Ocho escritores, músicos, cineastas y artistas ante las obras de arte que marcaron su mirada y siguen inspirando sus creaciones
Hay obras de arte que nos acompañan toda la vida. Algunas entran en nuestra memoria cuando somos niños y permanecen allí, como una imagen secreta a la que regresamos una y otra vez. Otras aparecen después y terminan cambiando nuestra manera de mirar el mundo. En todos los casos hay algo que permanece: aquella primera emoción ante una pintura, una escultura o una fotografía.
Ocho creadores compartieron con Ámbito Cultural, de El Corte Inglés, cuál fue esa obra que despertó en ellos la fascinación por el arte y cómo las artes plásticas han acompañado después su vida y su trabajo. De sus testimonios surge un mapa íntimo de la creación: desde las pinturas rupestres de Altamira contempladas por el niño Rafael Argullol hasta Zoom, de Antoni Tàpies, presente en la memoria familiar de Victoria Cirlot. Y cómo de ese descubrimiento de las artes plásticas surgen libros, música, actuaciones, pensamientos y más obras de arte.
Lo compartieron en la serie Un verano de arte con…. Así es como el arte ha entrado en la vida y en la obra de creadores de distintas disciplinas:
Rafael Argullol
El primer acercamiento y la primera admiración por una obra del escritor y profesor de estética se produjo cuando tenía cinco o seis años y visitó con sus padres las cuevas de Altamira, en Cantabria. De aquella contemplación sacó la lección de que las tendencias hacia el arte figurativo y el abstracto son contemporáneas: “Es decir, que ambos forman parte del alma humana”.
¿Cómo lo han acompañado las artes plásticas en su vida personal y literaria? En su caso, esa relación también se ha convertido en materia de escritura:
“Las artes han estado conmigo continuamente. Tengo una cierta sensación de que los distintos lenguajes artísticos se tienen celos o envidia unos a otros, la pintura, la música, la arquitectura, la poesía, la literatura. Lo mío, que siempre ha sido la escritura literaria, ha buscado siempre los otros referentes y, de una manera muy especial, en mi caso, la pintura”.
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Detalle del cuadro 'San José con el niño Jesús', de El Greco.
Elvira Mínguez
El hallazgo del arte para esta actriz, directora de cine y escritora se produjo a los tres años, cuando en la Secretaría del colegio vio una reproducción de San José con el Niño Jesús, de El Greco, en blanco y negro.
¿Cómo la han acompañado las artes plásticas en su vida personal, actoral y literaria?
“Me han acompañado siempre, absolutamente. De hecho, a la hora de dar vida a los personajes, de trabajarlos en un guion como actriz, siempre lo he hecho con la imagen. Es verdad que a medida que han pasado los años me he ido mucho más hacia la fotografía.
La fotografía se ha ido convirtiendo, poco a poco, en el primer referente que busco. Por ejemplo, en mi primera novela, La sombra de la tierra, la fotografía es una referencia; como lo son las fotos de Juan Rulfo. Sus imágenes de esos paisajes, de las mujeres con sus trajes. Se ha convertido en algo muy potente”.
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Detalle de 'El jardín de las delicias', de El Bosco, en el Museo del Prado de Madrid.
Menchu Gutiérrez
El dibujo fue la primera atracción de esta poeta, narradora, ensayista y artista. Se acercó al arte a través de los libros antiguos que había en su casa con ilustraciones extraordinarias, llenas de fantasía, que rozaban a veces la abstracción. Las contemplaba como una puerta de acceso a otra realidad. Esa fascinación se confirmó con más fuerza cuando, con diez años, vio en el Museo del Prado El jardín de las delicias de El Bosco.
¿Cómo la han acompañado las artes plásticas en su vida personal y literaria?
“Es un alimento constante. Siempre me gustó dibujar y pintar, y durante algún tiempo alterné, incluso, la plástica con la creación literaria. El último libro que he publicado, Huésped del otro, es un esfuerzo por habitar una colección de rostros dibujados a lápiz por Pedro Pertejo. No se trataba de ilustrarlos con palabras, sino de utilizar la profunda emoción que me habían suscitado como punto de partida”.
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Detalle del cuadro 'Las meninas' (1656), de Diego Velázquez, en el Museo del Prado de Madrid.
Chico Pérez
El Prado es también el museo donde este pianista vivió un momento iluminador cuando estuvo frente a Las meninas, de Diego Velázquez. En su casa, además, el arte estuvo presente desde niño en todas sus vertientes: la música, la pintura, la literatura...
¿Cómo lo han acompañado las artes plásticas en su vida personal y musical?
“Personalmente me inspira mucho lo paisajístico, quizá por eso soy un gran amante de las bandas sonoras, porque cuentan historias a través de una imagen. Las artes plásticas han estado presentes en mi discografía: la primera composición dedicada exclusivamente a una obra es Guernica, como homenaje no solo al cuadro de Picasso, sino también a su historia. El arte, cuando es de verdad, siempre se entiende a sí mismo”.
