20 compras de Las Rebajas para conseguir el fondo de armario masculino definitivo en 2024
El nuevo año ha dado el pistoletazo de salida y, en el ámbito de la moda, eso solo significa una cosa: las rebajas de invierno ya están aquí. Esta época tan señalada en el calendario es una de las más esperadas, ya que firmas de lujo y grandes cadenas ofrecen, durante un período determinado, descuentos en una amplia variedad de artículos. Para muchos, este evento es la oportunidad perfecta para comprar aquella pieza especial que lleva en su lista de deseos durante meses. Sin embargo, puede que donde más merezca la pena aprovecharlas es en aquellas piezas consideradas como esenciales que no pueden faltar en ningún armario.
Ya lo decía Yves Saint Laurent, “un buen diseño puede soportar la moda de 10 años”. Y, en el vestuario masculino, existen determinadas prendas y accesorios que, tras siglos de historia, continúan presentes de modo casi obligatorio. Hablamos, por ejemplo, de una gabardina, un abrigo peacoat, una camisa informal, unos mocasines Oxford, una cartera o un reloj. En definitiva, la selección infalible de básicos que todo hombre debería tener a lo largo de su vida. ¿El motivo? Son capaces de salvar cualquier estilismo y situación del día a día gracias a su diseño versátil y atemporal.
El recopilatorio que conforma lo que actualmente recibe el nombre de armario cápsula no responde a temporadas ni tendencias pasajeras, sino que constituye una base sólida de lo que, independientemente del estilo, la época y la ocasión, siempre funciona. Y, en este caso, no hay mejor ocasión que las rebajas para invertir en aquella que, si todavía no la tienes, dentro de unos años lo agradecerás. Para ayudarte en esta ardua tarea, hemos elaborado una lista con las 20 prendas y accesorios que te permitirán construir el fondo de armario redondo.
01.
Gabardina clásica
Humphrey Bogart en Casablanca o Peter Sellers en La Pantera Rosa encumbraron este abrigo de tejido impermeable desde las trincheras militares —de las que deriva su acepción en inglés trench coat— al armario masculino. Fue Thomas Burberry el artífice en 1895 de su antecesor, el abrigo Tielocken, para los oficiales británicos en la guerra de los Bóer. De éste deriva el modelo que más adeptos presenta en la actualidad, reconocible por su tejido de algodón de efecto rayado en diagonal en color tostado, las trabillas en los hombros, los bolsillos inclinados, el cierre de doble botonadura y el cinturón.
02.
Abrigo peacoat
Este abrigo de inspiración marinera, tradicionalmente fabricado en lana Melton azul marino, vivió un auténtico boom entre los jóvenes de los años sesenta tras formar parte de la indumentaria de los ejércitos estadounidense y británico durante la Primera y Segunda Guerra Mundial. De cierre cruzado, largo hasta la cadera y cuellos amplios, es el candidato perfecto para ser un abrigo de cabecera, tal y como defendía Robert Redford en la película Los tres días del cóndor (1975).
03.
Traje de tres piezas
Símbolo de elegancia y formalidad, el traje compuesto por chaqueta, pantalón y chaleco en el mismo tejido debe su origen al rey Carlos II y las casacas que se usaban en las cortes británica y francesa durante el siglo XVII. Aunque no fue hasta el siglo XIX que se estableció tal y como lo conocemos en la actualidad tras la llegada del dandismo. George Bryan —conocido como Beau Brummel—, Lord Bryon, Frank Sinatra, Steve McQueen en El Caso de Thomas Crown (1968) o Al Pacino en El Padrino II (1974) lucieron con maestría el traje de tres piezas, relegado ahora a ocasiones más especiales.
04.
Chaqueta bomber
De nuevo, una prenda de abrigo de origen militar, esta vez legado del ejército de aviación. Concretamente, del modelo A-2 de cuero usado por los estadounidenses y popularizado tras la Segunda Guerra Mundial, que años más tarde evolucionó en la chaqueta de nailon, corta y sin cuello que conocemos todos hoy —reinterpretación de la MA-1 ideada por la empresa Alpha Industries—. Una vez más, fue también el cine la encargada de ensalzarla a través de personajes como el de Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo (1951), Sylvester Stallone en Rocky (1976) o Tom Cruise en Top Gun (1986).
05.
Americana estampada
La versión independiente de la chaqueta de traje surge a partir del modelo Norfolk empleado para la caza a partir del siglo XIX. De ascendencia británica, su popularidad se atribuye a los estadounidenses —de ahí su nombre en español—, impulsada por referentes como el actor Clark Gable, y ha servido para acercar la moda sartorial a contextos más relajados. Gracias, también, al uso de tejidos estampados, como el príncipe de gales, la pata de gallo, la raya diplomática o el ojo de perdiz.
