Cuando la cabeza de Luis XVI rodó guillotinada en la Plaza de la Concordia de París, con el voto de su primo el duque de Orleáns, perteneciente a una rama menor de la Casa de Borbón, y luego célebre traidor regicida Felipe Igualdad, fue como si una maldición descendiera sobre ellos.
Medio siglo después de aquel día, los Orleáns terminaron teniendo un protagonismo crucial sobre otra rama Borbón: la española.
Vínculos de sangre que llegaron hasta nuestros días en la persona de la condesa de Barcelona, la madre del rey Juan Carlos, bisnieta del duque de Montpensier.