Zapatillas con las que volver a la oficina (y hacerlo con estilo y comodidad)
Creatividad: Paula Jara Xelmírez
Existe un tipo de mañana muy concreta: suena el despertador, miras el armario y entiendes que los días felices en los que ibas en chanclas se han acabado. La agenda vuelve a llenarse, los propósitos se reactivan y, casi sin querer, uno empieza a plantearse una renovación de vestuario. Y si algo decide el tono con el que cruzas la puerta de la oficina —arrastrando los pies o como Tony Manero bajando por la acera— son las zapatillas.
Porque las sneakers ya no son las okupas del entorno profesional. Se han ganado la sala de reuniones, incluso en los despachos de traje, donde ahora miran al Oxford de tú a tú y sin bajar la mirada. Otra cosa es elegir bien: siluetas depuradas, materiales nobles, una paleta que no chirríe y un diseño que funcione como prolongación natural del armario formal. Nada de aparecer en el comité de dirección con unas zapatillas que piden a gritos un maratón.
Hemos seleccionado las mejores para volver a la oficina, tanto para hombre como para mujer. Diseño atemporal, comodidad sin concesiones y ese toque contemporáneo que te hace destacar sin necesidad de alzar la voz. Lo elegante, como decía Coco Chanel, es que te recuerden a ti y no a lo que llevabas puesto.
Estas son las sneakers que te llevarán —literalmente— al trabajo con otro paso
Más allá del casual friday
Veja Campo
La marca francesa lleva veinte años sin invertir en publicidad, y ese dinero que no gasta en campañas lo mete en el producto. De ahí sale un modelo como este. La Campo es su corte más clásico: caña baja, formas rectas de zapatilla de tenis de los ochenta y esa V lateral que a estas alturas identifica cualquiera. Lo interesante está en la composición. La piel es orgánica y trazada, curtida sin cromo ni metales pesados —un proceso que recorta el consumo de agua casi a la mitad—, el forro es de poliéster reciclado y la suela lleva caucho amazónico. Traducción: una zapatilla que envejece como envejece la piel buena, oscureciendo y ganando carácter en lugar de descascarillarse.
El azul marino es lo que la separa del pelotón. Tiene la gravedad de un mocasín náutico, así que funciona como sustituto directo del zapato, no como una concesión informal: franela gris, camisa blanca y jersey de lana fina de cuello redondo. Un apunte práctico: transpiran poco, así que en los meses de calor conviene alternarlas con otras zapas, por ejemplo, las de lona.
La zapatilla de tenis blanca es el traje azul marino del calzado
On The Roger Clubhouse
Las zapatillas de tenis blancas siempre funcionan, nunca desentonan y no exigen que pienses demasiado por la mañana. La cuestión es que la mayoría de las versiones del mercado son planas y duras como una tabla, y ahí es donde estas On se separan del resto.
El modelo nació de la colaboración de la firma suiza con Roger Federer, que no se limitó a poner el nombre: participó en el desarrollo. Por fuera respeta el código de la pista —perfil rasante, líneas rectas, sin un solo adorno—, pero por dentro lleva la maquinaria que la marca usa en sus zapatillas de correr: amortiguación CloudTec integrada en la suela y una lámina Speedboard que devuelve algo de energía en cada paso. Rondan los 300 gramos y la parte superior mezcla poliuretano con poliamida reciclada, un material que se limpia con un paño húmedo, cosa nada menor cuando hablamos de blanco.
Lo que ganas con ellas es margen: valen para la reunión de las diez y para los tres kilómetros de recados de la tarde sin cambiar de calzado. Se entienden con la ropa fluida —pantalón de crepé, camisa de seda, chaqueta larga— porque su corte recto equilibra los volúmenes sueltos. Si vas a llevarlas con vestido camisero, calcetín corto blanco y ni un centímetro de tobillo al aire.
Dos ideas que no deberían entenderse y se entienden a la perfección
Nike W Shox Z Calistra
Por un lado, una bailarina. Por otro, la tecnología más aparatosa que Nike sacó en los 2000. Sobre el papel, ese matrimonio no debería funcionar, y sin embargo las Nike Shox Z Calistra son de lo más estimulante que ha pasado en el calzado femenino últimamente.
