Pocos planes tan apatecibles, sobre todo cuanto tienes invitados en casa, como un menú a base de tapeo. Porque estas deliciosas elaboraciones en miniatura, que ya son marca España, no solo se disfrutan a lo grande en el bar. ¡También son perfectas para disfrutarlas con los tuyos en la intimidad!
Existen tantas teorías acerca del origen de la tapa como elaboraciones características de los bares y tabernas que son perfectas para acompañar el vino, la cerveza o el vermut a la hora del aperitivo. Pero hoy nuestro cometido no es indagar en la veracidad de cada una de ellas, sino seleccionar las 8 que considerados más representativas. Esas que gustan a (casi) todo el mundo y en las que cualquier español piensa cuando ve la palabra 'tapas' escrita en una pizarra que cuelga de la pared. Las mismas que nos han hecho ser reconocidos en todo el mundo gracias a iniciativas como la que llevó al chef José Andrés a abrir en 2019 el Mercado Little Spain en Nueva York. De hecho, hoy siguen siendo el producto estrella en este espacio majestuoso situado en Hudson Yards, el barrio más moderno y exclusivo de la Gran Manzana.
Hay incluso un Día Mundial de la Tapa (16 de junio), aunque lo que se está haciendo de esperar más de la cuenta es que se reconozca como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Haste que llegue ese momento te proponemos dos cosas: que sigas disfrutando de ellas en los bares siempre que tengas ocasión y que aprendas a preparar en casa las que te traemos a continuación. Porque no existe mejor plan para disfrutar con los amigos o la familia que un picoteo a base de tapas que están al alcance de cualquiera.
Hace ya tiempo que dejó de ser uno de los pintxos más icónicos del País Vasco para convertirse en una de esas tapas que gustan a todo el mundo en cualquiera de sus versiones. Con anchoa, doble anchoa, anchoa y boquerón... ¡Hay incluso quien las tunea con pulpo o atún rojo. Pero nosotros hoy te traemos los ingredientes básicos para preparar las más clásicas. Solo tienes que colocarlos en el palillo o brocheta el siguiente orden: aceituna, media piparra, anchoa doblada sobre sí misma, media piparra, aceituna.
¿Puedes usar lagostinos congelados? Por supuesto. Y comprar ración extra de pan ese día, también, porque no vas a querer dejar nada en la fuente de barro. En este caso, lo más importante es que empieces echando en el aceite caliente los ajos (previamente fileteados) y la cayena. Una vez dorado, incorporamos las gambas sazonadas con un pellizco de sal y las dejamos un minuto por cada lado antes de taparlas con un plato y dejar que se terminen de cocinar con el calor remanente. Dejamos reposar durante cinco minutos y las destapamos delante de los invitados. Alucinarás de lo jugosas y tiernas que quedan.
La de toda la vida. La de atún, tomate y huevo cocido. Esa que es cada vez más difícil encontrar en bares y tabernas. La buena noticia es que prepararlas en casa sigue resultando tan fácil como económico. Cuando tengamos cocidos los huevos, los pelamos y picamos para dejarlos en un bol. En ese mismo recipiente añadimos el atún (también puede ser en escabeche) bien escurrido y lo desmenuzamos para, seguidamente, mezclarlo todo con el tomate. Una vez tenemos la mezcla -ni demasiado líquida ni demasiado densa- colocamos pequeñas porciones de ese relleno en el centro de cada oblea y la cerramos haciendo una marca con el tenedor en los bordes para que no se salga nada. Llegados a este punto, tú decides si prefieres hornearlas (barnizando antes con yema de huevo cada pieza) o freírlas en una sarten a la manera tradicional. En ambos casos, el resultado es maravilloso.
Da igual si la prefieres con o sin cebolla. Lo más importante que debes tener en cuenta a la hora de preprarar nuestro plato más internacional, con permiso de la paella, es que vamos a cocinar las patatas partiendo de un aceite a temperatura ambiente (se confitarán y quedarán más cremosas). Y otro aspecto a tener en cuenta es que vamos a caramelizar la cebolla de manera independienete antes de añadirla a las patatas (una vez escurridas, obviamente). Llega el momento de batir los huevos e incorporarlos a ese mismo bol donde están las patatas y la cebolla caramelizada. Removemos todo bien para que se mezclen los tres ingredientes y lo volvemos a poner en la sartén con una cucharada de aceite de oliva para que se cuaje. SI es tu primera vez, ten mucho cuidado a la hora de darle la vuelta.
