El último de la fila (Barcelona, España, 1984) fue uno de los grupos de pop-rock español más exitosos de las décadas de los 80 y 90. Una extensa trayectoria plagada de éxitos y reconocimientos. Letras inmortales y discos de leyenda.
La banda la formaron dos músicos: Manolo García -vocalista- y Quimi Portet -guitarrista-. Estuvieron catorce años en activo, tiempo suficiente para editar siete álbumes de estudio y recorrerse gran parte del mundo gracias a sus innumerables giras. El humilde festival de un pueblo catalán, Quintos, fue el escenario en el que se conocieron ambos artistas en 1981. Ambos fueron con sus respectivos grupos, Los Rápidos y Kul de Mandril. "Éramos muy punks y Manolo iba hecho un cromo, era un mariscal punk con el pelo azul, pero nos fuimos a tomar una copa tras actuar y se pidió un café con leche. Eso me impresionó positivamente", recuerda Quimi. Este se unió a la agrupación de García, aunque tardó muy poco en disolverse y finalmente formaron Los Burros. Tampoco cuajó, pero lejos de darse por vencida, la pareja emprendió una nueva aventura como dúo bajo el paraguas de una pequeña discográfica, PDI. Había nacido El último de la fila, nombre que sacaron de una estrofa de una canción de un grupo australiano. En 1985 editaron su primer elepé, Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. Un cambio de estilo a sus anteriores trabajos. Comenzaron a notarse las influencias de Triana y Medina Azahara, dos bandas punteras andaluzas.
Tan solo un año más tarde publicaron Enemigos de lo ajeno, posiblemente su mayor éxito. Nombrado como mejor disco de la historia del rock español por la prestigiosa revista Rolling Stone. Incluyó auténticos himnos como "Insurrección". Este trabajo les catapultó a la fama. Les aupó a las principales listas de ventas y les hizo llenar concierto tras concierto. Aún empapados de gloria, en 1987 continuaron su trayectoria discográfica con Nuevas mezclas y en 1988 con Como la cabeza al sombrero. El grupo no paró de crecer y PDI se vio obligado a dejarlos marchar por no contar con recursos suficientes para mantenerlos. Firmaron con una multinacional, EMI, que les dejó tener su propio sello, Perro Records. Con él protagonizaron su debut en 1990 gracias al lanzamiento de Nuevo pequeño catálogo de seres y estares. En 1992 les propusieron realizar la canción de los Juegos Olímpicos de Barcelona. "Pensaron en nosotros como símbolo de la ciudad y eso lo valoramos y nos emocionó, pero estética y musicalmente no encajábamos", confiesa Manolo. Posteriormente llegarían dos discos más, Astronomía Razonable (1993) y La rebelión de los hombres rana (1995). Solo tres años más tarde, El último de la fila anunciaba su disolución.
Ambos artistas emprendieron sus carreras en solitario. Manolo se consolidó como uno de los cantautores más importantes de España y Quimi apostó por la música en catalán. "El último de la fila se disolvió porque Quimi Portet empezaba a estar incómodo con el tema lingüístico", asegura García. Catorce años de pura música. Una historia brillante en un grupo para el recuerdo.