La marca ha rescatado un modelo casi olvidado de principios de siglo y lo ha puesto al día: corte plano y rasante, de inspiración claramente ballet flat, montado sobre las columnas Shox que en su día hicieron que medio mundo mirara al suelo en los descansos de clase. La parte superior es de piel sintética moldeada, una tira ajusta el empeine y la versión íntegramente negra convierte todo ese aparataje en algo que puedes llevar a trabajar sin dar explicaciones. Que se hayan colocado entre lo más vendido de la firma da idea de que la jugada le ha salido redonda.
Piden contraste: pantalón ancho o falda midi de satén, y arriba algo estructurado, tipo camisa entallada o chaqueta cruzada. Cuanto más serio el resto, más gracia tiene el golpe tecnológico ahí abajo
El mocasín que se hizo zapatilla
Vans LX SF Moc Low Pony Hair
El pony hair —ese ante corto y peludo— de estas Vans tiene una textura que llama a la mano ajena, y en negro desgastado consigue una profundidad que el ante liso no da. Es la clase de matiz que no se aprecia en una foto de Instagram y sí a un metro de distancia, que es exactamente la distancia a la que se juega la ropa en el trabajo.
Las Vans LX SF Moc Low parten del mocasín, no de la zapatilla de baloncesto ni de la de correr, y esa genealogía lo condiciona todo: caña baja, formas blandas, nada de agresividad. Construcción vulcanizada, mezcla de materiales y un acolchado interior generoso completan el asunto. El resultado es una zapatilla que tiene el aplomo de un zapato de piel sin su rigidez.
Pantalón recto de lana, jersey de cuello alto y abrigo largo. Ahí están en su casa. El jueves, si toca bajar el tono, aguantan un vaquero crudo con sobrecamisa. Lo que no debes hacer es mojarlas: el pelo del ante no perdona un charco.
Las que Run-DMC subió a un escenario y ya nunca bajaron
adidas Superstar II Trefoil Shell
Madison Square Garden, 1986. Tres tipos de Queens piden al público que levante sus zapatillas y veinte mil personas alzan el brazo con unas Superstar en la mano. Pocas veces se ha visto un anuncio mejor, y nadie lo había pagado.
Cuatro décadas después, la Superstar II en negro sigue amortizando aquella noche. La puntera de concha continúa donde siempre, las tres bandas dentadas también, y el trébol asoma en el talón y en el adorno de los cordones, ese golpe de bisutería que la versión original no llevaba. Lo demás es piel plena flor, cordones gruesos y un segundo juego dentro de la caja para cambiarles el carácter en dos minutos.
En negro pierden el aire de patio de instituto y ganan una seriedad que sorprende. Llévalas con traje sin corbata —gris, azul marino, lo que tengas— y camisa blanca: el brillo de la concha en la puntera hace el resto. El chino oscuro con punto de lana es la opción sin riesgo; la divertida es la otra.
En defensa del rosa palo en horario laboral
Vans LX Authentic 44 Duck Canvas
El rosa arrastra fama de poco serio, y es una fama injusta que estas Vans LX Authentic 44 desmontan en cuanto te las calzas. El tono rosa palo es tan bajito, tan cercano al beige lavado, que funciona como un color de fondo: acompaña, no interrumpe.
Detrás hay más historia de la que parece. El Style 44 lo adoptaron los skaters de los setenta por pura supervivencia —aquella suela de gofre agarraba a la tabla como ninguna y duraba el doble—, y esta relectura premium respeta el original mientras le sube el nivel: lona duck resistente, laterales con acabado brillante más altos de lo habitual, el pespunte del talón recuperado de los diseños artesanales de archivo y una plantilla Sola Foam ADC pensada para días de mucho recorrido. Elegancia con pasado de patín; pocas combinaciones envejecen mejor.
¿Cómo llevarlas? Pantalón sastre recto en crudo, camisa de popelín y una americana suelta encima. Con vestido midi de punto pasan de acompañar a mandar, y ahí el rosa deja de ser un apunte para convertirse en el centro del look.
El azul que te resuelve la semana (y que va a acabar en el armario de tu pareja)
New Balance 204L
Tienes cinco días por delante y ganas de pensar poco. Las New Balance 204L están diseñadas casi para eso. Son unisex y tienen la rara virtud de no pedirte nada a cambio: te las pones y funcionan.
