Carbayones De Blas, Asturias dulce y querida
Cuando le preguntan a José Juan de Blas cuál es el secreto para mantener casi intacta la esencia de su empresa familiar, responde contundente: “Mezclamos tradición e innovación, pero jamás rebajamos la calidad del producto, siempre aplicamos una categoría de primer nivel”.
Esa inalterable filosofía de negocio ha dado sus frutos, y ya van por la quinta generación detrás del mostrador de una tienda considerada un símbolo clásico, casi un bien cultural asturiano. “La confitería que fundó mi bisabuelo es una atracción turística que forma parte de la identidad de la ciudad.
A los ovetenses también se nos llama carbayones, por el carbayu, roble en asturiano. Pero a nosotros nos viene muy bien y nos encanta que nos conozcan con este gentilicio”, comenta de Blas, entre risas. Su encanto y reconocimiento traspasó las fronteras, y llegó hasta el director norteamericano Woody Allen, que quedó tan prendado por ella que decidió incluirla en una de las escenas de su película Vicky Cristina Barcelona (2008).
La historia de Camilo de Blas se remonta al año 1924, cuando el Ayuntamiento de Oviedo encargó al hijo del fundador, José de Blas, la creación de un pastel que representara a la ciudad asturiana en una feria de muestras. De Blas se puso manos a la obra, y bautizó una receta que se mantiene idéntica y que ha sido copiada por todo el Principado. Preparado en un molde de acero con rizos, este postre se rellena con una base de hojaldre de mantequilla, crema de almendra marcona bañada con jarabe de jerez y yema de huevo.
Pero lo que marca la diferencia del afamado pastel es su toque final, hecho con azúcar de palote, con un brillo y una luminosidad que solo adquiere tras un punto exacto de horneado: “Le damos un baño de azúcar con la menor densidad posible, para que sea como un cristal agradable en la boca. Una finísima capa que se muerde sola. Este es uno de los detalles que hace que sea único”, explica. Un manjar tan artesanal que justifica su exclusiva presencia en Club del Gourmet.
