Estos son los tesoros de moda (eternos) que pasan de generación en generación
En la historia de la moda, existen ciertas piezas con nombre propio cuyo viaje en el tiempo ha transcurrido hasta nuestros días ajeno a los cambio de época y las tendencias. Lejos de quedar obsoletas, es precisamente su línea de vida la que atestigua que sean consideradas un verdadero hito en sí mismas cuya popularidad continúa in crescendo, adquiriendo un valor infinito que trasciende generaciones.
Hablamos de célebres iconos como el bolso 2.55 de Chanel, el abrigo camel de Max Mara, los vaqueros 501 de Levi’s, el pañuelo Carré de Hermès o los zapatos conocidos como Mary Jane. Todos ellos, objetos de culto que bien merecen la inversión que suponen, pues su uso se prolonga de madres a hijas, constituyendo un legado familiar cuya inconmensurable carga emocional prevalece al encanto de su diseño.
01.
Un bolso negro acolchado
Probablemente no haya en la historia de la moda un bolso tan reconocible a primera vista como el ilustre 2.55 de Chanel. De ahí que este modelo acolchado en negro con cadena dorada haya sido reinterpretado de forma infinita cada temporada por firmas y diseñadores, constituyéndose como un clásico esencial del armario femenino. Fue en 1955 cuando Coco Chanel regaló a las mujeres esta pieza práctica y elegante que les permitía transportar todos sus enseres con total libertad de movimiento —siete bolsillos de diferentes tamaños conviven en su interior—, algo inusual en esa época. Lejos de adolecer con los años, su icónico diseño en piel guateada con cierre de torniquete conserva el encanto que lo catapultó a la fama mundial, atesorado por miles de mujeres como la pieza perfecta para pasar de generación en generación.
02.
Un collar de perlas
Jackie Kennedy dijo una vez que “las perlas son siempre apropiadas”. Y lo cierto es que, si echamos la vista atrás y repasamos su extensa tradición histórica hasta hoy, no estaba en absoluto equivocada. Esta gema de origen natural goza de un importante valor cultural que se remonta a siglos y siglos de antigüedad, aunque fue a partir de la aparición de La Peregrina allá por 1560 —considerada la joya más famosa de la historia— cuando comenzó a estar inexorablemente vinculada a la realeza, el poder y la riqueza, siendo los collares su armamento más significativo. La Reina Isabel II, Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn o Grace Kelly defendieron el legado sempiterno de esta joya que, en los últimos años, ha bajado de las altas esferas al armario moderno gracias a firmas como Marc Jacobs, Chanel, Gucci, Miu Miu o Simone Rocha.
03.
Una camisa blanca
A lo largo de la historia, no ha existido icono de estilo femenino ni diseñador que se haya resistido al poder estilístico que confiere una camisa blanca. Su incursión en el armario de la mujer data de la década de 1920, pese a que fue Maria Antonieta la primera en interaccionar con ella, tal y como muestra un retrato suyo de 1783. Desde entonces, esta pieza sartorial se ha consolidado como un básico irremplazable, cuya versatilidad y elegancia innata se adapta de forma natural a cualquier estilo, prenda y ocasión. Figuras como Marlene Dietrich, Katharine Hepburn, Carolyn Bessette, Patti Smith o Victoria Beckham, entre otras, son algunas de sus embajadoras más célebres y las responsables, junto a firmas como Calvin Klein, Carolina Herrera o The Row, de la eterna gloria que atesora. Su diseño ha sido reformulado de forma infinita a través de diferentes tejidos, patrones y ornamentos, manteniendo intacta su esencia y carácter atemporal.
04.
Un reloj de pulsera
Más allá de la mera funcionalidad de informar sobre el paso del tiempo, el valor universal de esta pieza de joyería responde a la gran carga sentimental que es capaz de atesorar. Contra todo pronóstico —y pese a que su historia ha estado capitaneada por hombres—, se trata de un accesorio de origen indiscutiblemente femenino, siendo el primer modelo diseñado en 1810 por Abraham-Louis Breguet para la reina Carolina Murat, hermana de Napoléon Bonaparte. No fue hasta un siglo después que Louis Cartier abrió un nuevo camino al diseñar el primer reloj de pulsera masculino para el aviador brasileño Alberto Santos-Dumont. De este modo, los relojes para mujer comenzaron a prestar mayor atención a su estética, convirtiéndose en un símbolo de lujo y elegancia que firmas como Patek Philippe, Chopard o Rolex han perpetuado a través de modelos que hoy son considerados eternos.
