegidas, incluidas 34 reservas de la biosfera, 64 parques nacionales, 4 monumentos naturales y 17 santuarios, entre otros muchos atractivos una riqueza que difícilmente se puede contemplar en otra parte del mundo. México es diferente. Sus 32 estados (contando su capital, Distrito Federal, como uno de ellos) son a cada cual más auténtico, más colorido. Un país que enamora en cada uno de sus rincones y que supone la entrada al mundo anglosajón. Esta gran frontera natural con Estados Unidos, de 3.200 kilómetros, separa dos mundos con muchos aspectos en común. De hecho, a principios del siglo XIX, California, Nuevo México y Texas pertenecían al país latino.



DESCUBRIENDO EL NORTE

La región norte es, posiblemente, la más desconocida en España. La Península de Baja California y Sierra Madre (Occidental y Oriental) dominan una tierra con clara infl uencia estadounidense.

En Baja California la riqueza natural y cultural es atronadora. Sus playas ofrecen una atractiva oferta turística, como el avistamiento de ballenas grises y tiburones blancos. Tanto Mexicali, la capital, como Tijuana se han convertido en las favoritas para los que gustan de las compras. Pero para los amantes de los deportes extremos, de las aves, de la arquitectura o de los plácidos viajes en tren Ensenada, Tecate y Rosarito son las mejores opciones. En Baja California Sur, los dos pueblos más emblemáticos son Loreto y Toros Santos. El primero cuenta con magnetismos coloniales, como la misión de Nuestra Señora de Loreto, y naturales, como el Parque Nacional Bahía de Loreto. Todos Santos es un oasis en una Península casi desértica, en la que sobresalen sus playas. Aquí se encuentra el Hotel California que inmortalizaron The Eagles. Sin olvidar, por supuesto, La Paz, capital y símbolo de la tranquilidad, y Los Cabos: San José de los Cabos, típico pueblo mexicano, y Cabo San Lucas, el lugar ideal para disfrutar de la fiesta.

Rodeado de mar, montañas y desierto, el Estado de Sonora asoma desde su capital, Hermosillo, un lugar idóneo para las vacaciones familiares, en el que los niños se lo pasarán en grande con las numerosas exhibiciones que se realizan en sus parques y jardines.

Álamos constituye un paraíso para los amantes de la carne. Ya sea la de corte tradicional, como la machaca (carne deshidratada) o el picadillo, acompañado de bacanora, la bebida local por excelencia. Otros viajeros prefieren Magdalena de Kino, un pequeño enclave en el que perderse por su Corredor Histórico Cultural y por su atardecer en el desierto.
 

CHIHUAHUA PRESUME DE SUS CONSTRUCCIONES COLONIALES Y DE FINALES DEL SIGLO XIX

 

En el corazón de Sierra Madre, el Estado de Chihuahua. En la capital homónima se erigen numerosas construcciones coloniales y de finales del siglo XIX. Y si hay apetito después de patear sus calles, nada mejor que los tradicionales burritos de chile colorado, chicharrón en salsa verde, carne deshebrada y chile relleno. Otra visita obligada es Creel, una localidad que recuerda al lejano oeste y desde donde se puede conocer la Sierra Tarahumara, viajar en el famoso tren El Chepe y aventurarse por las Barrancas del Cobre. Un destino para acercarse a las costumbres indígenas. En Coahuila, el siguiente Estado norteño, se vislumbran enormes paisajes naturales, como el Área Natural Protegida de Cuatrociérnagas, en cuyo pueblo conviven cantinas del siglo pasado y museos que detallan la historia de la región. Y para los amantes del vino, Parras de la Fuente, con los viñedos más antiguos de América. Ningún sitio mejor para saborearlo.


EL PACÍFICO, PROTAGONISTA


El océano Pacífico acaricia Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero y Oaxaca. Aunque se piense en ellos como destinos de sol y playa, esta costa tiene numerosos encantos mar adentro. Pero vayamos al puerto: la visita comienza a bordo del Barco del amor de la mítica serie Vacaciones en el mar, aquel que arribaba a Puerto Vallarta, localidad del Estado de Jalisco. Situada en Bahía de Banderas, sus calles empedradas y sus casas de adobe de tejados rojos resaltan la elegancia del estilo colonial mexicano. Una estética que cuidan hasta el mínimo detalle las autoridades municipales. Jalisco es, sin duda, uno de los símbolos de México. Cuenta con 125 municipios de gran interés para los turistas, entre los que destacan su capital, Guadalajara, Lagos de Moreno, San Juan de los Lagos, Zapopan, Tlaquepaque, Tonolá, Tapalpa, Mazamitla y el singular Tequila, conocido por la popular bebida.

Morelia es la más relevante de las seis regiones de Michoacán, un estado que derrocha vestigios culturales. En esta tierra de tradiciones variopintas se puede observar el fenómeno natural de las mariposas monarca, que año tras año emigran desde Canadá, y vivir el inigualable Día de Muertos en Janitzio, donde el lago de Pátzcuaro se llena de luces de velas y la gente camina hacia el cementerio cubierto de ofrendas y flores.

