The Doors 1965 - 1973 (8 años) Los Angeles, Estados Unidos

The Doors (Los Angeles, Estados Unidos, 1965-1973) se convirtió en una banda mítica desde la grabación de su primer disco al reunir malditismo, soberbia y profundidad existencial en sus canciones, el alma de Jim Morrison, ídolo de una generación que aprendió a vivir al ritmo de “Light my fire”.

Crónica de una muerte anunciada a los 27 años de edad, Jim Morrison apuró la vida al máximo, tal y como había leído y admirado en los escritos de sus poetas, desde el romántico y turbulento William Blake (1757-1827), cuyo verso "If the doors of perception were cleansed, every thing would appear to man as it is: infinite” sugirió el nombre del grupo, hasta los simbolistas y atormentados Verlaine y Rimbaud. Huellas que siguió y que marcaron la travesía de The Doors desde que en 1964 Jim se reencontrara con Ray Manzarek, compañero de universidad con el que inició la formación de la banda, a la que se unieron Robby Krieger y John Densmore.

Las composiciones de Morrison, que viajaban por el subconsciente y las represiones, la sexualidad reprimida y los excesos, resultaban ya provocativas en sus primeros conciertos. No obstante, Elektra Records decide ficharlos y en unas cuantas sesiones de grabación, después de dos años de conciertos afilando los temas, sale a la luz The Doors (1967). La repercusión del disco fue sensacional, cargado de canciones que se fueron convirtiendo en señas de identidad de una generación y una época que no vislumbraba ningún futuro. “The End”, “Break on through” y “Light my fire” murmuraban el código del rock y el blues. También colocaban ladrillos para lo que se bautizaría como psicodelia.

Convertido en ídolo, sujeta la banda a un ritmo de grabación acelerado, propio de esos años, editan Strange days (1967) con temas que se habían quedado fuera del debut discográfico, aunque igual de sobresalientes, como “People are strange” o “Moonlight drive”. En el tercer álbum, Waiting for the sun (1968), aparecía ya la cantable “Hello, i love you”.

Eran unos meses en los que el tiempo corría supersónico por las venas de la banda. El alcohol, las drogas y los escándalos se habían vuelto rutinas y la calidad musical de The Doors se resintió en sus siguientes trabajos, The soft parade (1969), más comercial, y Morrison hotel (1970). Nada predecía, por tanto, que L.A. Woman (1971) se destapara como uno de sus mejores discos. Tras su grabación Jim Morrison se mudó a París para huir de los escenarios y perderse en los brazos de la literatura. También en los sueños de la heroína. El 3 de julio murió de sobredosis. Poco más duró su banda, que firmó dos discos más, Other voices (1971) y Full circle (1972) antes de colgar el “The End”. En 1979 Francis Ford Coppola pondría esta canción como tema principal en Apocalyse now. Años más tarde, otro realizador que creció escuchando a Jim Morrison, Oliver Stone, filmaría en 1991 la biográfica The Doors.