06.
Chaqueta sahariana
Esta prenda de inspiración aventurera surgió, en realidad, como parte del uniforme de verano que llevaba el ejército británico durante la Primera Guerra Mundial. Su diseño, fabricado en algodón o lino, era una alternativa tropical a la chaquet Norfolk: de color beis o caqui, ceñida a la cintura con cuatro bolsillos (sobre pecho y caderas) y cinturón. Ernest Hemingway fue su mejor embajador y el encargado de trasladarla al vestuario de la calle, junto a actores como Clark Gable en Mogambo (1953) o Robert Redford en Memorias de África (1985). Aunque su ascenso a la alta moda se lo debemos a Yves Saint Laurent y su versión femenina de 1968.
07.
Sudadera varsity
Las chaquetas creadas por el equipo de béisbol de la universidad de Harvard en 1865, adornadas con una ‘H’ en el pecho e inspiradas en las conocidas como letterman jackets, fueron el germen de esta tendencia con nombre propio que firmas como Lacoste, Ralph Lauren o Ellesse han perpetuado a través de sus colecciones. Entre las prendas que formaban esta indumentaria asociada a la estética preppy, las sudaderas estampadas con logos universitarios fueron ganando seguidores entre los grupos juveniles a partir de los años 50 hasta hoy.
08.
Pantalón chino
Uno de los básicos indiscutibles que no puede faltar en el armario masculino contemporáneo, pues permiten configurar estilismos informales más elevados. Herencia de los llamados khakis que los militares estadounidenses popularizaron tras la Segunda Guerra Mundial, fue la firma Brooks Brothers la primera en comercializarlos en 1942. Largo, liso y fabricado en algodón, conformó el uniforme de los grupos universitarios durante los años 40 y 50 del siglo XX, combinados habitualmente con chaqueta azul marino tipo blazer.
09.
Camisa informal
Comúnmente conocida como Oxford, se diferencia de la camisa formal por el detalle del botón en el cuello y suele llevarse en estilismos casuales para brindar un toque de elegancia. En color blanco ha sido, es y será la base de cualquier armario masculino. Sin embargo, la categoría abarca muchas otras opciones entre las que elegir. Ya sea en otros colores lisos, como el azul, el rosa o el verde caqui; estampada — con las rayas o los cuadros a la cabeza—; o también en diferente tejido, como el vaquero o la pana.
10.
Pañuelo de bolsillo
Puede que no sea uno de los complementos más admirados por las nuevas generaciones (de hecho, está en peligro de extinción desde hace décadas), pero el pañuelo de bolsillo ha ocupado siempre un lugar destacado en la indumentaria clásica masculina. En el siglo XVIII, los aristócratas comenzaron a usarlo como forma elegante de limpiarse la nariz, pero fue el traje moderno en el siglo XIX el encargado de convertirlo en un sofisticado accesorio al colocarlo en un bolsillo habilitado en el pecho de la chaqueta. Surgieron así las versiones en seda estampada y de colores que se han mantenido hasta hoy.
11.
Zapato Oxford
Constituyen el calzado básico de vestir por excelencia y descienden, como su nombre intuye, de los ingleses. Su origen deriva de la bota Oxonian, muy utilizada en Oxford en 1800, y su adaptación al armario masculino llegó tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la comodidad se impuso a la formalidad. El modelo clásico, anudado en el empeine, se caracteriza porque las orejas —paletas laterales que acogen los agujeros para los cordones— dibujan una costura muy reconocible que recorre el pie de lado a lado a la altura del arco. Este diseño ha evolucionado a la par del cambio en los pantalones, pero siempre sin perder la esencia elegante y versátil que los caracteriza.
12.
Botas de montaña (para la ciudad)
Es inevitable no pensar inmediatamente en Timberland cuando se habla de este tipo de calzado. La firma estadounidense es considerada la responsable de que esta bota diera el salto del campo de batalla al asfalto. Creada en 1973 por la Abington Shoe Company, su diseño en nobuk amarillo con suela gruesa de goma estaba pensada en un primer momento para trabajar. La industria de la moda y los músicos no tardaron en ver su potencial y la convirtieron en elemento esencial del armario masculino. Sin embargo, no fue la única. En España, ya existían las icónicas Chiruca, una bota de montaña que supuso una auténtica revolución entre los años 50 y 70.
13.
Slippers
Conocidas coloquialmente como pantuflas, zapatillas o chinelas, son una adaptación del clásico modelo de terciopelo usado para andar por casa y, en los últimos años, han escalado posiciones entre los looks de calle más aclamados. Firmas de streetwear como Birkenstock, The North Face o UGG han visto pasear sus diseños en iconos como el cantante ASAP Rocky. Pero el verdadero mérito de su popularidad debemos concedérselo a Alessandro Michele, hasta hace unos meses director creativo de Gucci. En 2015, el diseñador reeditó el icónico mocasín negro con hebilla Horsebit de la casa italiana abriendo el talón y cubriendo su interior de pelo sintético, convirtiéndolo en una tendencia en sí misma que hoy todavía sobrevive.
