Un lunes de septiembre, una maestra de un colegio público repartió folios y dijo: dibuja un caballo. Al d¡a siguiente, volvió a decir lo mismo. Y al otro. Veinticinco caballos distintos cada d¡a, porque eso es lo que ocurre cuando alguien te enseña a mirar: que el mundo no se repite nunca.En esta clase hay eclipses de abuela y hoteles para erizos. Hay una aldea de muñecos de nieve en la que un d¡a tocó la loter¡a, caracolas que traen ruido de océano y una golondrina que es, al mismo tiempo, un trozo del Guernica y una directora de orquesta.Hay, sobre todo, niñas y niños que descubren que dentro de un lápiz caben maravillas.Susana Obrero lleva a su aula a Safo y a Miguel Hernández, a Gloria Fuertes y a Alejandra Pizarnik, a Gabriela Mistral y a Antonio Gamoneda. Los trae como quien trae fruta para el recreo: con naturalidad, con alegr¡a, convencida de que un verso de Francisca Aguirre o una pregunta de Juan Ramón Jiménez pueden cambiar la manera de estar, de percibirnos e interpretar el mundo.Solo veo violines es el diario de un año en que una clase de primaria aprendió que la poes¡a no vive en los libros de