Kit salvavidas para un día de playa: todo lo que necesitas llevar y aún no lo sabías
Todo el año soñando con pisar la playa y, en cuanto llega el día, la logística se complica. Te ha pasado, ¿verdad? Las ganas de arena y salitre son directamente proporcionales a la pereza de cargar con todo tipo de aparejos desde tu casa en la costa o el hotel hasta tu particular paraíso. Una ecuación que se complica aún más cuando hay niños con rastrillos, colchonetas, flotadores, pelotas, reteles y cubos por medio.
Llegas a la playa e instalas el campamento, pero ahora llega el segundo reto. Una vorágine de bolsas desperdigadas, ropa colgada de cualquier manera, sombrillas que se vuelan, toallas con arena, comida que se descongela, platos de plástico que se vuelan y refrescos que ya no refrescan. La buena noticia es que todo tiene solución con algo de planificación y un kit salvavidas para pasar un día de playa lo más cómodo posible. Toma nota de estos utensilios y accesorios veraniegos que te harán la jornada al sol más fácil (y estilosa).
Un asiento para cada tipo de persona
En la playa hay dos tipos de personas: a los que les gusta estar sobre la arena y a los que no. A partir de aquí, podemos encontrar opciones para todos los gustos. Hay quienes no renuncian a la silla plegable de toda la vida. Concretamente, este diseño tiene un diseño retro que nos encanta (y queda de lo más instagrameable). Además, siempre puedes sumarle un reposacabezas que se adapta fácilmente a su estructura para ganar un plus de confort. Luego está el team hamaca, dispuesto a pasar el día en posición horizontal a varios centímetros del suelo. Este diseño que proponemos, además, tiene sombrilla incorporada, ideal para leer o echar una cabezadita protegiendo el rostro del sol. También están los que llegan a la playa y se tiran directamente al agua. A ellos les encantará esta el clásico flotador XL de rayas para ver la vida pasar desde el otro lado de la barrera. Los peques también tienen su versión con sillitas de playa adaptadas a su tamaño y con sombrilla integrada. Y, por supuesto, siempre estará el team arena, convencido de que no hace falta nada más que una buena toalla mullida o un pareo bonito extendido para ser feliz frente al mar.
Todas las posibilidades de una sencilla sombrilla
Todo buen campamento playero empieza por una buena sombrilla. Y no, no hablamos de esa de propaganda que, en cuanto sopla un poco de brisa, sale volando o acaba con una varilla torcida. Si vas a invertir en una, que sea en un modelo bonito, resistente y pensado para durar, como esta que te proponemos con varillas de fibra de vidrio y cubierta de lona de rayas bretonas. Su diseño recupera la estética marinera más clásica, esa que debería uniformar todas las playas de postal en verano. Si el paseo hasta la orilla cargando con ella te quita las ganas de playa, también hay solución: una cinta de transporte específica para sombrillas y sillas reparte mejor el peso y hace mucho más cómodo el trayecto. Y aquí van tres bonus track que quizás no sabías que necesitabas, pero te facilitarán mucho la jornada estival: un pincho a prueba de galernas que fija la sombrilla al suelo; un perchero que se acopla al mástil para colgar bolsos, camisetas, gorras o las toallas mientras se secan; y una mesita que se fijan a la sombrilla y ofrecen una superficie estable para tomarte el aperitivo sin tener que hacer malabares sobre la toalla. Una vez que los pruebas, no entiendes cómo has vivido tantos veranos sin ellos.
El picnic perfecto empieza así
Si conseguir llegar a la playa con todo el equipaje ya es un reto, hacerlo con la comida en perfecto estado lo es todavía más. La clave está en elegir una buena nevera portátil que sea fácil de transportar: existen modelos rígidos de inspiración retro, como los de Polarbox, en colores alegres y muy veraniegos, o bolsas refrigerantes de estilo marinero, muy ligeras y cómodas de llevar al hombro mientras caminas hasta la orilla. Una vez resuelto el transporte, toca organizar el menú. Lo ideal es apostar por alimentos que soporten mejor el calor, como ensaladas de pasta o legumbres, fruta fresca ya cortada, tortillas, bocadillos, frutos secos o crudités con hummus, y guardarlos en recipientes pensados para cada ocasión: portatortillas, fiambreras herméticas para sándwiches, termos para mantener gazpachos o cremas bien frías, recipientes alargados para batidos o yogures y envases estancos que evitan derrames inesperados. Completa el kit con un juego de cubiertos reutilizables y unos enfriadores para mantener las bebidas a buena temperatura durante más tiempo.
¡A comer!
Después de un largo baño, hay pocos placeres comparables a extender un pareo XL bajo la sombrilla, sentarse alrededor con la familia o los amigos y disfrutar de la comida con los pies llenos de arena y el sonido del mar de fondo. Y no, comer en la playa no tiene por qué significar recurrir a platos de plástico desechables y cubiertos de usar y tirar. Hoy existen vajillas de melamina bonitas, prácticas y sostenibles: son ligerísimas, resisten los golpes y pueden reutilizarse verano tras verano. Completa la mesa con unos vasos de acrílico en colores alegres o con relieves que aporten un toque especial y unos cubiertos todoterreno, resistentes, ligeros y fáciles de transportar. Unas servilletas de papel bonitas apenas ocupan espacio en la bolsa y elevan al instante cualquier picnic improvisado. ¿Y si este verano te propones subir un poco el nivel? Lleva una pequeña tabla de madera para cortar y presentar allí mismo los embutidos o la fruta fresca. Incluso de vacaciones, no hay que olvidar los pequeños detalles.
Un capazo donde cabe de todo
Hay un último imprescindible sin el que ninguno de los anteriores tendría sentido: una buena bolsa de playa. Mejor si es un capazo o un bolso amplio, resistente y bonito, porque va a convertirse en el auténtico comodín de tus vacaciones. Dentro cabe de todo: un pareo de repuesto para cambiarte antes de subir al chiringuito, un neceser con protector solar, aftersun, cepillo y esos imprescindibles para un retoque de última hora. También cabe tu novela favorita del verano e, incluso, unas palas para improvisar un partido a la orilla del mar.
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