Todos los personajes de las diversas narraciones tienen un denominador común: su vida ha variado, por causas externas, y eso va a obligar a los personajes a cambiar, a actuar de otra forma a como lo hacían hasta ahora. Unos lucharán por adaptarse, a través de lo que más a mano encuentren, y otros se rendirán a la fría muerte, o renunciarán a una parte sustancial de su vida o de comportamiento. No hay nada nuevo bajo el sol. Y así las narraciones abarcan desde la Edad Media hasta nuestros días, sin más punto de unión entre ellas que la lucha por la supervivencia, o la rendición. Cosa que sucede, como puede observar el atento lector, hasta en los cuentos infantiles.