Éstas son las tendencias en bañadores de hombre para esta temporada
Ilustración: Gonzalo Muiño
El bañador masculino ha conseguido adentrarse poco a poco en el armario estival como pieza de moda por derecho propio, y no solamente como prenda secundaria relegada únicamente a la playa o la piscina. Por eso, esta temporada te invitamos a que explores más allá de su funcionalidad y confíes en las virtudes escondidas que tiene para definir un look. Por supuesto, entendemos su informalidad implícita, pero un buen bañador puede convertirse en una inesperada declaración de estilo, sobre todo si te dejas guiar un poco por las tendencias del momento.
¿Y qué reflejan las de 2026? Precisamente eso: un equilibrio entre funcionalidad y expresión personal. Conviven propuestas atrevidas, como los estampados llamativos o los colores vibrantes, con otras más depuradas que apuestan por el minimalismo y las líneas limpias. Al mismo tiempo, las siluetas se acortan y se adaptan a una mirada más contemporánea (las bermudas pirata surferas han dado finalmente un paso atrás). Por su lado, la estética retro regresa con más fuerza que nunca, llenándolo todo de rayas, colores pasteles y acabados vintage.
El resultado es una oferta diversa y versátil que permite jugar con distintos estilos según el momento: desde opciones más sobrias y elegantes hasta propuestas pensadas para destacar. A continuación, encontrarás una recopilación de los diseños que imperan este año. Porque hoy, elegir un bañador no es solo una cuestión práctica, sino también una forma de entender el verano que se aproxima y de vestirlo con intención.
Estampados
Los estampados no siempre formaron parte del universo del bañador masculino. De hecho, durante décadas predominaron los diseños lisos y funcionales, y no es hasta mediados del siglo XX (especialmente en los años 50) cuando empiezan a aparecer los primeros motivos decorativos, incluidos los tropicales. Más adelante, en los años 70 y sobre todo en los 80, los prints explotan definitivamente: colores vivos, gráficos pop y referencias hawaianas convierten el bañador en una pieza mucho más expresiva. Desde entonces, los motivos gráficos han quedado profundamente ligados a esta prenda, casi como una seña de identidad propia del verano.
Sin embargo, esa asociación constante con el estampado también ha contribuido a restarle cierta “seriedad” dentro del armario masculino, situándolo en un terreno más lúdico que sofisticado. En 2026, esa percepción cambia. Los estampados se refinan y evolucionan hacia propuestas más contenidas: microprints, motivos geométricos discretos o referencias culturales sutiles sustituyen a las fantasías estridentes. El resultado es un bañador que sigue teniendo personalidad, pero desde un enfoque más elegante y consciente, capaz de integrarse con naturalidad en un look cuidado más allá de la playa.
Shorts cortos
Sin duda, es la tendencia más potente de la temporada. Desde hace un par de años, los pantalones cortos (y, en consecuencia, los bañadores) han ido reduciendo progresivamente su largo hasta alcanzar cotas que hacía décadas no veíamos. Lo que antes era una bermuda relajada ha evolucionado hacia siluetas mucho más altas, por encima de la rodilla y, en muchos casos, directamente a medio muslo. Las pasarelas de 2026 lo confirman sin matices: firmas como Prada han llevado este gesto al extremo con microshorts casi minimalistas, mientras que propuestas de Louis Vuitton apuestan por versiones igual de cortas pero más estructuradas, integradas en looks completos de aire sofisticado.
Puede parecer una silueta arriesgada (incluso con cierto aire juvenil o provocador), pero lo cierto es que bien trabajada resulta sorprendentemente favorecedora. La clave está en el equilibrio: cortes limpios, tejidos de calidad y combinaciones más maduras elevan automáticamente el conjunto. Además, este auge no es casual, responde a un cambio más amplio en la moda masculina, donde enseñar piel vuelve a ser parte del lenguaje estético contemporáneo. Lo que empezó tímidamente se ha convertido en toda una declaración de estilo: más pierna, más actitud.
Rayas
La tendencia de las rayas en el bañador masculino no es nueva, sino que bebe directamente de los orígenes de la prenda. Ya a finales del siglo XIX y, sobre todo, en las primeras décadas del XX, los trajes de baño incorporaban rayas como uno de sus principales recursos estéticos. En los años 20 y 30, cuando el bañador empieza a acortarse y a adaptarse a una silueta más atlética, los modelos a rayas (muchas veces en colores suaves o contrastes sencillos) eran habituales tanto en Europa como en Estados Unidos. Además, estaban confeccionados en tejidos como lana o algodón, muy alejados de los materiales técnicos actuales, lo que les daba ese aire vintage tan reconocible
Este imaginario es precisamente el que recupera la moda en 2026. Las rayas vuelven ligadas a ese revival retro que también impulsa los shorts más cortos: cortes altos, estética Riviera y una paleta que se mueve entre tonos pastel y combinaciones clásicas. Lejos de resultar disfrazadas, hoy se reinterpretan con un enfoque más limpio y sofisticado, conectando con esa idea de elegancia relajada y nostalgia veraniega bien entendida.
Colores vibrantes
Suele ocurrir recurrentemente en moda, que las tendencias a veces avanzan en direcciones opuestas y enfrentadas, como las dos caras de una misma moneda. Frente a quienes buscan esa suavidad clásica y contenida, aparecen los defensores del color en su versión más rotunda. Los bañadores en tonos vibrantes —azules eléctricos, rojos intensos, verdes ácidos o incluso rosas saturados— se convierten en una herramienta de expresión directa, donde el impacto visual es clave. Aquí entra en juego también el color block, con combinaciones pensadas para generar contraste y dinamismo, alejándose deliberadamente de cualquier discreción.
Este enfoque está además muy ligado a los materiales técnicos y a una estética más contemporánea. Tejidos ligeros, acabados brillantes y cortes funcionales acercan estos bañadores al universo del streetwear, donde la ropa deportiva y la moda urbana llevan años dialogando. El resultado es una propuesta enérgica y actual, pensada no solo para la playa sino también para integrarse en el deporte y en looks informales de verano.
Minimalismo
El minimalismo se consolida como una de las vías más claras para elevar el bañador hacia un terreno más sofisticado. En un contexto donde la moda masculina busca cada vez más depurar siluetas y reducir el ruido visual, las propuestas sobrias encuentran su espacio natural. Los diseños monocromáticos en tonos oscuros (negro, gris antracita o marrones profundos) se imponen como una alternativa inesperada dentro del universo del baño, tradicionalmente dominado por colores vivos y estampados.
Lo interesante de esta tendencia es precisamente el cambio de perspectiva que propone. Incorporar tonos poco habituales en verano y en este tipo de prenda redefine su lectura estética: el bañador deja de ser únicamente un elemento lúdico para acercarse a códigos más cercanos al prêt-à-porter urbano. El resultado es una pieza más versátil y contemporánea, que funciona igual de bien dentro y fuera del agua.
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