Sandalias infantiles: cómo elegir los modelos que sí van a llevar
Creatividad: Inês Tavares Gorgulho
Las sandalias son el calzado que marca el cambio real de temporada en el armario infantil. Cuando llegan los días de calor, buscamos que el pie respire, que el niño pueda moverse con libertad y que el zapato aguante bien el ritmo de parque, vacaciones, comidas familiares y planes improvisados.
Este 2026 seguimos viendo dos líneas muy claras. Por un lado, sandalias cómodas y todoterreno, con velcro, tiras ajustables y suelas pensadas para caminar mucho; por otro, modelos más cuidados, fabricados en piel o de inspiración mediterránea, que resuelven looks más especiales sin dejar de ser prácticos. También se imponen los colores fáciles como el cuero, el blanco, el arena o el azul lavado, y versiones más contemporáneas como las metalizadas o las de estampado de leopardo.
Mi consejo es no comprar pensando solo en “la sandalia bonita”, sino en el uso real que va a tener. Para diario, es mejor elegir cierres sencillos, buena sujeción y materiales resistentes. Para una ocasión especial, podemos apostar por piel o menorquinas con un acabado más pulido. Y para bebés, la prioridad cambia por completo: el calzado debe ser blando, ligero y respetuoso con un pie que todavía está formándose.
Menorquinas y de estilo bohemio: el estilo de verano por excelencia
Las menorquinas son uno de esos clásicos de verano que nunca desaparecen del todo. Nacidas como calzado tradicional balear, han pasado al armario infantil porque tienen justo lo que buscamos en esta época: son frescas, sencillas y combinan con casi todo. En niños funcionan tanto con bermudas y camisas de lino como con pantalones cortos más informales; en niñas, acompañan vestidos, faldas y conjuntos de aire mediterráneo.
Esta temporada, las niñas tienen una incorporación a su zapatero de plena actualidad: las sandalias con detalles de ganchillo, materiales como la rafia o motivos de aire bohemio. Una alternativa perfecta para dar un toque de color a los conjuntos de la niña y este estilo relajado y natural propio del verano.
Sandalias de hebillas: la apuesta contemporánea
Las sandalias con hebillas son una apuesta segura cuando buscamos un calzado con un punto más contemporáneo. Al igual que ocurre en el armario de adultos, estas sandalias de pala ancha, con una o dos tiras ajustables, suela anatómica y un aire relajado encajan perfectamente con la moda infantil más práctica. Han pasado de ser un zapato puramente funcional a convertirse en una pieza de estilo, también para niños.
Las recomiendo para: looks de diario, vacaciones y planes informales, especialmente cuando buscamos comodidad sin caer siempre en la sandalia deportiva. Funcionan muy bien con bermudas amplias, pantalones de lino, vestidos sencillos o conjuntos de camiseta y shorts. Eso sí, conviene fijarse en que sujeten bien el pie y que la plantilla sea cómoda, porque aunque tengan ese aire desenfadado, siguen siendo sandalias pensadas para acompañar muchas horas de movimiento.
Sandalias de velcro: estilo deportivo y urbano
Las sandalias de velcro son probablemente las más prácticas para el día a día, y eso explica que sigan siendo imprescindibles en cualquier armario infantil. Son fáciles de poner, permiten ajustar el empeine y el tobillo, y dan autonomía a los niños que ya quieren calzarse solos. Para colegio de verano, campamentos, excursiones o tardes de parque, suelen ser las que más se usan.
Aquí no hace falta renunciar al estilo. En 2026 encontramos modelos con diseños más pulidos, colores para todos los gustos y suelas ligeras que funcionan incluso con looks más cuidados. Mi recomendación es elegirlas con buena sujeción trasera, plantilla cómoda y materiales fáciles de limpiar. Si el niño va a correr, saltar o pasar muchas horas fuera, una sandalia de velcro bien elegida puede ser la mejor opción.
Sandalias de piel: la opción más cuidada
Las sandalias de piel destacan porque suelen adaptarse muy bien al pie, son resistentes y ofrecen una gran comodidad. Son una buena inversión cuando buscamos un calzado que no sea solo para una ocasión concreta, sino para acompañar buena parte del verano. Además, la piel aporta un acabado más cuidado, ideal cuando queremos elevar un conjunto sencillo.
Me gustan especialmente en diseños de tiras o modelos tipo cangrejera reinterpretados. Para acertar, conviene fijarse en que la piel sea flexible, que la plantilla no resulte dura y que la suela tenga buen agarre. En niños y niñas, los tonos marrones, el arena, el blanco o el azul marino son muy fáciles de combinar y tienen esa cualidad que buscamos en verano de vestir sin parecer demasiado arreglados.
Sandalias de bebé, cuando la comodidad es fundamental
En bebés las sandalias cumplen una función distinta. Si todavía no caminan, no necesitamos una suela rígida ni un zapato estructurado; lo importante es que sean blandas, ligeras y agradables al contacto con la piel. Para esta etapa, funcionan bien los modelos de primera puesta, sandalias textiles, de piel muy suave o con cierres que sujeten sin apretar.
Cuando el bebé empieza a dar sus primeros pasos, la elección ya exige más atención. Mejor optar por sandalias flexibles, con puntera algo protegida si va a gatear o caminar en exteriores, talón sujeto y cierre ajustable. En esta edad, la estética importa, claro, pero la comodidad y la libertad de movimiento mandan. Un buen modelo debe acompañar el pie, sin forzarlo.
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