EL OCÉANO HA MARCADO LA HISTORIA Y LA CULTURA DEL PAÍS MÁS OCCIDENTAL DE EUROPA, CUNA DE GRANDES NAVEGANTES Y DESCUBRIDORES. LA GASTRONOMÍA LUSA ES, ADEMÁS DE SORPRENDENTE, UNA DE LAS MÁS APRECIADAS.

Con una excepcional situación geográfica en la costa oeste de Europa, la proximidad al mar de Portugal determinó los descubrimientos marítimos en los que el país luso fue pionero, al conectar todos los continentes, poniendo en marcha la primera globalización.

Hoy en día, Portugal siente orgullo de las influencias que ha asimilado –visibles en gran parte de su patrimonio y el carácter generoso de sus gentes– pero también de la marca que dejó en otros países y en otros continentes, donde el portugués es hablado por más de 200 millones de personas.

En un territorio de sólo 92.000 kilómetros cuadrados, la riqueza histórica y cultural y la variedad de paisajes es tan grande que el visitante encuentra una multitud de experiencias siempre a corta distancia, tanto si se encuentra en la montaña como en el mar, en la ciudad o en una aldea histórica del interior.

En la costa oeste del país se encuentran extensiones de arena abiertas y un mar revitalizante, con pequeñas bahías y calas donde puede sentirse un explorador. Hacia el sur, las aguas son más tranquilas y cálidas, propicias para quien disfruta con el calor y tomar el sol relajadamente. En el centro, Figueira da Foz tiene un arenal en el que se pierde la vista, mientras en São Martinho do Porto el mar se abriga y recoge en una auténtica concha.

De ocio o de competición, la oferta deportiva lusa combina aventura y emoción. Sus aguas son escenarios ideales para la práctica de todo tipo deportes de tierra, mar y aire, como la bajada del río Minho en canoa, en el norte. Sus cielos dan la oportunidad de volar como un pájaro. En plena Sierra de la Estrela se encuentra Linhares da Beira, considerada como la "catedral" del parapente y único destino de nieve en Portugal.

DELICIAS CELESTIALES.

Los dulces, cuyas raíces se pierden en los conventos donde se elaboraban, hacen que, todavía hoy, demos "gracias al cielo". En épocas pasadas, los conventos rivalizaban entre sí para distinguirse en el arte de la repostería y los resultados son... ¡divinos! Barrigas de freira, ovosmoles, Dom Rodrigo y pasteles de Santa Clara, son dulces concebidos en el cielo que le van a entusiasmar. Pero aún hay más.

Entre los famosos pasteles de Belém, en Lisboa, cuya receta, aún hoy, esuno de los secretos mejor guardados del mundo, destacan el flan del Abade de Priscos, la creación de uno de los mejores cocineros portugueses del siglo XIX a base de huevos y grasa de cerdo sazonados con vino de Oporto, limón y canela; y el tocino de cielo, que utiliza prodigiosamente las especias. La sericaia de Elvas, una receta traída de Oriente por un gobernador portugués de la India del siglo XVI y el pastel de mel-de-cana de Madeira, dulce que unió la caña de azúcar a las especias europeas, son otras de las especialidades de la artística repostería portuguesa que no puede perderse. Bodega surtida Cada plato exige un vino determinado como acompañamiento.

 Hay vinos por todo el país, y si el de Porto tiene mucha fama, los tintos del Douro, de Alentejo y tantos otros no se quedan atrás. A través de las rutas de los vinos de Portugal podrá realizar magníficas excursiones. En el norte, en el centro o en el sur, entre en contacto con el cultivo y la crianza del vino, una actividad que se realiza desde tiempos inmemoriales: desde el Minho, verde y exuberante, donde el vino verde crece en parras, hasta las terrazas del Duero, la región delimitada más antigua del mundo, cuna del famoso Porto.La Ruta del Vino de Porto tiene la singularidadde poder hacerse en coche tren o barco, ya que el río es navegable desde Porto hasta Barca d''Alva, frontera con España.

