En Octubre de 1944 la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico había dado ya un vuelco claro a favor de los Aliados. En Washington se empezaba a plantear el asalto final al territorio metropolitano japonés. Pero la decisión de cómo llevarlo a cabo iba a ser una de las más difíciles de tomar para el presindente Roosevelt. Ante él se abrían dos posibilidades de acción. Para la Marina y el almirante Nimitz, en el Pacífico central, se debía seguir el camino directo a Japón, conquistando previamente Formosa y las islas Volcano y Bonín. Frente a ellos, uno de los personajes más carismáticos de Estados Unidos, el general MacArthur, partidario de tomar Filipinas como paso previo al ataque a territorio nipón.¬