14.
Gorra de béisbol
La gorra es el más popular de los sombreros dentro del armario masculino informal, herencia nuevamente de la indumentaria deportiva. Existen varios tipos en función de su diseño, pero es quizás la beisbolera la que más adeptos ha conseguido reunir a lo largo de los años. La particularidad que la diferencia de otros modelos es que su corona sigue la forma natural del cráneo, por lo que su tamaño es más comedido y práctico. Su historia se remonta a 1860, en Brooklyn, donde apareció por primera vez como símbolo del despreocupado estilo de vida estadounidense. Desde su época dorada en los 90, viven en un constante ir y venir, pero siempre están ahí.
15.
Corbata clásica
El perfecto look de oficina, tal y como se impuso en la década de los 80, no se entiende si el traje no va acompañado de una corbata. Este accesorio anudado al cuello y confeccionado generalmente en seda es, sin duda, unos de los elementos más simbólicos de la indumentaria formal masculina. Y continúa siendo imprescindible contar con, al menos, un par de ellas en el vestidor. Atención, eso sí, al uso, pues es más complejo de lo que a priori puede parecer. Más allá del color o estampado elegidos, es requisito indispensable saber distinguir qué medida, largo y tipo de nudo —simple, doble, Windsor…— son los más adecuados para cada tipo de chaqueta.
16.
Cinturón
Hasta el final de la Primera Guerra Mundial, este accesorio de origen prehistórico era usado para ceñir otras prendas, como túnicas, vestidos o chaquetas. No fue hasta los años 20 cuando sustituyó a los clásicos tirantes en la sujeción de los pantalones. Los códigos estilísticos dictan que, para llevarlo de forma correcta, debe combinar en material y color con los zapatos, y ajustar su tamaño a la medida de las trabillas del pantalón. De piel lisa, trenzado o de lona, hay un cinturón para cada estilo y ocasión, siempre que no se vista de etiqueta.
17.
Gemelos
Pocas son las joyas que aderezan el vestuario masculino. Pero entre ellas, los gemelos son una de las piezas sine qua non guardada para el ámbito laboral o los eventos más especiales. Los primeros modelos corresponden a Eduardo VII y sus diseños de Fabergué, y pese a que su uso ha sido bastante volátil a lo largo de la historia, fue en la década de los 80 cuando se recuperaron de forma definitiva. En la actualidad mantienen su puesto en el ranking de esenciales gracias a firmas de lujo como Cartier, Louis Vuitton, Paul Smith o Tiffany & Co.
18.
Cartera
Desde que el dinero se convirtiese en moneda de cambio, algo tan sencillo como un pequeño bolso para transportarlo se ha convertido en un accesorio esencial para hombre, en el que no solo prima su tamaño y funcionalidad, sino también su estética. Se trata de un elemento atemporal, práctico y pensado para durar,por lo que conviene invertir en un modelo de calidad que sea resistente al uso del día a día. El modelo clásico más extendido está confeccionado en piel, no tiene cremalleras y cuenta con distintas ranuras en su interior para guardar los billetes y las tarjetas.
19.
Reloj de pulsera
El equivalente a la camisa blanca en materia de accesorios es, de forma irrebatible, el reloj de pulsera. Ningún armario masculino está completo si no se cuenta con, al menos, uno en el joyero. Aunque en sus inicios era un complemento atribuido a las mujeres —los hombres lo usaban de bolsillo— fue gracias a Louis Cartier que ellos comenzaron a llevarlo. En 1904, diseñó un primer modelo para que el aviador brasileño Alberto Santos Dumont pudiera leer la hora durante el vuelo. Desde entonces, su diseño y maquinaria han ido evolucionado al ritmo de los tiempos a través de firmas y modelos que son eternos: el Speedmaster de Omega, el Submariner de Rolex o el Nativimer de Breitling.
20.
Gafas de sol icónicas
Pero no lo hicieron solos, sino de la mano de la que es considerada la firma insignia por excelencia, Ray-Ban, y el que es considerado el modelo más icónico de la historia: las Wayfarer. Ninguno —con permiso de las lentes de aviador— ha sido capaz de igualarlo en popularidad y apariciones. Lanzadas en 1953, fueron las primeras en ser fabricadas con montura plástica y su llegada supuso una auténtica revolución para la moda del siglo XX. Bob Dylan, Los Beatles, Andy Warhol, Cary Grant, Tom Cruise… La lista de referentes de estilo es infinita y su fama perdura hasta nuestros días.
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