Antes de que vuelvas a preguntarle a Google, te confirmamos que no es exactamente lo mismo que el pulpo a feira, ya que en este segundo caso no lleva patata. Así que solo tendrías que prescindir de este ingrediente en caso de que te tus invitados sean gallegos de pura cepa. Dicho esto, te vamos a recomendar saltarte el paso de descongelar el pulpo, asustarlo varias veces y cocerlo, porque hoy en día hay opciones cocidas que, a no ser que seas muy dicho en la materia, te van a facilitar mucho la vida. Lo que sí tendrás que cocer son las patatas, durante unos 15 minutos. Una vez las tengas, tendrás que colocarlas en rodajas en un platito de madera para terminar añadiendo trozos de pulpo de 1 centímetro de grosor, que habrás cortado con unas tijeras de cocina, sal gorda, pimentón (también puede ser picante) y un poco de aceite de oliva.
Sabemos que las mejores son las de tu abuela y las de tu madre, en este orden. Pero si sigues la receta que te proponemos, paso a paso, no tendrás que estar yendo y viniendo con los tápers cada domingo. Gran parte del éxito de esta tapa está en el punto de la bechamel, pero no te preocupes si no sabes hacerla porque hay opciones muy dignas en nuestros supermercados (también sin gluten). Aclarado este punto, tú solo tendrás que preocuparte de añadir el jamón bien picado a esa bechamel, remover bien y dejar que se enfríe la mezcla. El siguiente paso es darle forma a cada croqueta antes de pasarlas por huevo batido y pan rallado. Y ya solo falta freírlas dentro de un cacito en abundante aceite y en tandas de tres o cuatro, para que no baje demasiado la temperatura del aceite.
Para devorar unas bravas súper auténticas no hay ninguna necesidad de tener que perderse por las calles del centro de Madrid, aunque ese es un plan que siempre apetece. La clave está en la salsa, que en nada tiene que parecerse a una salsa de tomate picante (de hecho, no lleva tomate). Más bien, lo que buscamos es una especie de crema velouté a base de cebolla (picada muy fina y pochada), una mezcla de pimentón dulce y picante, harina de trigo y, una vez ligada ésta con el aceite, será el momento de añadir el caldo de pollo poco a poco. 10 minutos después tendremos lista una salsa de diez que solo faltará pasar por la trituradora y por un colador fino. En cuanto a las patatas, solo tienes que pelarlas, cortarlas en trozos irregulares y freírlas a fuego medio hasta que comiencen a dorarse. Las escurrimos, las rociamos con abundante salsa y... ¡A triunfar!
Otra receta que, aunque cada vez está más abierta a interpretaciones, nosotros vamos a proponerte la versión más clásica. Pero no obligamos a nadie a comerse los guisantes. Si no los quieres, haz como que no los has visto. Y, del mismo modo, si te ves con ganas de preparar tu propia mayonesa, adelante. Solo vas a necesitar un huevo, unas gotas de zumo de limón y aceite de girasol. Vamos con las verduras. Lo suyo es cocer las patatas y las zanahorias enteras y sin pelar. También cocemos el huevo pero de manera independiente (necesitan tiempos diferentes). Aprovechamos ese tiempo para escurrir el atún, desmenuzarlo y cortar las aceitunas en rodajas. Una vez lo tenemos todo (incluido el huevo picado y la verdura pelada y troceada), mezclamos todos los ingredientes (excepto huevo y aceitunas) y los aliñamos con tres o cuatro cucharadas soperas de mayonesa. Removemos a conciencia, la colocamos en una fuente y terminamos decorándola con la yema picada y las aceitunas en la parte superior.
Sabemos que hay veces que, por mucho que queramos, el tiempo se nos echa encima y es materialmente imposible preparar unas ricas tapas en casa. Para esas situaciones, lo mejor es recurrir a esos proveedores de confianza que sabes que nunca te dejan en la estacada cuando los necesitas. Gracias a ellos, puedes disponer de un menú a base de gildas, ensaladilla rusa, croquetas, albóndigas, empanadillas... ¡Aquí te dejamos algunas opciones de las que nunca fallan!
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