Hay espacios que esperan durante siglos una voz que los descubra: los lugares aguardan un relato que desvele sus perfiles; los días se suceden a la busca de un mortal que los recuente. Y cuando tal sucede, la región se vuelve mito, un claror nunca usado baña de luz las cumbres y los valles y las figuras de los viejos paisajes salen de la noche a repoblar entonces los nuevos territorios inaugurales. La raspa del Celacanto ha llegado para El Bierzo; historia, leyenda, fábula, invención y verdad sobre un lugar preciso, en un tiempo aproximado, a veces ucrónico.