En 1806, los ingleses invadieron la ciudad de Buenos Aires en busca de nuevos mercados para sus productos. El capitán Martín Olivera viajo desde Montevideo para ayudar en la defensa de la ciudad. Allí conoció a Jimena Torres, una joven comerciante, a la que nombro sargento, deslumbrado por sus dotes de mando. En la noche previa al enfrentamiento, el miedo asalto a la sargento Torres y fue la calidez de los ojos color almendra del capitán Olivera la que le otorgo el temple para la batalla.