Colima, por su parte, no acaba en la capital, denominada La Ciudad de las Palmeras. Dos ejemplos sonoros (y tan fotografi ables como aquella): Manzanillo alberga el puerto comercial más grande de México, y todas las casas de Comala son de color blanco y tejados rojos, y sus calles, empedradas. Merece la pena algo más que una parada. Guerrero es sumamente popular entre los turistas, ya que cuenta con uno de los puertos más legendarios de México: Acapulco. La bahía forma parte del llamado Triángulo del sol, área en la que tanejo y Taxco de Alarcón. En Oaxaca, por último, se puede practicar deportes acuáticos como el surf y el snorkel, visitar santuarios de tortugas, avistar ballenas y disfrutar de sus playas y su comida típica, ya sea en mercados callejeros o en restaurantes de alta cocina: chapulines, el mole oaxaqueño, tamalitos y memelas, carne de iguana (hay que probarla), huevos de tortuga, garnachas y la famosa agua de ciruela.


DISTRITO FEDERAL, LA GRAN CAPITAL

El bullicio es la postal inherente a la capital de México. El Distrito Federal, centro neurálgico del país, tiene casi 9 millones de habitantes (más de 21 millones si se cuenta toda la zona metropolitana del valle de México). Su gran riqueza histórica se desparrama en dos áreas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: el casco y el Parque Ecológico de Xochimilco. En el primero, ubicado en la famosa plaza de la Constitución, se erigen monumentos coloniales como la Catedral Metropolitana y el Palacio Nacional, ruinas prehispánicas como el Templo Mayor y edificaciones contemporáneas como el Palacio de Bellas Artes o la Torre Latinoamericana, de 204 metros de altura. Por su parte, Xochimilco es considerado como La Venecia mexicana, gracias a esos canales que se recorren a bordo de una trajinera. Pero hay mucho más: el barrio de Coyoacán, la basílica de Guadalupe o la zona de La Condesa, comparable al Soho neoyorquino o al barrio latino parisiense. La capital está situada en el Estado de México, que cuenta con preciosos pueblos por los que deambular, como El Oro, Malinalco o Tepotzotlán.


LEJOS DEL MAR
El centro del país, donde la arena de la playa ya no es protagonista, existen multitud de asentamientos de una riqueza visual impresionante, como en los Estados de Aguascalientes, con su capital y las pintorescas localidades de Calvillo y Real de Asientos; Guanajuato, con hermosos tesoros como Dolores Hidalgo, Jalpa de Cánovas, Mineral de Pozos, Salvatierra o Yuriria; Hidalgo, con Mineral del Chico o Real del Monte, y Morelos, con Tepoztlán, o Tlayacapan. La esencia de la vida mexicana en unos pueblos que se han ganado el apellido de “mágicos”. Mención especial merece Puebla, un tesoro colonial con cinco joyas arquitectónicas: la Catedral, el Palacio Municipal, la Biblioteca Palafoxiana, la Casa del Alfeñique o el Centro Cultural Cívico 5 de mayo. Y, su tradición culinaria –“es pecado”, dicen los lugareños–, con mezcla de sabores indígenas, españoles y franceses. El plato universal, el mole poblano, agita ingredientes en la preparación de una salsa de fama mundial. Como sus postres: tortitas de Santa Clara, camotes, dulce de pepita, jamoncillos...


EN PUEBLA, DONDE EL MOLE POBLANO, DICEN QUE SU GASTRONOMÍA “ES PECADO”

 

Rumbo al sur, la Península de Yucatán es una de las zonas más frecuentadas. A lo largo de los EsEl Día de Muertos se conmemora en todo el país, pero es especialmente colorista en Janitzio, Michoacán. En Yucatán conviven los vestigios mayas de Uxmal con la gastronomía más colorista y el deporte en los cenotes milenarios.


Si lo que se busca es un destino mexicano paradisiaco, todos los catálogos marcan en rojo Quintana Roo. De norte a sur, este Estado bañado por el mar Caribe ofrece una belleza natural imponente en medio de un ambiente lleno de historia y diversión. Aquí es donde se encuentran la Riviera Maya y Cancún. Sol, olas, arrecifes... a lo largo de 120 kilómetros de paisajes increíbles. El destino abarca desde Puerto Morelas hasta Carrillo Puerto, en el corazón de la Reserva de la Biosfera de Sián Ka’an. Playa del Secreto, Playa Carmen, Xcaret, Puerto Aventuras, las grutas de Aktun Chen, Xel-Há y Tulum son algunos de sus muchos atractivos. Cancún, por su parte, es considerado la entrada al mundo Maya, una ciudad desarrollada específicamente con fi nes turísticos. Aquí nada defrauda, desde sus paisajes naturales, sus actividades de aventura o su oferta cultural, hasta la amabilidad en sus gentes en el servicio al visitante. Más de tres millones de visitas anuales avalan el destino vacacional más importante de America Latina.


 

 

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