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Detalle de 'La fragua de Vulcano' (1630), de Diego Velázquez, en el Museo del Prado de Madrid.
José Ignacio Lapido de 091
Para el compositor y músico de 091 el arte estuvo en su vida desde el primer momento. En su familia había un ambiente muy propicio para el dibujo, la pintura e incluso la fotografía. Su abuelo materno era fotógrafo profesional, su abuela paterna dibujaba y pintaba acuarelas, su tío pintaba óleos y su padre tenía buena mano para el dibujo y las caricaturas. Un cuadro que le impresionó desde muy pequeño fue La fragua de Vulcano, de Diego Velázquez. Así heredó la afición al dibujo y antes de dedicarse a la música estuvo en la Escuela de Artes y Oficios un par de años.
¿Cómo lo han acompañado las artes plásticas en su vida personal y musical?
“A la hora de escribir canciones, toda experiencia vital sirve para encontrar el tema. Ya sea una noticia del periódico, una conversación con un amigo, un diálogo de una película o el recuerdo de un bodegón del siglo XVIII de Sánchez Cotán. Las artes plásticas me son muy cercanas desde niño y tengo en mi cabeza multitud de estímulos pictóricos que pueden servir, y que de hecho han servido, para motivarme a escribir una canción, si no como tema central, sí como apoyatura a una idea que flota en esa canción. La filosofía subyacente de los cuadros de René Magritte, por ejemplo, está muy presente en alguna de mis canciones”.
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Detalle de el 'David', de Miguel Ángel (1501-1504).
Antonio Lorente
El artista e ilustrador de libros se entretenía en casa con libros de arte desde pequeño. Pero fue a los diez u once años cuando una obra lo atrapó: El jardín de las delicias, de El Bosco. Le fascinaba porque sentía que cada vez que lo miraba descubría algo nuevo. Aquella pintura despertó su imaginación y le abrió la posibilidad de entrar en un mundo lleno de pequeños detalles. Cuando vio El jardín de las delicias, de El Bosco, quedo sorprendido, al igual que lee impresionaron profundamente: el Laocoonte y sus hijos, de Agesandro, Polidoro y Atenodoro de Rodas, y el David, de Miguel Ángel
¿Cómo lo han acompañado las artes plásticas en su vida personal y artística como ilustrador?
“Como ilustrador, necesito alimentar continuamente mi creatividad. Visitar museos, contemplar pintura, escultura o fotografía es parte de mi vida. Muchas veces una exposición me inspira más por una atmósfera o una emoción que por una cuestión técnica. Siempre estoy observando: la luz, los colores, las texturas, un gesto o la composición de una escena cotidiana. Todo eso acaba de alguna manera en mis ilustraciones”.
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Detalle de 'La máquina de coser electro-sexual', de Óscar Domínguez.
Juan Belda
El músico y artista multidisciplinar tuvo el arte cerca porque su padre era arquitecto y su madre pianista clásica, y ambos se movían en ese mundo en los años del franquismo. Pero un cuadro que le obsesionó desde pequeño fue una marina que estaba en casa de su abuelo paterno, del pintor Enrique Sánchez, así como otra marina de Esteban Arriaga en casa de sus padres. De los pintores conocidos el cuadro que más le ha impresionado desde muy joven fue La máquina de coser electro-sexual, de Óscar Domínguez.
¿Cómo lo han acompañado las artes plásticas en su vida personal y como músico?
“Yo quería ser pintor y acabé de músico. Mi música tiene mucho que ver con las artes plásticas. He hecho música para exposiciones de pintores (música para galerías), también he colaborado en instalaciones para galerías de arte con artistas plásticos. En mis directos, las imágenes y las luces son importantísimas y forman parte del show desde que comencé a tocar en directo, allá por los años ochenta”.
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'Zoom', de Antoni Tàpies.
Victoria Cirlot
La primera impresión estética de Victoria Cirlot surgió en su casa con el informalismo. El despacho de su padre, el poeta y simbolista Juan Eduard Cirlot, tenía allí el cuadro Zoom, de Antoni Tàpies. Por eso, cada vez que ve esa obra, vuelve con todos los sentidos a su infancia en la casa familiar de Barcelona.
¿Cómo lo han acompañado las artes plásticas en su vida personal y como filóloga y escritora?
“Las artes plásticas son un estímulo constante para mi trabajo y para mi vida. Cuando son objeto de estudio, la relación es muy intensa. Nunca he trabajado sobre el pintor gótico Bartolomé Bermejo, pero la exposición de su obra en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) me ha quedado grabada, sobre todo por los colores empleados, por sus hierbas y flores. En otras ocasiones, el efecto es tan grande que necesito escribirlo”.