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La importancia de ser un pilates boy: todo lo que esta disciplina puede aportar a tu fuerza

Los expertos señalan que los hombres que hacen pilates mejoran su estabilidad y su movilidad, fortalecen el core y tonifican el suelo pélvico.
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Redacción El Corte Inglés
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Creatividad: Inês Tavares Gorgulho

Si todavía piensas que el pilates es cosa de estiramientos suaves y respiraciones profundas, prepárate para una sorpresa en forma de agujetas. Basta una sola clase en el reformer para entender por qué cada vez más hombres cambian, al menos un par de días a la semana, la barra olímpica por los muelles y las poleas. El primer gran argumento está en el centro de todo: el core. Y no hablamos solo de la tableta que asoma en la playa, sino de toda esa musculatura profunda (transverso abdominal, multífidos, diafragma) que sostiene tu cuerpo cada vez que levantas, corres, saltas o simplemente cargas con la compra.

A eso se suma una flexibilidad que muchos hombres dieron por perdida en algún momento entre el instituto y la primera hipoteca. El pilates trabaja la movilidad de forma activa, alargando el músculo mientras lo fortalece, algo muy distinto a quedarse colgado en un estiramiento esperando que pase el tiempo. Y aparece también un gran olvidado de la conversación masculina: el suelo pélvico, esa musculatura que influye en la estabilidad, la postura y el bienestar íntimo, y que casi nadie entrena conscientemente.

El resultado es un cuerpo más preparado para aguantar lo que le eches. Menos lesiones, menos dolores de espalda después de una jornada frente al ordenador y un rendimiento deportivo que mejora casi sin darte cuenta, tanto si juegas al pádel como si preparas tu próxima media maratón. Que no te engañe su aparente calma: el pilates es fuerza, solo que muy bien pensada.

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¿Es bueno el pilates para los hombres?

La respuesta corta es sí. La larga empieza con un dato que a muchos les pilla desprevenidos: el pilates lo inventó un hombre y, en sus orígenes, lo practicaban sobre todo hombres. Joseph Pilates, alemán de nacimiento, fue gimnasta, practicó boxeo y desarrolló su método (que él llamaba Contrología) a principios del siglo XX, afinándolo durante la Primera Guerra Mundial. Entre sus primeros alumnos figuraban boxeadores y, más adelante, bailarines, que encontraron en su sistema la manera de ser fuertes sin perder precisión.

Con el tiempo, el método se asoció a un público mayoritariamente femenino y los hombres se quedaron fuera de la foto. Un error de casting que la ciencia del entrenamiento lleva años corrigiendo. Los hombres suelen acumular rigidez en caderas, isquiotibiales y columna torácica, y tienden a priorizar los músculos que se ven frente al espejo. El pilates equilibra esa balanza: activa lo que el gimnasio tradicional deja dormido y aporta control a la fuerza que ya tienes.

Tampoco es cuestión de elegir bando. El pilates boy no abandona las pesas, las complementa. Un core más estable te permite mover más carga con mejor técnica, y una mejor movilidad amplía el rango en el que tus músculos pueden trabajar. Es, en definitiva, la pieza que faltaba en el puzle.

Todos los beneficios de ser un pilates boy

Un core que trabaja de verdad

Olvídate de las series infinitas de abdominales. En pilates, cada ejercicio exige que el centro del cuerpo permanezca activo y estable mientras brazos y piernas se mueven. Esa exigencia constante fortalece la faja abdominal profunda, la que protege tu columna y transmite la fuerza entre el tren superior y el inferior. Traducido: más potencia en el golpe, en la zancada y en el levantamiento.

Fuerza con control

Los muelles del reformer ofrecen resistencia en las dos direcciones del movimiento, lo que obliga al músculo a trabajar también mientras frena. Ese control excéntrico es oro puro para ganar fuerza funcional y para proteger tendones y articulaciones. Además, los ejercicios isométricos y las repeticiones lentas desarrollan una resistencia muscular que se nota tanto en el deporte como en el día a día.

Flexibilidad y movilidad sin sufrimiento

Tocarse la punta de los pies deja de ser una misión imposible. El pilates mejora la movilidad de caderas, hombros y columna con movimientos fluidos y progresivos. Cuanto más rango de movimiento tienes, más eficiente es tu cuerpo y menos compensaciones raras aparecen cuando entrenas.

Suelo pélvico, el gran desconocido

Esta musculatura sostiene los órganos de la zona pélvica, participa en la estabilidad del tronco y tiene un papel relevante en la continencia y en la salud sexual masculina. El pilates la integra en la respiración y en el trabajo del core de forma natural, sin necesidad de ejercicios extraños.

Adiós (o casi) a las lesiones

Buena parte de las lesiones deportivas nacen de desequilibrios musculares y de una mala estabilidad. Al corregir la postura, reforzar la musculatura profunda y mejorar la conciencia corporal, el pilates reduce el riesgo de sobrecargas y es uno de los recursos más recomendados para quienes arrastran molestias lumbares. Tu espalda, después de ocho horas de silla, te lo agradecerá.

Más rendimiento en tu deporte

Corredores, ciclistas, futbolistas, golfistas, tenistas… Cualquier disciplina se beneficia de un cuerpo más estable y mejor coordinado. Una pelvis controlada mejora la economía de carrera, un tronco firme aporta potencia a un drive o a un remate y una buena movilidad de cadera hace que cada gesto técnico salga más limpio.

Una cabeza más tranquila

La concentración que exige cada movimiento y la respiración coordinada convierten la clase en una especie de paréntesis mental. Sales con el cuerpo cansado y la mente despejada, una combinación difícil de encontrar entre notificaciones y reuniones.

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