El verano en el que los Z vivieron en analógico
Creatividad: Paula Jara Xelmírez
¿Sabes lo que se siente al escribir una carta a mano, meterla en un sobre y esperar varios días hasta que llegue a su destino? ¿O colocar la aguja sobre un vinilo y escuchar un disco entero, con ese sonido perfectamente imperfecto? ¿Y la magia de revelar un carrete? Después de años viviendo a través de la pantalla estamos redescubriendo el placer de hacer las cosas despacio, con las manos y con propósito. Lo curioso del asunto es que es la Gen Z —fascinada por objetos de otra época, como un walkman, un teléfono de pared o un diario—, a quien le debemos este revival.
Esto no va de hacer "cosas antiguas", sino de formas de ocupar el tiempo. De cambiar el scroll por un ritual y vivir, en definitiva, con menos luz azul y mucho más propósito.
Escuchar sin pantallas: la música vuelve a tener ritual
Hubo un tiempo en el que escuchar música implicaba elegir un disco, darle la vuelta a un vinilo, rebobinar una cinta. Ese pequeño ritual, que parecía condenado a desaparecer, vive una segunda juventud entre la Gen Z. Vinilos, walkman, discman, reproductores de CD o cassette e incluso unos auriculares con cable invitan a escuchar un álbum entero, sin saltar canciones y, sobre todo, sin notificaciones de por medio.
Escribir y el placer de volver al papel
En la era de las notas del móvil, escribir a mano se ha convertido casi en un gesto de mindfulness. Agendas sin fecha, plumas estilográficas, cuadernos de gratitud, sobres bonitos o un kit de lettering recuperan el placer de dedicar tiempo a las palabras, ya sea para organizarse, escribir una carta o, simplemente, dejar que las ideas fluyan sobre el papel.
Crear: menos pantalla, más manos
La creatividad también se ha vuelto analógica. Revelar un carrete sin saber exactamente cómo saldrán las fotos o aprender ganchillo punto a punto son dos ejemplos de esa nueva fascinación por los procesos lentos, imperfectos y hechos a mano. Frente a la inmediatez digital, lo verdaderamente atractivo vuelve a ser crear algo con paciencia.
Vivir despacio, el nuevo lujo del verano
Quizá el verdadero lujo de este verano sea hacer planes que no necesitan batería. Preparar un picnic, compartir una partida de backgammon, poner agua a hervir para el té o perderse entre las páginas de un coffee table book son pequeños rituales que invitan a bajar el ritmo y disfrutar del tiempo sin mirar constantemente la pantalla.
Objetos bonitos para una vida más analógica
No todo lo analógico sirve para hacer algo, a veces basta con que nos recuerde otra forma de vivir. Un teléfono de pared de inspiración vintage, un jabón sólido que parece una pieza de diseño o el frasco minimalista de un perfume como Blanche, de Byredo, demuestran que la Gen Z también encuentra placer en rodearse de objetos bonitos, duraderos y con historia. Porque, a veces, desconectar empieza simplemente por mirar alrededor.
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