Déjese seducir por el paisaje del Duero: los valles, el río serpenteante, las viñas en bancales escalonados, el aire puro... Y aproveche para visitar algunas fincas productoras de vino del Duero y de Porto, tales como Quinta do Seixo, Quinta do Vale Meão o Quinta do Crasto.

Uno de los paseos más agradables transcurre por la desembocadura del río Duero, la bonita ciudad de Porto y las bodegas del famoso vino. Una forma de visitar esta zona, pero volviendo la vista atrás en el tiempo es tomar un barco rabelo, con parada en el muelle de Gaia, hasta Régua, donde podrá coger el antiguo tren a vapor. En pleno centro de Portugal, las rutas de los vinos recorren ciudades y pueblos históricos. Desde el interior, donde el río Dão fluye de forma angosta entre montañas, hasta el litoral de lagunas y extensos arenales, encontramos dos rutas en el centro de Portugal. Ocupan áreas especialmente fértiles para la vid, en las que documentos del siglo XII ya 18 hablaban de la excelencia de los vinos producidos aquí, como el Dão, famoso desde la fundación de Portugal, y el vino de Bairrada, excelente para acompañar el cochinillo. Un recorrido monumental comienza en el rico patrimonio de Viseu, donde predomina el granito, e incluye Coimbra, la ciudad de estudiantes junto al río Mondego. Más al sur, las rutas cercanas a la capital también ofrecen los aires del mar. A lo largo del río Tajo, los vinos de Ribatejo se extienden desde Lisboa hasta el Zêzere y las playas. La calidad de los caldos de Ribatejo se debe a la fertilidad de las lezírias, donde también pastan toros y caballos.

La naturaleza dotó a esta región de parques y reservas naturales, grutas calcáreas y cursos de agua ideales para deportes náuticos, como la apacible presa de Castelo de Bode. A su alrededor, custodian valiosas joyas del patrimonio nacional como el convento de Cristo, en la preciosa ciudad de Tomar, el monasterio de Batalha o el monasterio de Alcobaça.. Finalmente, la ruta del vino del Alentejo se extiende por las planicies de la región, caracterizada por el calor y la fuerza de sus tierras. Aquí son obligatorias las visitas de las magníficas ciudades de Évora y Beja, así como las paradas en aldeas tan encantadoras como Monsaraz, Évoramonte o Marvão.

Por todo esto, es imprescindible descubrir Portugal. Una tierra de sol y mar, en el que la oferta cultural es tan variada y diferente como sus distintas regiones: desde las recoletas calles profusamente adornadas con coloridos azulejos, a las colecciones de arte contemporáneo de Lisboa, Oporto o Elvas. Un lugar donde predominan paisajes majestuosos y sobrecogedores como los de Sintra, Douro o las islas atlánticas de Madeira y Azores. Un país con una gastronomía única y unos vinos excelentes, que acompañan en plenitud y armonía los auténticos momentos de placer vividos durante la visita a cualquiera de los puntos de la geografía portuguesa.

OTROS INGREDIENTES.

El aceite portugués, de gran calidad, está siempre presente y acompaña todas las recetas de bacalao (¡dicen que hay 1.001!), en cuya preparación nadie supera los portugueses. Cocinado seco, debido al tiempo que tardaba en llegar a la mesa desde que era pescado en parajes lejanos, también él trae notas atlánticas a la cocina portuguesa.

En cuanto a los platos de carne, una sugerencia típica del país: el célebre cocido a la portuguesa, mezcla de carnes y verduras sabrosamente cocidas. Si está en el norte, también puede saborear los callos al estilo de Oporto, una variedad de feijoada (especie de fabada), que tambiénse puede hacer a la transmontana, en el interior de la región. ¡Y los quesos! Se sorprenderá con la calidad y variedad de quesos que va encontrar en Portugal. Ya sean de oveja, vaca o cabra, los quesos portugueses son muy apreciados. Degustar un mantecoso queso Serra da Estrela o un Nisa, de pasta semidura, acompañados de un buen vino, es una experiencia que nunca olvidará. El queso de Azeitão, de Serpa y el Terrincho, acompañados de vino de Porto, le mostrarán porqué el matrimonio entre los quesos y los vinos portugueses es perfecto. Más picantes,los quesos de la Beira Baixa y do Pico, en las Azores, se consumen normalmente como postre o de entrada. Y la fondue del queso São Jorge, que llega a pesar entre 8 y 12 kilos, es exquisita.

