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Etta James 1938 - 2012 (74 años) Los Angeles, Estados Unidos

Etta James (Los Angeles, Estados Unidos, 1938 – Riverside, Estados Unidos, 2012), nacida Jamesetta Hawkins, es una de las voces más importantes de la llamada “música negra”. Incluida por derecho propio en el panteón de ilustres del soul y el rythm and blues, sus dotes vocales le permitieron grabar una vasta cantidad de trabajos en los que su voz prevalecía por encima de cualquier instrumento.

James fue un torrente vital, dúctil como el agua, frágil como el cristal y más recia que la propia vida. De ahí se explica su capacidad para interpretar y desafiar las convenciones establecidas, haciendo gala de un vigor que la acompañó hasta sus últimos años, cuando acabó muerta tras una larga batalla contra la leucemia, el alzhéimer y el sobrepeso.

La suya es la agridulce historia de muchas grandes voces de sus coetáneas. Nunca conoció a su padre, su madre la tuvo a los catorce años y despuntó a muy temprana edad en el gospel. De ahí pasó a formar un trío coral bautizado como Peaches, que acabaría siendo uno de sus apodos. “Roll with me Henry” (1955) fue la primera canción de éxito en la que intervino, y tras algunos sencillos de moderada repercusión, saltó a la histórica discográfica Chess Records. Chuck Berry, Howlin’ Wolf, Bo Diddley... Parte de lo más granado del blues y jazz de la época pertenecía a esa estructura que encabezó Leonard Chess.

Pronto destacó por su facilidad para vestirse con arreglos orquestales, como en la maravillosa “At Last” (1961) y su álbum homónimo –que también contiene éxitos como “I Just Want to Make Love to You”– o retornar a sus raíces religiosas con “Something's Got a Hold on Me” un año más tarde. Su talento como intérprete de baladas era compatible con la crudeza de sus actuaciones. “Etta James Rocks the House”, un directo imprescindible editado en 1964, lo corrobora. En aquella época impactó su teñida melena rubia, producto de su admiración por la actriz Jayne Mansfield.

La excelsa “Tell Mama” fue uno de los últimos picos de popularidad para una carrera que se orientó hacia el rock. El paso de las décadas no mermó su capacidad, y tras rehabilitarse de sus problemas con los estupefacientes lanzó discos como “Deep in the Night” (1978). Poco antes se reinventó en una gira con The Rolling Stones. “Amamos tu música”, le confesó Keith Richards por carta. Y ella abrió varios de sus conciertos.

Más adelante, trabajos como “Seven Year Itch” (1989) o “Let’s Roll” (2003) gozaron del respaldo de la crítica. “The Dreamer” (2011) contenía versiones de Ray Charles y otras como “Welcome to the Jungle”, original de Guns N’ Roses. En 1993 ingresó en el Salón de la Fama del Rock y en 2001, en el del blues. Adele la describió de forma inmejorable tras su muerte con esta frase: “Si buscas ‘cantante’ en el diccionario verás sus nombres [N. del A.: en referencia a Aretha Franklin y ella]”. Mientras, ¿cuántas parejas recién casadas seguirán recurriendo a su interpretación de “At Last” en el banquete del día de su boda? Nadie mejor que quien disfrutó la vida hasta volverla dolor para dibujar sus límites con su garganta.