El modelo mezcla dos épocas con bastante gracia. Coge el ADN del running de los 2000 —esa forma alargada, la suela con dibujo marcado— y lo cruza con la ligereza setentera de la marca de Boston. El empeine trabaja por capas, lo que le da profundidad en lugar de planitud, la serigrafía lateral se aprecia de cerca y la N a doble capa hace de firma sin necesidad de logotipos del tamaño de un cartel. Debajo, mediasuela de EVA: aguantan la jornada completa, incluidos los cuarenta minutos de metro que nadie cuenta en el horario laboral.
Aquí el azul juega en clave deportiva, y esa es su gracia: rompe la monotonía del blanco total sin salirse del código de la oficina. Combínalas con vaquero oscuro, camisa Oxford y algo de lana encima. Si el armario te tira al gris, mejor todavía.
Las merceditas del colegio sirven para ir a la oficina
adidas Samba Jane
Reconócelo: al ver la tira sobre el empeine algo se te ha activado. Las adidas Samba Jane juegan con esa memoria común y la cruzan con el modelo de fútbol sala más famoso del mundo, dando como resultado el primer calzado tipo Mary Jane de la marca con las bandas dentadas incorporadas.
Lo importante es que se entra sin cordones. La tira del mediopié sujeta el pie y listo: cero minutos perdidos en el recibidor a las ocho de la mañana. Debajo hay piel para el cuerpo, ante en la puntera —esa T que delata la genealogía futbolera—, forro de satén y suela de goma color caramelo. La palabra Samba impresa en el lateral es el único guiño explícito al pasado.
En rosa, la propuesta sube el volumen respecto al negro o al blanco, y ahí está su interés: el color manda y todo lo demás debe callarse un poco. Pantalón sastre en azul tinta, camisa blanca, medias finas si el día lo pide. El vaquero recto de tiro alto les vale, aunque en la oficina lucen más con tejido serio arriba. Una advertencia: no les sumes otra prenda rosa. Con una basta.
Todo el mundo lleva las 550. Aquí está la alternativa
New Balance 950
Las New Balance 950 vienen del baloncesto de mediados de los ochenta, igual que el modelo que copa las aceras desde hace cinco años, pero todavía no las has visto en las cuatro personas que comparten ascensor contigo. Por ahora.
En blanco es cuando más lucen. La puntera es ancha, la suela tiene una forma en bloque bastante rotunda y el corte de piel con nobuk les da un cuerpo que las hace parecer más caras de lo que son. Después vienen los remates, que es donde New Balance suele acertar: la N acolchada en el lateral, una etiqueta de baloncesto en la lengüeta y un foxing de dos piezas que remite directamente a las canchas de aquella década.
Agradecen el juego de volúmenes: como abajo tienen presencia, arriba conviene afinar. Pantalón de traje de pernera recta —no ancha—, camisa por dentro y americana suelta. El vaquero recto y la sudadera les sientan bien, pero eso ya no es un look de oficina: eso es un sábado.
Un clásico para celebrar un ascenso (o un nuevo trabajo)
New Balance MADE in UK 991v2
Empecemos por lo incómodo: rondan los 250 euros, más del doble que casi todo lo que aparece en esta lista. La pregunta legítima es qué se compra con esa diferencia, y en el caso de las New Balance MADE in UK 991v2 la respuesta tiene nombre y dirección postal: Flimby, un pueblo pequeño de Cumbria (Inglaterra) donde la marca fabrica desde hace décadas su línea británica. No es marketing de etiqueta; es una fábrica que sigue en pie y un acabado de lujo que se aprecia al primer vistazo.
El modelo original de 2001 marcó el patrón de la zapatilla de running moderna, y esta segunda versión lo afina sin traicionarlo: el corte de ante, malla y sintético queda más estilizado, la amortiguación FuelCell recorre ahora toda la planta y conviven con ella las cápsulas ABZORB SBS y el sistema ENCAP de siempre. Veinticinco años trabajando en la misma dirección, puestos en un solo par.
El gris es, además, el color histórico de la firma, ese tono medio que los arquitectos milaneses llevan desde principios de siglo y que aquí luce exactamente igual de bien. Acompaña cualquier cosa que tengas en tonos fríos: franela, camisa azul pálido, abrigo de paño. Con vaquero pierden parte de su sentido. Estas piden lana.
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