CARÁCTER MARÍTIMO.

En el país vecino se cultiva el placer de la buena mesa, que se comparte con familiares y amigos. Por la gran diversidad paisajística y cultural, la gastronomía presenta una amplia variedad de usos, recetas y materias primas.

Al disponer de una vasta costa, el mar es el que imprime sus características más destacadas a la gastronomía portuguesa. Saboree un sencillo pescado a la parrilla, siempre fresquísimo, igual que el marisco que abunda en todo el litoral. Un arroz con marisco o con pescado también es una elección acertada. La centolla rellena y la sopa de langosta de Estoril (Región de Lisboa) o las ostras de Cacela Velha (Algarve) son especialidades que se deben probar en el propio lugar.

Algunos de los platos más típicos son la caldeirada, elaborada con diferentes pescados de mar; el salmonete, la dorada o el lenguado a la brasa y la açorda de sable. No se olvide de probar el atún en el Algarve y el pez espada negro en Madeira.

PARAÍSOS CERCANOS.

Piérdase en los arenales paradisíacos del Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina. Recorra caminos de flores de mil y un colores por la extensión de costa mejor preservada de Europa. En el Cabo de San Vicente descubra porqué, en la antigüedad, se pensaba que éste era el «fin del mundo». Al sur, explore el Algarve, con su increíble patrimonio natural y artístico, visitando todos aquellos lugares que aportan a esta región algo más que sol y diversión junto al mar. El archipiélago de las Azores, a casi 1.400 kilómetros del continente, son nueve islas de aventura, con delfines y ballenas saltando en el mar; paisajes de naturaleza volcánica cubierta de verde; macizos de hortensias lilas que demarcan los pastos; lagunas azules y verdes y cráteres de volcanes extinguidos entre muchas otras maravillas.

Si busca un destino de exquisitez y sofisticación en una naturaleza de vegetación lujuriante, Madeira es una excelente elección. Un archipiélago subtropical en plena Europa, con una naturaleza tan exuberante como el bosque de laurisilva –clasificado Patrimonio de la Humanidad–, o las flores y frutos exóticos compiten en variedad y colorido. Sus acantilados increíbles son de quitar la respiración y una de las imágenes de marca de la región. Todos los motivos anteriormente expuestos hacen de Portugal un país fascinante. Pero falta uno no menos importante y sorprendente: su gastronomía, una de las más apreciadas del mundo.

CIUDADES CON ENCANTO.

El Douro domina las tierras del norte, una región histórica y llena de magia. Las aguas del río bajan de las montañas de Tras-os-Montes hacia la cosmopolita Oporto. La ciudad se alza majestosamente en laderas agrestes cercanas a la desembocadura del río. A un lado, se alzan las casas desordenadas del muelle y sus calles tortuosas, declarado Patrimonio de la Humanidad; al otro, las bodegas del famoso vino de Porto.

Las aldeas del centro del país son guardianas de las antiguas tradiciones y las leyendas sobre conquistas. Levantadas en granito y pizarra, se descubren a lo lejos por sus altivas torres y sus castillos medievales. Hoy, son pacíficas y mantienen en las piedras de sus calles y casas lo más genuino de Portugal: la autenticidad de su pueblo y el orgullo de una historia de 900 años.

Lisboa se extiende sobre encantadoras colinas, disfrutando de una situación geográfica incomparable, a la que debe su destino de ciudad cosmopolita. Su luz excepcional, que ha hechizado a escritores, fotógrafos y cineastas; la amalgama de casas que trepa sobre las colinas, donde resalta el color ocre de los tejados; la policromía de los azulejos de las fachadas y las callejuelas tortuosas de los barrios antiguos, le confieren la peculiar atmósfera de ciudad de transición entre el norte europeo y el sur mediterráneo.

El aceite de oliva acompaña a las 1.001 recetas de bacalao, en cuya elaboración nadie supera a los portugueses.

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