El temple de una voz se define en el modo en que se sostiene sobre el silencio. Si todo es un modular del aire, ¿en qué modo se distinguen hablar, recitar, cantar? Si el centro es la voz, algo indescifrable ha de ser lo que marque las distancias en que se recibe, se proyecta, nos envuelve. Por su parte, un libro se lanza como la voz espera el eco. En este curioso objeto, el autor escucha su voz en los ojos de los otros. El poeta reconoce sus lugares. Los concreta. Si sabor y saber son palabras de la misma raíz, la voz de Pablo Guerrero sabe a tierra y luz, al mar como forma lejana y de una amplitud insondable, cósmica. La dehesa, el abrazo, el árbol, son cercanas, como también lo es el espacio de una infancia entendida como un retorno, no como una nostalgia.
Dimensiones: 21 (alto) x 11 (ancho) cm / Nº de páginas: 96