05.
Unas gafas de sol estilo aviador
Pocos accesorios han sido capaces de anteponerse al paso del tiempo sin perder ni un ápice de popularidad por el camino tal y como han logrado las gafas Ray-Ban Aviator. Su creación data de principios del siglo XX, aunque fue tras la llegada de la Segunda Guerra Mundial cuando se extendió su uso en el ámbito militar y las equipaciones deportivas, para posteriormente hacerse hueco entre los rostros más famosos del cine y la música. Desde Freddie Mercury a Bianca Jagger, pasando por Gloria Steinem, David Bowie o Stevie Nicks, no hay referente de estilo que no haya caído rendido a este modelo, característico por su montura fina de metal, doble puente y lentes en forma de lágrima que se hunden en la cuenca del ojo. Pese a las múltiples reinterpretaciones que se han hecho de ellas en este último siglo, es la gafa original la que permanece como herencia irremplazable.
06.
Un pañuelo de seda estampado
El responsable de transformar este complemento en sinónimo de lujo y un auténtico objeto de coleccionista es el emblemático carré —cuadrado en francés— de Hermès. Su origen es tan particular como las miles de historias que encierran los estampados y colores de cada una de las más de 3.000 referencias que conforman el archivo de la firma. En 1937 se inauguró en París la apertura de una línea de autobús cuyo recorrido separaba las plazas parisinas de la Bastilla y la Madeleine. A modo de homenaje, el por entonces futuro heredero de la casa francesa, Robert Dumas, ideó un pañuelo de seda con unas medidas fijas de 90 x 90 centímetros al que bautizó como Jeu des Omnibus et Dames Blanches. Se forjó así la leyenda de esta pieza de artesanía confeccionada en twill de seda que todavía hoy es considerada una reliquia para quienes lo poseen.
07.
Unos vaqueros clásicos
“Desearía haber inventado los vaqueros: lo más espectacular, lo más práctico, lo más relajado y nonchalant. Tienen expresión, modestia, sex appeal y su simplicidad” reconocía Yves Saint Laurent a New York Magazine en 1983. Y es que la trascendencia histórica y universal de este pantalón, patrimonio de la moda estadounidense contemporánea, es de manera unánime la única presente en todo armario, indistintamente sea de hombre o mujer. Su origen se remonta a 1851, cuando el alemán Levis Strauss emigró a Estados Unidos y comenzó a fabricar ropa de trabajo resistente para los mineros. En un principio eran confeccionados con otros materiales hasta que en 1860 descubrió en Nîmes, Francia, la sarga de algodón que dio nombre al tejido denim con el que se fabricaría a partir de entonces. Pese a que otras firmas y diseñadores empezaron a comercializar con éxito esta prenda —Calvin Klein o Lee entre las más destacadas—, es el modelo 501 de Levi’s el que continúa conquistando generaciones.
08.
Unas merceditas o Mary Jane
Pese a sus claras reminiscencias infantiles, son varias las épocas doradas que ha vivido este tipo de calzado desde su aparición a principios del siglo XX, que van del estilo flapper de los años 20 al uniforme de prescriptoras actuales como Alexa Chung, sin olvidar a una joven Twiggy en los 60 lucirlas junto a los diseños de Mary Quant. Mientras que en España fueron bautizadas como merceditas por María de las Mercedes de Orleans —a quien su esposo Alfonso XII llamaba así de forma cariñosa—, en Estados Unidos deben la nomenclatura de Mary Jane a la empresa de calzado infantil original de Missouri Brown Shots, quien tomó prestado el nombre de la protagonista del cómic Buster Brown, escrito en 1902 por Richard Felton Outcalt. Su diseño de suela plana, formas redondeadas y una tira que cruza por el centro del empeine para sujetar el pie no solo no pasa de moda, sino que ha sido reimaginado en incontables temporadas por firmas como Miu Miu, Dior, Prada o Chanel.
