Los desafíos globales —desde las guerras hasta el clima, la salud, la seguridad o las migraciones— muestran un mundo en el que ningún Estado puede actuar en solitario. Las formas actuales de gestionar la creciente interdependencia y los procesos asociados a la globalización reducen la autonomía de los Estados soberanos y vacían de contenido a las instituciones democráticas. Durante las últimas décadas, el filósofo y sociólogo Jürgen Habermas dedicó una buena parte de sus reflexiones a explorar cómo articular respuestas más participativas e inclusivas ante retos que no conocen fronteras y reclaman mayor cooperación internacional.