Espárragos verdes IV

Espárragos verdes IV

Nuestras huertas guardan celosamente ciertas joyas gastronómicas por las que cualquier exigente paladar perdería la cordura. Éste es el caso del espárrago verde, una hortaliza histórica, deliciosa y, sobre todo, muy saludable.

El tesoro de la huerta

Buscando en el tiempo y el espacio el origen del cultivo del espárrago, varias teorías apuntan a que los egipcios ya los consumían en el 3.000 a.C. Heredero de este espárrago triguero, que crece de forma salvaje, llega hasta nuestra mesa uno de los más suculentos y ricos frutos hortícolas: el espárrago verde. Esta variedad concede a los espárragos que surgen de la tierra espontáneamente la posibilidad de ser cultivados de forma controlada para ofrecer todas las garantías exigidas para el consumo humano. Se compone de un vástago o turión alargado, adornado en su punta por pequeñas hojas con forma de escamas de color verde y cuya yema resulta comestible, carnosa y exquisita.

A diferencia del espárrago blanco, el verde debe pelarse sólo cuando su piel es demasiado gruesa o presenta mal aspecto. Generalmente basta con cortar los extremos inferiores y pelar finamente sólo el tercio del espárrago para consumirlos a la plancha, en revueltos o fritos e, incluso, como ingrediente de elaboradas recetas. Además de delicioso, resulta un magnífico depurativo con escasas calorías, diurético y que contiene un extracto que sirve para normalizar la circulación sanguínea cuando estamos nerviosos. Vamos, ¡todo un tesoro!

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