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Lang Lang 1982 (38 años) Shenyang, China

Lang Lang (Shenyang, China, 1982) es un genial pianista asiático. Es una de las principales causas por las que 40 millones de niños chinos toman actualmente clases de piano.

El niño prodigio del piano o el ‘Mozart’ de China son solo algunos de los cariñosos apodos que se ha ganado Lang Lang. Ahora no es tan niño, supera la treintena y lleva sobre sus valiosos dedos el peso de miles de conciertos. La infancia de este joven talento se desarrolló en la ciudad de Shenyang. En la pantalla de la televisión, unos coquetos Tom y Jerry correteaban al son de la “Rapsodia” número 2 de Liszt. El pequeño Lang quiso imitarlos. Fue el comienzo del intenso don que iba a desarrollar. A los tres años empezó a tomar lecciones de piano, a los cinco ofreció su primer concierto público, con nueve entró en el Conservatorio Central de Música de Pekín, a los once conquistó su primer certamen internacional en Alemania y con trece logró interpretar los 24 Estudios de Chopin en el Pekín Concert Hall. El mundo de la música clásica tenía una nueva estrella. “En mi infancia trabajé muchísimo, pero a la vez me encantaba hacer lo que hacía. Hay mucha gente con talento pero a quienes no les gusta hacer aquello para lo que tienen predisposición natural”, asegura el pianista.

Su salto definitivo a la fama ocurrió en 1999, cuando tenía 17 años. André Watts no pudo tocar en el festival de Ravinia y Lang lo sustituyó tocando el Concierto para piano nº 1 de Tchaikovsky. Su desbordante técnica casa a la perfección con una vitalidad impropia del género. Es conocido por su complicidad con los mejores directores de orquesta del mundo, con los que forma un equipo imparable. Amplió su formación en Estados Unidos, país en el que reside desde 1997, aunque es habitual verlo por Europa y China. Su ritmo de vida es apabullante. Realiza en torno a cien espectáculos anuales. Uno de los más sonados, en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín, con una audiencia que superaba los 4.000 millones de espectadores. Parece no tener nunca que soportar la presión bajo sus sutiles dedos. “La fama supone añadir presión a una carrera ya de por sí tremendamente competitiva, pero a mí no me afecta lo más mínimo porque estoy acostumbrado a vivir bajo presión”, confiesa divertido el intérprete.

El mago del piano también pasó por momentos de sombras. Cuando fracasó en uno de los concursos a los que se presentó, su padre le incitó al suicido. “Suicídate. O bien te tiras por la ventana o te tomas un tarro de pastillas”, afirma Lang. Superó las dificultades y se ha consolidado como uno de los mejores pianistas de las últimas décadas.