09.
Una chaqueta de tweed
De nuevo, Gabrielle ‘Coco’ Chanel es la creadora de otra pieza de armario sin aparente fecha de caducidad, pues desde su lanzamiento durante los años 30 se ha mantenido como clásico inmortal, reeditado de forma ilimitada al ritmo de los tiempos y las tendencias. Las chaquetas que ella misma tomaba prestadas del vestuario de su amante Hugh Grosvenor, Duque de Westminster, le sirvieron de inspiración para diseñar una pieza sartorial que funcionase en todo momento y ocasión, confeccionada a partir de un tejido de lana áspera, cálido y resistente importado desde Escocia. Su fulminante éxito entre las mujeres europeas del momento se ha prolongado inalterable con el paso del paso de los años, siendo incluso uno de los estandartes del estilo moderno del siglo XX. El modelo original es ya un objeto de coleccionista y sus múltiples reinterpretaciones una pieza que toda mujer agradece conservar en su vestuario.
10.
Un cinturón de piel
Posiblemente el cinturón sea uno de los accesorios con más historia y que mejor ha sobrevivido al paso del tiempo. Sus orígenes se remontan a la prehistoria, época en la que se empleaba para ceñir las pieles, túnicas y vestidos, y hasta los años 20 se mantuvo como un elemento decorativo, más que como un accesorio funcional. No fue hasta el fin de la Primera Guerra Mundial cuando se les otorgó la utilidad por la que popularmente son conocidos en la actualidad: sujetar los pantalones. Sin embargo, en lo que al armario femenino se refiere, se han transformado en un accesorio imprescindible que cumple una doble función más allá de lo meramente práctico, ya que también sirven para definir la silueta o aportar un toque diferenciador a un look. Entre la variedad de diseños disponibles en la actualidad, un modelo de piel en negro o marrón y con hebilla metalizada es un clásico que siempre funciona, independientemente de su uso.
11.
Un abrigo camel
A finales de los años 50, un joven diseñador italiano llamado Achille Maramotti decidió desafiar los códigos binarios de la moda adaptando el abrigo tradicionalmente masculino a la silueta femenina. Este gesto considerado revolucionario proporcionó a la mujer trabajadora de la época una prenda exterior de calidad a la par que estilosa, cuyo éxito la consagró de forma inminente como principal emblema de su firma, Max Mara. Más de medio siglo después, su icónico abrigo camel permanece tan relevante como entonces, si bien ha ido evolucionando con el transcurso de los años en otros modelos que varían en silueta o en tejido, pero no en esencia. Uno de los más destacados, sin duda, el nombrado 101801, diseñado por Anne-Marie Beretta para la casa italiana en 1981 e incombustible desde entonces en el armario de figuras como Iman, Jane Fonda, Julia Roberts o Hailey Bieber.
12.
Una pulsera o brazalete de oro
Discreta, modesta, pero capaz de encerrar una carga emocional incomparable. La conocida como pulsera o brazalete de media caña fabricada en oro es, quizás, la pieza familiar que toda nieta desear heredar de su abuela. Su diseño atemporal y sutil brinda una dosis de elegancia comedida que la convierte en la joya perfecta para llevar en el día a día. La popularidad y el fuerte valor sentimental que se atribuye a este tipo de pulseras se lo debemos, en gran parte, al modelo Love que el diseñador de joyas italiano Aldo Cipullo creó para Cartier en 1969. Tal y como dejan entrever su nombre y su diseño —decorada con dos semicírculos que se unen en uno solo—, simboliza el amor y el compromiso entre dos personas, que con el paso del tiempo no solo responde a la idea romántica en la que se inspira.
Estos son los tesoros de moda (eternos) que pasan de generación en generación
Por qué el combo camisa blanca y vaqueros sigue siendo el look que mejor funciona a cualquier estilo y edad
7 bolsos de lujo en los que invertir ahora (y atesorar por siempre)
Las 7 zapatillas icónicas en las que invertir ahora y que nunca dejarán de ser tendencia
