Cecina de Wagyu: descubre todas sus claves
Un capricho. Ahí empezó la aventura de intentar hacer un producto tan hispano como la cecina a partir de un animal ajeno a nuestra tradición, el wagyu. “Fue Martín Aramburu, un auténtico gourmet, amante de la buena cocina y siempre atento para encontrar los productos de la más alta calidad, quien se empeñó hace algo más de una década en importar embriones de raza pura wagyu desde Australia, para insertarlos en madres portadoras y que nacieran y se criaran en nuestro país.
En 2007 nacieron en Hondarribia (Guipúzcoa) los primeros ejemplares cien por cien wagyu… y con pasaporte español. Cuando tienen entre nueve y 12 meses los trasladan a Argamasilla de Alba [Ciudad Real], donde viven en libertad en Casa Hierro, una finca ecológica, alimentándose con almendras, pistachos, cereales cultivados allí mismo… A diario, antes de comer, cada animal recibe un masaje y un baño, a veces se le pone un poco de vino igual que los japoneses le dan un poco de sake… Se puede decir que estos ejemplares tienen una vida idílica, con un final a la altura: cuando llega el momento de sacrificarlos, cuando ya tienen en torno a los 42 o 46 meses, se les pone música clásica, la misma que escuchan a diario cuando comen, para que se relajen y no sufran, lo que repercute también en una mayor calidad.
Las piezas de carne pasan entonces a las manos de un experto maestro cecinero de León, que es el encargado de convertir tan particular materia prima en un producto único. Al principio, el maestro no daba crédito a tener que trabajar con una carne tan exótica y sorprendente, pero no tardó en conseguir un producto inmejorable. Elabora la cecina de una manera totalmente artesanal, de igual forma que hace 40 años: tres días de ahumado y entre 18 y 24 meses de curación es la fórmula ancestral.
Es la grasa infiltrada que le hace completamente diferente a otras cecinas más habituales, elaboradas con carne de vaca o de buey. Los japoneses tienen un baremo para medir esta infiltración en los ejemplares de wagyu y el tope se sitúa en el 12%. Esta cecina está entre el 9% y el 11%. Se puede incluso afirmar que es casi como el mejor jamón ibérico de bellota. De hecho, hay catas ciegas en la que ambos productos se confunden. Su grasa impide que haya que ponerle nada de aceite en el momento de servirla, a diferencia de otras. Como mucho, se puede acompañar con unas almendras. Al saborear una loncha en la boca, aparece un sabor dulzón, toques de yogur, casi parece foie.
Más de una década después, el proyecto se ha asentado plenamente y la cecina no hace sino mejorar, gracias a toda la experiencia adquirida en estos años. ¿Hay maridaje posible con este producto? Un vino tinto, potente, con cuerpo y estructura es la recomendación para disfrutar a tope del sueño de unos pioneros que creyeron en hacer algo que parecía imposible.
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