Kombucha: el té que se convirtió en tendencia
Kombucha. ©Freepik.
El Extremo Oriente y sus costumbres ancestrales, algunas perdidas en el origen de los tiempos, son una continua fuente de inspiración para el cuerpo y el alma. Algo que también ha sucedido cuando la kombucha, una bebida secular fermentada, saltó las barreras asiáticas.
Fue a mediados del siglo XIX cuando aquel ‘té de la inmortalidad’ viajó del confín chino hacia Rusia, desde donde dio un salto primero a Alemania y, más tarde, a Estados Unidos. Allí, en los años 80, se popularizó enormemente entre los profesionales liberales de la costa oeste.
A España llegó hace apenas cinco años, y poco a poco fue calando entre nosotros la idea de un refresco alternativo, sostenible y bajo en azúcares; con la peculiaridad, además, de que se trata de un fermentado como el yogur, el chucrut o el kimchi. En un momento en el que estamos especialmente preocupados por la comida real, los ingredientes ecológicos y el respeto a la tradición, la kombucha aspira a entrar en la cesta de la compra.
Secretos ancestrales
Pero no todo vale, por eso la Kombucha Club del Gourmet es un valor diferencial en elaboración, aroma, sabor y versatilidad. Para hacer el infusionado se utiliza agua mineral de origen volcánico, té verde ecológico y azúcar integral de caña ecológico.
En cuanto al scoby (un hongo con forma de torta gelatinosa cuyo nombre es el acrónimo en inglés de Cultivo Simbiótico de Levaduras y Bacterias) utilizado por la marca, es una colonia en la que conviven en simbiosis unas veinte especies de levaduras y otras siete de bacterias. Una vez se unen la infusión y el hongo, se necesitan 15 días para que se fermente; a partir de ahí, ya se obtiene un producto que se puede denominar kombucha.
“Es entonces cuando otras marcas añaden zumos y gas carbónico industrial, pero nosotros hacemos una segunda fermentación”, explican los responsables de producción. “En ella, maceramos frutas, plantas, especias o raíces, sin usar zumos ni aromatizantes. Con ello conseguimos que los sabores y la carbonatación sean naturales”.
El resultado es una bebida ligeramente ácida y dulce, muy baja en azúcar, refrescante y perfecta para todo tipo de paladares. Puede tomarse sola, recién sacada de la nevera; servida en un clásico on the rocks... E incluso, como está cada vez más en boga, se puede en convertir a la kombucha en protagonista de una coctelería innovadora y saludable.
