La vista suele ser el primer sentido que entra en contacto con lo que vamos a comer (aunque a veces el olfato se le adelanta). Porque también comemos con los ojos. Antes de saborearlos, el aspecto, forma o tamaño de los alimentos nos aporta información muy útil sobre ellos y nos anima (o no) a probarlos. También su color.
Para obtener todos y cada uno de los nutrientes que aportan los alimentos, nada mejor que un menú de variado colorido. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) aconseja no solo consumir frutas y verduras a diario, sino, además, tratar de que estas sean de diversos colores. La mejor forma de asegurarnos una ingesta equilibrada de vitaminas y minerales.