El despacho de Javier Saavedra ha sido siempre un lugar de cruce de historias singulares: por él pululan mafiosos italianos, con sus trajes impecables y sus buenas maneras, y atracadores de barrio de chulería castiza; traficantes de drogas, millonarios de los que frecuentan la lista Forbes y altezas reales de algún país del Este; habituales del papel couché y acusados de asesinato por no hablar de alguien que nunca pudo pisar su oficina, pero a quien, como miembro de su equipo legal internacional, Saavedra hizo todo lo posible por salvar la vida: Saddam Husein. Algunos podrían decir que el suyo es un bufete ecléctico y ''mediático'', por lo conocido de buena parte de su clientela; el propio Saavedra lo resumiría más bien señalando que en él, simplemente, cumple un principio esencial democrático: el que garantiza que toda persona, desde la víctima de una calumnia al más detestable de los delincuentes, debe disponer de un abogado.
Dimensiones: 24 (alto) x 16 (ancho) cm / Nº de páginas: 328