En verano, más que nunca, una buena hidratación resulta vital. El agua cumple su función, pero es igual de saludable y más divertido tomarla con alguna infusión. Hay variedades muy refrescantes para beber, frías o con hielo. 

Té fresquito

Sed de té

No falla. En cuanto asoma la primera ola de calor, los informativos nos recuerdan en bucle la importancia de una buena hidratación. Un modo saludable, sabroso y sencillo de hacerlo es recurrir a los tés helados, más saludables que las bebidas carbonatadas. Un dato: el número de moléculas de agua que nuestro cuerpo necesita para metabolizar la cantidad de azúcar que ingerimos con las bebidas industriales es superior a las moléculas de agua que estas aportan. Por eso enseguida volvemos a tener sed.

Un té (por favor, no es momento de imaginar una taza humeante en Windsor), contiene solo dos calorías. Podemos tomarlo frío o helado y elegir la variedad que más nos guste. En verano, claro, mejor decantarse por aquellos que tienen un sabor refrescante (con menta, los cítricos, frutos rojos, jengibre…). También conviene que sean suaves para que no tengamos que abusar del azúcar con el fin de endulzarlos. La preparación no puede ser más sencilla, aunque, Palais des Thés nos ofrece ciertas claves. Infusionamos las hojas en el agua a temperatura ambiente. La duración mínima de infusión oscila entre 30 minutos y varias horas, según el tipo de té (verde, negro, de origen o perfumado) o de la infusión. Después, retiramos las hojas, metemos la bebida en la nevera, y la dejamos reposar hasta la degustación. También se puede hervir el agua, pero la infusión en frío ayuda a disminuir la concentración de teína y a la vez consigue que conserve el sabor durante más tiempo. Si queremos personalizarlo, podemos añadir trozos de fruta, hierbas aromáticas (menta, albahaca…), especias (vainilla, canela, clavo…). Una idea para conquistar a los niños? Infusionar el té en limonada. Les dejará helados. 

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