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Organizar una boda es emocionante, pero también puede conseguir que todas las conversaciones terminen hablando de invitados, proveedores, presupuestos o centros de mesa. Por eso, durante los preparativos, conviene reservar momentos en los que esté prohibido hablar de la boda. O, al menos, intentarlo durante más de veinte minutos.
El eclipse de sol del próximo 12 de agosto ofrece una excusa perfecta para preparar una cita especial. El fenómeno podrá contemplarse desde España al final de la tarde y coincidirá, en muchas zonas, con la puesta de sol. Un escenario poco habitual que invita a buscar un lugar tranquilo, extender una manta y disfrutar del espectáculo en pareja.
No hace falta organizar una gran escapada ni conducir durante horas. Puede ser un mirador cercano, una zona de campo, una playa con el horizonte despejado o algún rincón elevado desde el que se vea bien el oeste. Lo importante es comprobar previamente la visibilidad desde vuestra localidad y llegar con tiempo. Improvisar tiene su encanto, pero dar vueltas buscando aparcamiento mientras empieza el eclipse resulta bastante menos romántico.
La idea no consiste únicamente en observar el cielo. Se trata de crear una pausa dentro de los preparativos y recuperar, durante unas horas, esa sensación de estar organizando algo bonito juntos, no de gestionar una empresa con fecha de inauguración.
Podéis preparar una cesta de pícnic, elegir una lista de canciones y llevar una manta grande, un par de cojines y alguna prenda ligera para cuando baje la temperatura.
Antes de salir, consultad el horario exacto del eclipse en vuestra zona y la previsión meteorológica. Conviene escoger un lugar autorizado, seguro y alejado de obstáculos como edificios, árboles o montañas.
Además, si pensáis acudir a un espacio natural, procurad dejarlo exactamente como lo encontrasteis. Todo lo que llegue en la cesta debe regresar con vosotros, salvo la comida, naturalmente.
Para observar el fenómeno necesitaréis gafas especiales para eclipses que cumplan la normativa correspondiente. Las gafas de sol normales no protegen los ojos, aunque sean muy oscuras o queden estupendamente en las fotografías.
Tampoco se debe mirar directamente al sol mediante cámaras, telescopios o prismáticos sin filtros solares adecuados. Conviene comprar la protección con antelación y comprobar que no tenga arañazos o desperfectos.
Para la ocasión, podéis preparar un pícnic de inspiración mediterránea, fácil de transportar y lo bastante especial como para que la velada no parezca una merienda improvisada.
Como aperitivo, llevad unas aceitunas aliñadas, almendras tostadas y una selección de quesos acompañados de uvas, higos o melocotón. Guardad los alimentos que necesiten refrigeración dentro de una nevera portátil con acumuladores de frío.
Como plato principal, una focaccia rellena resulta práctica y apetecible. Podéis prepararla con mozzarella, tomates secos, rúcula y pesto, o elegir una combinación de jamón ibérico, queso curado y pimientos asados. Otra posibilidad es llevar pequeñas tartaletas saladas, una ensalada de pasta con verduras asadas o un gazpacho bien frío servido en vasos con tapa. Son opciones que pueden comerse de manera sencilla mientras permiten disfrutar del paisaje.
Para brindar, elegid una bebida que podáis mantener fresca: agua con rodajas de cítricos y hierbabuena, limonada casera, mosto espumoso o una botella de cava si después no vais a conducir. Unas copas reutilizables aportarán un toque más cuidado y evitarán llevar cristal a espacios naturales.
El postre merece un pequeño protagonismo. Una caja con fresas cubiertas de chocolate, macarons, mini tartas de limón o trufas puede convertirse en el cierre perfecto. También podéis llevar una porción del dulce que os acompañó en vuestra primera cita o comprar dos unidades de ese postre que siempre termináis compartiendo, aunque al principio cada uno asegure que no quiere.
Por último, llevad servilletas, vasos reutilizables y una bolsa para recoger los residuos. No parece la parte más glamurosa del plan, pero se agradece cuando llega el momento de volver a casa.
Podéis brindar por lo que estáis preparando, hacer alguna fotografía del momento o guardar los móviles durante un rato y observar cómo cambia la luz. Incluso podéis escribir una frase sobre aquello que más ilusión os hace de vuestra futura vida juntos. Guardad ambas notas en un sobre y abridlo en vuestro primer aniversario.
Porque la boda será un día importante, pero la historia también se construye con estos planes pequeños: una manta, algo delicioso, una conversación sin prisas y un cielo que, por unos minutos, decide montar su propio espectáculo.
Porque hay momentos que solo duran unos minutos, pero pueden quedarse para siempre en vuestra historia. Y este eclipse tiene todas las papeletas.
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