Para iniciar con el mejor sabor de boca cualquier periplo por Perú lo mejor es poner rumbo a la costa norte, escenario de culturas prehispánicas como los tallanes, vicús y, sobre todo, de la civilización Moche, predominante en esta región entre los años 100 y 900 d.C. La huella mochica asalta a cada paso del visitante para sorprenderlo y cautivarlo. Igual que la riqueza gastronómica de esta parte del país.
En Tumbes, la región más al norte del país, la calidad de los frutos del mar y pescados es excepcional, lo que justifi ca los celebérrimos ceviches de pescado o de marisco y los sudados, siempre jalonados por platos de altura como el majarisco. Una manera de disfrutar de parajes naturales como son los manglares del departamento de Tumbes y, de paso, degustar sabrosos platos de la región como el ceviche de conchas negras es poner rumbo a Puerto Pizarro. El departamento de Piura no se queda atrás en atractivos gastronómicos, naturales e históricos.
La cocina de esta región, con el protagonismo del zapallo calabaza) y los ajíes, brinda al recetario peruano uno de los ingredientes esenciales: los ácidos y jugosos limones sutiles del valle de San Lorenzo y Chulucanas, los únicos que permiten preparar el ceviche. En esta región, el mejor modo de saciar la sed es hacerlo a la antigua usanza, con la tradicional bebida inca, la chicha (con el maíz fermentado como base y al que se añaden otros cereales y frutas) y con platillos de la talla del cabrito con frijoles y arroz o el majado de yuca con carne aliñada. Aunque los verdaderos reyes en Piura son el seco de chabelo y el tamalito verde. Capítulo aparte merecen los chifles, crujiente de plátano frito en delgadas láminas, fritas y saladas, que acompañan casi todos los platos en el norte.
Resiguiendo la costa norte, los departamentos de Lambayeque y La Libertad atesoran dos hitos sobresalientes: el Señor de Sipán y la Señora de Cao. El descubrimiento, en 1987, de la tumba del primero en Huaca Rajada, en la provincia de Lambayeque, convirtió esta región en uno de los destinos de turismo cultural más sobresalientes de Perú. Rodeado de símbolos de mando y más de 600 piezas de oro, plata y piedras preciosas, los arqueólogos habían desvelado al mundo entero toda la riqueza con la que fue enterrado este gobernante moche. Contemplar hoy esos tesoros en el museo Tumbas Reales de Sipán, a 10 minutos en coche desde Chiclayo, es una aventura que no hay que perderse por nada del mundo.
Precisamente, no hay mejor campamento base para moverse por Lambayeque que su capital, Chiclayo. Epicentro comercial entre la costa, la sierra y la selva norte, es una efervescente ciudad en la que merece recalar ni que sea sólo por un paseo matutino por sus dos famosos mercados: el Moshequeque, conquistado por frutas ignotas para el recién llegado, o el Modelo, donde chamanes y curanderos ofertan sus fi ltros y amuletos. Otro aliciente de Chiclayo es su inmejorable ubicación. A una docena de kilómetros se encuentra la ciudad de Monsefú, con su magnífi co mercado artesanal famoso por sus bordados y complementos de paja, donde poder saborear uno de los platos locales más afamados: las panquitas de life o pez gato. Otros destinos cercanos a Chiclayo son el coqueto y antiguo –fue fundado en 1563– pueblo de Zaña, la Reserva Ecológica Chaparrí y los balnearios de Puerto Eten y Pimentel.
Para cerrar el círculo en torno a los tesoros moche no hay mejor fórmula que, primero, hacer una escapada a Lambayeque, al excepcional Museo Arqueológico Nacional Bruning, para luego acercarse hasta las impresionantes pirámides de Túcume. Chiclayo es también un destino gastronómico de primer orden donde el visitante podrá dar fe de recetas como el espesado de choclo o el ceviche de mero con tortitas de choclo, acompañado como mandan los cánones con la típica salsa criolla. A su paso por Chiclayo, los visitantes más golosos tendrán también la oportunidad de estampar en su memoria gustativa dulces como el arroz zambito, bebidas como la algarrobina o postres como el portentoso King Kong. Con fuerzas renovadas, una magnética figura femenina atrae hacia el departamento de La Libertad. Se trata de la momia de la Señora de Cao, descubierta en 2005 en la Huaca de Cao, un recinto ceremonial moche construido para albergar los restos de esta joven noble. Hoy, los visitantes del Museo Cao, ubicado en el Complejo Arqueológico El Brujo, a 70 kilómetros de Trujillo, pueden pulsar la magia de este hallazgo. Aunque la Señora de Cao no es el único de los motivos por los que recalar en La Libertad. Los amantes de la historia disfrutarán de lo lindo tras la visita a Chan Chan, la antigua capital del reino chimú, con más de 20 Km² de extensión, lo que la convirtió en la ciudad de barro más grande de la América prehispánica.
Igual de recomendable es la visita a las Huacas del Sol y de la Luna, los centros ceremoniales más importantes del reino moche o, ya en Cajamarca, una visita a los Baños del Inca o a las Ventanillas de Otuzco, la enigmática necrópolis tallada en la roca volcánica. Desde el punto de vista gastronómico, La Libertad y su capital, Trujillo, son el mejor enclave para descubrir una cocina regional caracterizada por la diversidad de sus materias primas y las influencias mochicas, incas y españolas que se perciben en cada plato. Para despertar el apetito, lo mejor es pasear por las calles de Trujillo, un puzle urbano con sabor colonial cuyo corazón es la Plaza Mayor. Fundada en 1534 como una de las principales ciudades del Virreinato, de los fogones de Trujillo nacen platos de relumbrón como la causa trujillana, potajes criollos como el shámbar, la divina sopa teóloga, el pepián de pavo o el célebre arroz con pato.
Y para dejar Trujillo con un dulce sabor en el paladar, no hay destino más sublime que la Dulcería Doña Carmen, toda una institución local desde 1925. Emplazada en la calle San Martín, entre su repertorio de dulces y postres no faltan la leche asada, yemecillas, tajadón o los higos rellenos con manjar blanco.
"El ají sintetiza la supervivencia de civilizaciones como la moche o la inca"